Ricardo Valenzuela
“La Guerra educa los sentidos, llama la voluntad a la acción, perfecciona la constitución física, lleva a los hombres a una colisión tan cercana en momentos críticos en los que el hombre mide a los hombres.”
Ralph Waldo Emerson
En medio de la Segunda Guerra Mundial, en 1942, en México sucedió algo que ha sido ignorado durante casi 90 años. Por una invitación de parte de Luis Montes de Oca, uno de los raros y verdaderos liberales mexicanos, el gran Ludwig Mises llegaba a Mexico para llevar a cabo una evaluación general del país después, no solo de la guerra, sino después del glorioso triunfo de la revolución en boca de tantos políticos demagogos que nos surtiera, entre otras cosas, la primera constitución marxista del mundo anterior a la de Rusia.
El México que encontraba Mises portaba ya un entorno político, social y económico producto del gobierno cardenista con un plan sexenal al estilo de la URSS. Un plan que al llegar a la presidencia Ávila Camacho, en funciones a la llegada de Mises, también con ideas socialistas se proponía continuar. Cárdenas con sus palabras definía su convicción y el futuro del país: “Solo el Estado tiene un interés general y, por lo mismo, solo el Estado tiene una visión de conjunto. Así, la intervención del Estado será mayor, cada vez más frecuente, y cada vez más a fondo.”
Mises al darse cuenta al gobierno mexicano no estaría abierto ni siquiera a cambiar impresiones, abandonaba el país, pero dejando algunos mensajes: “Un error común en esta era ver los problemas económicos del país como cuestión de factores materiales y cambios técnicos. Pero, la poderosa raíz es intelectual y moral; también en este campo, el espíritu es supremo.” Fueron muchos los señalamientos, pero, solo cito algunos. “La propiedad privada de los medios de producción y la libre empresa deben ser los cimientos de la civilización y la democracia política.”
Y tal vez la más importante: “La tarea del gobierno civil debe ser garantizar la seguridad requerida para la operación constante, continua y libre de la empresa privada.” Destacaba la urgencia de la creación de capital, rompiendo el mito de la riqueza basada en recursos naturales y, de forma especial, con firmeza afirmaba que las políticas públicas que no consideren el futuro en libertad no serán nunca progresistas sino parasitarias.” Pero, México, ignorando sus consejos, se ha provocado que el país haya caído a ese negro abismo del narcotráfico.
Y, para que no haya dudas, la muerte del Mencho nos está mostrando la realidad de un México que da miedo y, sobre todo, nos enfrenta a esa vergonzosa realidad de un país que finalmente ha sucumbido ante las fuerzas oscuras, no solo del narco, sino de la bestia diabólica en su ruta hacia la conquista mundial. Es bestia que, si la queremos conocer, solo dirijamos la mirada a su creación de la sumisa Unión Europea, su éxito mayor y el ejemplo para el resto del mundo. Ese nuevo socialismo que casi no se siente y que en Europa necesitó una guerra para implantarlo. Una guerra que dejó a sus sociedades sin energía para oponerse y simplemente se entregaron con docilidad. En México, la mejor forma de preparar una sociedad, ya receptiva, ha sido el narcotráfico que vemos se adueñó del país incluyendo su gobierno.
Y surge Trump que, de haber sido un peligro que en el 2020 finalmente, según ellos, había sido neutralizado después de hacer de su primer gobierno uno de vía crucis paralizante, con su increíble regreso se ha convertido en lo que tanto habían temido, un grave peligro claro y presente hecho realidad. Porque su mismo regreso representa la potencia de su nuevo poder que no han podido detener. Porque, desde el asesinato de JFK, Trump ha sido el único presidente que los está enfrentando abiertamente para detener sus avances. Ese estilo de gobernar que muy poco se ha visto, el estilo imparable de un Andrew Jackson.
Y lo muestra al haberse atrevido a denunciar, enfrentar y abandonar las organizaciones internacionales al servicio de esa bestia ya herida. Esa bestia que manipuló las dos guerras mundiales y de la segunda, después de aplicar la dialéctica hegeliana, le diera vida al nazismo y al marxismo de Rusia y su síntesis, la UE para declararla de su propiedad. Y todo el esquema sería adornado con sus nuevas creaciones emergiendo de Bretton Woods, el control total de la economía mundial, algo advertido por el mismo Eisenhower. Que en los siguientes años fuera la gran protesta de Kennedy.
Y así la bestia estaría avanzando con avales de la ONU, OEA y demás paleros globales de su propiedad, cuando un Kamikaze llamado Trump apareciera de nuevo. Rudo, agresivo, hocicón, mal educado como ese segmento bravo de la población, a quien se le puede aplicar la frase del Quijote; “Sancho, si los perros ladran, es que ya vamos llegando.” Y esos perros ladran por todas partes creando, no solo confusión, sino que el miedo a sus ladridos siguiendo la corriente, se hayan convertido en feroces ataques al único que se atreve a enfrentar a ese mal que quiere esclavizar al mundo.
Pero, yo tengo un mensaje para ellos. Trump no es fino y educado como Romney y McCain que perdieron disculpándose, ni como Obama que entregó el país a sus enemigos. Estamos en medio de una guerra y el enemigo es muy peligroso, porque no ni tiene principios ni valores, no respeta reglas, es traicionero y tan poderoso para rivalizar gobiernos. Y no debemos llegar al campo de batalla pensando será un duelo entre caballeros con guantes blancos y polainas acompañados de sus padrinos. Son criminales que se deben de enfrentar como lo que son, desalmados que atacan por la espalda. Y para poder enfrentarlos con algún tipo de esperanza de triunfar, no podemos asumir la elegancia de los dictados convencionales de guerras entre seres civilizados.
Son esos que asesinaron a los dos Kennedy (John y Robert) asesinaron a Patton quien los pensaba denunciar, asesinaron al príncipe Jorge, hermano del rey de Inglaterra, cuando se preparaba para negociar la paz con Hitler, los que han tratado de asesinar a Trump en varias ocasiones. Son los que asesinaron al príncipe Rodolfo de Austria cuando su profesor, Carl Menger, lo convirtiera al liberalismo enemigo de las monarquías. Son los dueños del Complejo Militar Industrial que lucran en las guerras, los que envían a Soros a preparar países para tomarlos.
Son contra quienes Trump se está enfrentando atacado por conservadores y libertarios que lo insultan por ¡violento! Son los que a mí me califican de fascista porque les digo, “no griten, actúen en el campo de batalla.” Siempre gritando desde la barrera.
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