Ricardo Valenzuela

Pero, antes de su regreso final a Mexico, había visitado a su madre en Sahuaripa y debía retornar a Europa en medio de un panorama que no le dibujaba un futuro atractivo ni de grandes posibilidades. La Gran Depresión había explotado como un cruel azote a la humanidad. Sus hermanos, que habían sido el sustento de sus estudios en Europa, estaban en el exilio huyendo de la ferocidad de Calles que los quería muertos. Además, ellos también eran el sostén de su madre viuda con su enorme tropa familiar, al haber perdido a su esposo al inicio de la revolucion.
Al descender del buque en el puerto de Hamburgo, había ya mentalmente formado un plan de acción cuyo objetivo primordial sería jamás abandonar sus estudios. Para sostenerse debutaba como profesor de tenis, ese deporte que llegaría a dominar como el mejor de los profesionales. Lo segundo sería dar clases de español, de francés a estudiantes de otros paises, y de inglés para belgas que ya dominaba. Sin embargo, ante tal oscuridad, surgia una brillante luz, sus dos amigos venezolanos que estudiaban en la misma universidad, Julio y Francisco Baez quienes, como Otto, eran estudiantes de leyes.