Ricardo Valenzuela
Al estar escribiendo una nota anterior con la cual trataba de darle sentido y cara a la forma en que Trump, durante los últimos diez años, había sufrido los ataques de niveles que solo se podrían evaluar acudiendo a la historia de crueldad de la sagrada Inquisición en aquella era de Torquemada, irrumpía la noticia de un nuevo atentado contra su vida. Y, sin poderlo evitar, debía hacer de nuevo la comparación de cómo, el asesinato de Kennedy, le abriría la compuerta al inicio de todas las calamidades que ahora sufrimos contra las cuales y, sobre todo, las futuras, ha estado luchando Trump ante la ceguera de tanta gente.
Y este desafortunado evento, ante lo que pretendía lograr al inicio de esa nota, me ha dado una motivación más grande para llegar a ese destino. ¿Cuál es la verdadera motivación de eliminar a otro presidente? Tal vez porque es un mandatario diferente a los que han transitado durante 70 años. Y, consecuencia de esta primera pregunta ¿Qué ha sucedido con el carácter de la sociedad civil que lo ha estado permitiendo? Porque es un hecho que aquella sociedad que impresionara a Tocqueville a inicios del siglo 19 y como el mismo la definiera, buena, libre y moral, también predijera, que, si algún día se perdiera esa moralidad, se iniciaría de inmediato la pérdida de su grandeza, de su prosperidad y de su libertad.