Mostrando entradas con la etiqueta MISES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MISES. Mostrar todas las entradas

The Man Who Can Still Liberate Mexico

 

My Years with Ludwig von Mises, by Margit von Mises - YouTube

  • Lawrence W. Reed
Entre un tercio y la mitad de las economías del mundo son más libres que la de México. Según la edición de 2019 del Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation, la economía de México ocupa el puesto 66 entre las más libres del mundo: un desempeño anémico, pero aun así por encima de los promedios regional y mundial. En el más reciente Informe sobre la Libertad Económica en el Mundo, del Instituto Fraser de Canadá, México obtuvo una clasificación ligeramente inferior, situándose en el puesto 82. La obra cumbre de Mises Entre un tercio y la mitad de las economías del mundo son más libres que la de México. Si los líderes y la clase intelectual del país hubieran seguido los consejos de un distinguido visitante hace casi 80 años, es muy probable que hoy México se encontrara entre los cinco primeros puestos, a la par de Suiza y Singapur.  
 
Algunos políticos mexicanos incluso podrían estar reclamando la construcción de un muro fronterizo para impedir la entrada de todos esos californianos en busca de empleo. ¿Quién fue ese distinguido visitante que ofreció tan sabios consejos a los mexicanos en enero y febrero de 1942? No fue otro que Ludwig von Mises. Su obra cumbre, *La acción humana* (*Human Action*), irrumpió en el escenario mundial hace exactamente 70 años —esta misma semana de 1949—; es decir, siete años después de su primera visita a México. Sin embargo, ya en 1942, Mises contaba con más de dos prolíficas décadas de trayectoria a sus espaldas como un pensador perspicaz y de renombre internacional. 
 
A mi juicio, Mises: sigue siendo no solo el economista preeminente de la Escuela Austríaca, sino también una figura colosal dentro de la propia ciencia económica. Resulta un trágico descuido el hecho de que nunca se le concediera el Premio Nobel, un galardón que, en cambio, ha sido otorgado con frecuencia a individuos de menor perspicacia y trascendencia. Si tan solo el mundo hubiera sabido apreciar la brillantez y la exhaustividad con las que Mises desmanteló el socialismo hace casi un siglo, se habrían podido evitar millones de muertes prematuras e incalculables sufrimientos en las décadas subsiguientes. Cincuenta premios Nobel resultarían insuficientes para honrar debidamente a este hombre; pero, al fin y al cabo, el mundo en el que vivimos dista mucho de ser justo. Si todo sale según lo planeado, 
 
Mises obtendrá el documental que se merece cuando *Mises the Movie* se estrene a finales de 2020. (Usted puede apoyar el proyecto mediante una contribución económica). Mientras me preparaba para una entrevista con los realizadores de la película la semana pasada, releí el libro de 1976 *My Life with Ludwig von Mises* (Mi vida con Ludwig von Mises), escrito por la esposa del gran economista, Margit. Un breve capítulo titulado «Dos meses en México» captó mi atención de una manera que no lo hizo cuando lo leí por primera vez hace más de 40 años; probablemente esto se deba a mi interés más reciente en América Latina y a mi participación en la emocionante nueva iniciativa: FEE en Español. A medida que la embestida de Hitler engullía una nación tras otra durante el verano de 1940, Ludwig y Margit von Mises abandonaron Europa. Tenían sobradas razones para huir, dada la hostilidad de los nazis hacia la talla mundial de Ludwig como defensor de las ideas del liberalismo clásico, sus demoledoras críticas al socialismo y, por supuesto, su origen judío. La historia de Montes de Oca 
 
Durante el invierno siguiente, en Nueva York, la pareja se reunió con un caballero de la Ciudad de México a quien llegaron a profesar un inmenso afecto. Su nombre era el señor Luis Montes de Oca, un destacado funcionario bancario y exsecretario de Hacienda (entre 1927 y 1932) bajo el mandato de tres presidentes de la República. Margit escribió sobre él con admiración: Aunque era de baja estatura, era un gran hombre y se comportaba como tal. Poseía un conocimiento exhaustivo de la política, la economía y los asuntos mundiales; hablaba cuatro idiomas con fluidez, era un lector voraz y conocía todo cuanto Lu había escrito jamás. De inmediato nos invitó a Lu y a mí a viajar a México para ofrecer una serie de conferencias en la universidad, las cuales él mismo patrocinaría. En su libro de 2016, *The Origins of Neoliberalism in Mexico: The Austrian School* (Los orígenes del neoliberalismo en México: La Escuela Austríaca), María Eugenia Romero Sotelo cita a destacados mexicanos que conocieron personalmente a Montes de Oca, describiéndolo como «un enemigo de las intervenciones oficiales destinadas a influir en la economía nacional» y como «un hombre de extraordinaria cultura». Se oponía firmemente a los déficits presupuestarios del gobierno, consciente de que estos lastran al país con gastos y deudas de dudosa justificación. 
 
Defendió con valentía la libertad y el capitalismo, y Mises era su héroe por haber hecho lo mismo. Montes de Oca creía que, en sus propias palabras, «la consecuencia inevitable» de la planificación centralizada e intervencionista era «la creación de condiciones perturbadoras que no resuelven el problema que se pretendía remediar, sino que, por el contrario, plantean otros que complican y empeoran la situación». Fue una época maravillosa, en la que Lu impartió numerosas conferencias tanto en el ámbito universitario como en el público. A juzgar por la descripción de Margit, Montes de Oca fue el anfitrión perfecto. La vida en los Estados Unidos durante el primer año, aproximadamente, tras la llegada de ella y de Lu a Nueva York, resultó difícil. El ánimo de Lu estaba por los suelos; no solo había perdido gran parte de sus bienes personales, sino también su Austria. La situación económica era precaria. Además del alemán, su segundo idioma era el francés, no el inglés. Sin embargo —comenzando con una recepción en el aeropuerto de la Ciudad de México que «casi parecía digna de la realeza»—, los casi dos meses que la pareja pasó en México marcaron un punto de inflexión. Fue una época maravillosa, en la que Lu impartió numerosas conferencias tanto en el ámbito universitario como en el público.


