Ricardo Valenzuela
Ante este tétrico panorama mundial en vías de convertirse en algo peor, Trump debía comparecer ante un juzgado en el que se había presagiado como un gran linchamiento internacional. Pero, el verdadero auditorio de tal evento, no lo formaban esos invitados embriagados por la gran oportunidad. El auditorio del verdadero poder serían los llamados a las reuniones secretas para manejar la verdadera agenda, y llegarían de diferentes puntos cardinales de ese mundo desconocido, pero, siempre con su gran coincidencia, control total del mundo.
Pero, para fichar bien a esos miembros especiales debemos acudir a su historia. Con la llegada de los Rothschild a Londres y, después que destruyeran la peseta española, se les abría una gran puerta para controlar el Banco de Inglaterra y sumarlo a su control de las finanzas del Vaticano. Y después que naciera su acuerdo y socios con monarquía británica, Cecil Rhodes y su grupo de elegidos, nacía una nueva fuerza que, al evolucionar, se convertiría en el Estado Profundo. Los Rothschild llegaban a esa reunión habiendo planteado huella profunda en EU, al haber financiado el final de su guerra de independencia con un préstamo a Washington armado de condiciones especiales. El billete del dólar debía contener la pirámide con el ojo de su filiación Illuminati y, sobre todo, la leyenda en latín de su Nuevo Orden Mundial, afirmando sus intenciones.
