EL VERDADERO JESUS Y EL MILAGRO DE EITIOPIA

Ricardo Valenzuela

 5 Jesus Lessons No One Teaches (Carl Jung Explains) - YouTube

Desde que arribara al Tec de Monterrey y, sobre todo, al conocer uno de mis profesores con etiqueta diferente, el Dr Herkomer, un economista alemán que parecía recién llegado de las filas de la SS de Hitler, pero que, en realidad, era un ser humano muy especial. Identificando mis inquietudes para encontrar una liga especial con el concepto de economía, él me había recomendado leer al genio Carl Jung, un gran psiquiatra y psicólogo suizo, discípulo de Freud, quien había desarrollado la psicología analítica identificando el concepto clave del inconsciente colectivo, la famosa Acción Humana del gran Mises. 

Y, siguiendo su consejo, surgía mi admiración por ese hombre, pero, algo que yo había ignorado, era que, en el desarrollo y aplicación de sus ideas, siempre incluía el aspecto de una espiritualidad casi desconocida. Y hace solo poco más de un año, en esa misma búsqueda, reencontré un Jung que poco antes de morir, se enteraba de la existencia de unos evangelios cristianos en ese país africano de Etiopia que, por la lejanía y su especial y difícil geografía, habían permanecido ajenos a los ataques que sufriera el cristianismo en el Concilio de Nicea, en donde naciera la iglesia dictada por Constantino para lograr su control del imperio.

Y los participantes en ese Concilio que ferozmente se oponían a las órdenes del emperador, conocidos como gnósticos, serían perseguidos, asesinados, y sus evangelios destruidos, pero, los de Etiopia permanecían en toda su pureza. Jung, después de haber sufrido un grave infarto, recibía una carta de uno de sus alumnos que se encontraba en Etiopia en misión diplomática, en la cual le informaba de los evangelios de la iglesia etíope que, ajenos al ataque de Nicea, permanecían sin modificación. Jung, ignorando a su familia, iniciaba un largo viaje a Etiopia. Lo recibía en el aeropuerto su alumno, quien había hecho cita con el monje superior del convento donde custodiaban esos evangelios. 

Al día siguiente, en un viaje que les tomaría todo el día por rutas prehistóricas, llegaban al monasterio donde los recibía el monje quien, afortunadamente, era gran admirador de Jung, lo que les abrirían las puertas del lugar donde los documentos habían morado durante 1,700 años, evadiendo ahora las redadas de la iglesia. Jung, después, en un largo video, narraba su gran experiencia en el monasterio relatando que, al momento de penetrar, lo invadía algo tan poderoso que le provocaba lágrimas fluyendo de sus ojos y una avalancha de sentimientos desconocidos. 

Lo primero que lo cimbraba con fuerza, fue el claramente ver que las ideas de la psique que él había establecido como la figura universal de sus ideas, eran prácticamente idénticas a las verdaderas enseñanzas de Jesus. Lo que lo impulsaba a expresar que Jesus enseñaba psicología espiritual totalmente clara y entendible. Lo siguiente que con la misma claridad entendía, era que Jesús no predicaba ni ordenaba establecer una religión, era un mapeo psicológico espiritual, para identificar los poderes olvidados de los seres humanos. Esos poderes a los que se refería como nuestro reino interior, no algo exterior. No éramos, como nos decían, pecadores para rescatar, sino seres celestiales que debíamos recordar. 

Algo que llamaba poderosamente mi atención, fue la declaración de Jung afirmando que Jesús, en su gran sabiduría, lo que predicaba era lo que él llamaba individualización, es decir, era un proceso individual, puesto que era responsabilidad de cada uno, actuar para alcanzar esa conciencia celestial superior, sin tener que acudir a templos, asesores, sacerdotes. Y, sobre todo, sin tener que pagar por esa “asesoría” de transformación. Jesús no había enseñado dogma, ni reglas escritas, ni amenazaba con castigos. Eran mensajes para descifrar como; “el que tenga oídos que oiga, el que tenga ojos que vea.” Siempre esa gran responsabilidad individual, no de las masas. 

Jung, aquel viejo suizo que había expuesto su diferenciación entre introversión y extroversión y las funciones psicológicas (pensamiento, sentimiento, sensación, intuición) que forman los tipos psicológicos. Se había separado de Freud por diferencias teóricas sobre la libido, explorando mitos y religiones para entender la psique humana. Cuando el monje traducía lo que Jesús aconsejaba para lograr nuestra divinidad interior, se detenía al ver a ese gran genio llorando. Y Jung recalcaba lo que Jesús enseñaba era un proceso de “autoobservación individual” purificada para penetrar nuestro interior y enfrentar nuestra sombra para iluminarla. 

Jung se daba cuenta de que todo lo que él siempre intuía, era lo que Jesús había enseñado, pero, con la potencia de su mensaje solo aconsejando, no exigiendo, “vean lo que yo hago porque ustedes lo podrán hacer al encontrar sus poderes.” Y reafirmaba que lo que Jesús enseñaba tenía un ingrediente de psicología, lo que él llamaría psicología mística. Al final de su vida se daba cuenta estaba aprendiendo el misticismo de Jesús y, así como él había dedicado su vida con su propósito de mejorar a la gente, su psicología se debía coordinar emulando los consejos de Jesús, debía ya de existir la psicología espiritual o la religión psicológica. 

Y, sobre todo, cumplir con uno de sus últimos mensajes, “Id y enseñad,” pero no como ese ejército de ruidosos promotores, sino con la verdadera conversión de millones de elegidos. Jung estuvo dos semanas en el monasterio y, al partir, el gran genio de la conducta humana, asumiendo una gran humildad, le daba las gracias al monje afirmando. “Parto verdaderamente transformado y lleno de gratitud, porque aquí en Etiopia, encontré las respuestas a mis interrogantes, aquí he conocido al Jesús, experto en la psique humana, y me ha enseñado el verdadero camino de la transformación necesaria, la del ser humano.” 

Al finalizar mi nueva cita con Carl Jung, pensaba que tal vez no sea demasiado tarde para construir la economía espiritual, política espiritual, convivencia humana espiritual. Pero, no como esos que se aprenden dos oraciones y salen en medio de su inconsciencia permanente a seguir aportando a la maldad del mundo que cada día luce peor. 

En esos momentos, me acordé del Prof. Herkomer para decirle, “gracias, me tomó mucho tiempo, pero he encontrado esa liga de la economía, la liga para no sentir culpa de haber sido banquero, ganadero, emprendedor que, como afirmaba Adam Smith, buscando una ganancia y siguiendo reglas, he aportado para el bienestar general, nunca con la hipocresía de esos que no las siguen y comulgan a diario, esa liga es un Jesús cuántico.”             

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