LA PRIMERA LLAMADA PARA MEXICO EN 1942

Ricardo Valenzuela

Ludwig von Mises decía que mientras socialistas y conservadores sigan  repitiendo sus mentiras, nosotros debemos contestar con las verdades, sin  desmayo. 

“La Guerra educa los sentidos, llama la voluntad a la acción, perfecciona la constitución física, lleva a los hombres a una colisión tan cercana en momentos críticos en los que el hombre mide a los hombres.” 

                           Ralph Waldo Emerson 

En medio de la Segunda Guerra Mundial, en 1942, en México sucedió algo que ha sido ignorado durante casi 90 años. Por una invitación de parte de Luis Montes de Oca, uno de los raros y verdaderos liberales mexicanos, el gran Ludwig Mises llegaba a Mexico para llevar a cabo una evaluación general del país después, no solo de la guerra, sino después del glorioso triunfo de la revolución en boca de tantos políticos demagogos que nos surtiera, entre otras cosas, la primera constitución marxista del mundo anterior a la de Rusia. 

El México que encontraba Mises portaba ya un entorno político, social y económico producto del gobierno cardenista con un plan sexenal al estilo de la URSS. Un plan que al llegar a la presidencia Ávila Camacho, en funciones a la llegada de Mises, también con ideas socialistas se proponía continuar. Cárdenas con sus palabras definía su convicción y el futuro del país: “Solo el Estado tiene un interés general y, por lo mismo, solo el Estado tiene una visión de conjunto. Así, la intervención del Estado será mayor, cada vez más frecuente, y cada vez más a fondo.”  

APOCALIPSIS GLOBAL 2026. MEXICO, CUBA, VENEZUELA (SEGUNDA)

Ricardo Valenzuela

Ñángara Marx: Karl Marx y Wall Street: Fin del imaginario emancipatorio 

Ante este tétrico panorama mundial en vías de convertirse en algo peor, Trump debía comparecer ante un juzgado en el que se había presagiado como un gran linchamiento internacional. Pero, el verdadero auditorio de tal evento, no lo formaban esos invitados embriagados por la gran oportunidad. El auditorio del verdadero poder serían los llamados a las reuniones secretas para manejar la verdadera agenda, y llegarían de diferentes puntos cardinales de ese mundo desconocido, pero, siempre con su gran coincidencia, control total del mundo. 

Pero, para fichar bien a esos miembros especiales debemos acudir a su historia. Con la llegada de los Rothschild a Londres y, después que destruyeran la peseta española, se les abría una gran puerta para controlar el Banco de Inglaterra y sumarlo a su control de las finanzas del Vaticano. Y después que naciera su acuerdo y socios con monarquía británica, Cecil Rhodes y su grupo de elegidos, nacía una nueva fuerza que, al evolucionar, se convertiría en el Estado Profundo. Los Rothschild llegaban a esa reunión habiendo planteado huella profunda en EU, al haber financiado el final de su guerra de independencia con un préstamo a Washington armado de condiciones especiales. El billete del dólar debía contener la pirámide con el ojo de su filiación Illuminati y, sobre todo, la leyenda en latín de su Nuevo Orden Mundial, afirmando sus intenciones.

SYMPOSIUM DE LA HUMANIDAD (SEGUNDA)

Ricardo Valenzuela

 Winston Churchill and Adolf Hitler - Professor Vernon Bogdanor

Ante la amenaza de Marx, pedía la palabra Andrew Carnegie para afirmar. Es lamentable el mundo no hiciera algo para evitar que las amenazas de Marx, como es muy obvio, causaran una devastación que, en mi opinión, mantuviera a más de la mitad de los seres humanos en ese infierno por tanto tiempo. En lo personal, creo encontré el secreto del progreso humano cuando me hice miembro de un grupo de discusión en donde conocería los escritos del gran Herbert Spencer. A ese hombre que puedo definir con una de sus frases: “Los mercados libres, sin intervención del gobierno—han demostrado son el más grande y poderoso incentivo de la gente para constantemente mejorar sus vidas.” 

Continuaba Carnegie. Al haber iniciado mis lecturas de este gran filosofo, en una de ellas encontré un capitulo explosivo titulado, El Derecho de Ignorar al Estado. Aun en aquella era de grandes ataques al liberalismo clásico, Spencer tuvo el valor para hacer esta declaración. “Si cada hombre tuviera la libertad para hacer todo lo que desea, siempre y cuando no infrinja esa misma libertad de ningún otro hombre, entonces sería libre para terminar su conexión con el estado, renunciar a su protección y negarse a pagar por su manutención. Sería evidente que con esa conducta no estaría infringiendo la libertad de otros, pues su posición sería pasiva y manteniéndola nunca sería agresor.”

REFLEXIONES ANTE SEPULCROS BLANQUEADOS

Ricardo Valenzuela   Durante buena parte mi vida me he sentido diferente al haber marchado siempre en contra de la afirmación de Thoreau...