Ricardo Valenzuela
Cuando vemos el poder de esa fuerza que, en su proceso para conquistar el mundo, han logrado penetrar los antes inviolables muros del Vaticano para atreverse, no solo a la destitución de papas como lo hicieran con Benedicto, sino hasta acudir al asesinato como claramente eliminaron a Juan Pablo I, debería de habernos llevado a una profunda reflexión. Pero, después de haber sufrido las acciones de Francisco que su peregrinar al cielo fuera la oportunidad de rectificar, el nuevo pontífice simplemente pisa el acelerador de lo que, lejos de rectificar, parece la claudicación total ante los que han estado avanzando a su toma total.
Ante este proceso, ha llegado la hora de cavar profundo en la geografía de un campo de batalla totalmente diferente a los que, durante siglos, fueran escenarios de los innumerables conflictos que sufriera la iglesia. Y lo primero que debemos hacer, es identificar esa nueva fuerza que, con tácticas desconocidas, pero con una potencia superior, se ha sumado a la lucha por el poder que representa el Vaticano. Una lucha lejos del campo de batalla tradicional como ha sido Europa, en lo que pareciera EU ha estado jugando un papel central. Pero, la visita al nuevo papa del hombre clave de Obama, ha prendido las alarmas.
Pero, como dicen los vaqueros; hay que cortarle huella, es decir, ¿dónde se inicia la vereda que nos lleve a cierto destino? Y ese destino se llama Bill Clinton, el político más habilidoso que haya aparecido en el escenario de los EU, habilidad complementada con ausencia total de principios que le han permitido navegar tranquilamente entre las tempestades. Lo primero que haría para iniciar su travesía, fue asistir a la universidad católica de Georgetown, pero, no cualquier universidad católica, sino una establecida por los jesuitas. Su primer presidente seria John Carrol el primer obispo católico de EU. Curiosamente, uno de sus hermanos y uno de sus primos fueron signatarios de la declaración de Independencia y la Constitución, entre todos los demás firmantes siendo todos protestantes.
En su paso por Georgetown uno de sus profesores sería el famoso Carroll Quigley, con quien establecería una relación especial casi de padre-hijo. Quigley había sido el autor de dos libros que señalaran el camino de Bill. The Anglo-American Establishment y mas importante, Tragedy and Hope: A History of the World in Our Time. No sería extraño que Obama tomara el título del libro para su campaña presidencial. Su libro Tragedia y Esperanza era el único entre los libros de Historia que abordaba la responsabilidad de quienes controlan el sistema financiero, y los sitúa detrás de bambalinas en todos los sucesos mundiales.
Bill al parecer contagiado por algo, se empachó con las enseñanzas de su mentor quien, con una beca Rhodes, lo enviaría a Oxford donde se vería mezclado con movimientos comunistas ante los agentes rusos que lo vigilaban, pero, por cuenta de David Rockefeller, quien ya lo tenia en su radar en la etapa final de un proyecto. La sociedad Rockefeller Rothschild nacida en el siglo 19 que se consolidaría con la formación de FED, ya tenían en mente la toma total del Vaticano donde los Rothschild ya eran sus banqueros, y Bill era uno de los soldados que utilizarían. Y el plan maestro era establecer el Humanismo Secular y para ello necesitaban conquista total del Vaticano.
Por eso en 1991, cuando Bill participaba en una reunión del Bilderberg en Europa, fue urgentemente localizado por David Rockefeller y le ordenaba volar a Moscú para entrevistarse con el ministro del Exterior. El objetivo era que el expediente de su participación en grupos comunistas en Inglaterra fuera destruido, pues el sería el próximo presidente de EU. Era claro Bill no le haría caso a su mentor que le advertía del peligro de esa red de control global cuando le afirmaba: “conozco sus operaciones, los he estudiado durante 20 años y son muy peligrosos.”
Quigley le advertía sus promotores seguían la ruta del diabólico Rhodes a quien consideraba el heredero total de otro demonio, Adam Weishaupt, fundador del Illuminati de Bavaria, un viejo exsacerdote jesuita con la utópica visión de un mundo desprovisto de príncipes y naciones, en donde la raza humana se convirtiera en una sola familia. La idea que, debería ser secreta, y se conjugaba con la visión de los jesuitas y masones. El paraíso de la civilización global. Era también la visión de la orden secreta residente en Yale, Skull & Bones, que había sido importada por dos estudiantes americanos en Babaria, reforzada con la filosofía de Hegel, y llegaban a EU a principios del siglo 20.
Clinton, a través de miembros de su gobierno católicos abría avenidas en el Vaticano. Pero, sobre todo, haciendo gala de un simbolismo católico suficiente como para eclipsar al Rito Tridentino, Clinton estaba decidido a fingir ser el presidente más católico de la historia y penetraba con tacto el Vaticano. Bush II que fuera miembro de Skull & Bones, con su “despertar espiritual,” silenciosamente permitía el avance mientras en el Vaticano le explotaban bombas como los fraudes billonarios de su banco encabezado por un obispo originario de “Chicago.”
Y para acelerar el proyecto, llevarían a un musulmán a la presidencia, Barak Hussein Obama, quien ni su cristianismo fuera capaz de fingir acudiendo a un pastor marxista de “Chicago,” mientras no perdía oportunidad de afirmar EU sería un país islámico mientras EU paso a paso abandonaba el cristianismo. Y aquella afirmación de Tocqueville: “Finalmente entendí la grandeza y genialidad de America es porque America es libre, buena y moral, y si algún día deja de ser buena y moral, también perderá su grandeza y su libertad.
Y que mejor forma de destruir esa grandeza que diluyendo su población. Importaría cientos de miles musulmanes especialmente de Africa, su tierra, la casa blanca diariamente era invadida por musulmanes, el congreso igual, un musulmán es alcalde de NY donde solo su ley es la que priva.
Le abriría la puerta a cerca de 20 millones de ilegales dirigidos hacia su certificación para votar, lo que claramente es importar una revolución, y el Vaticano aplaudiendo. Y para consolidar la destrucción, ahora tenemos un papa de “Chicago,” contra quien no se puede señalar sus intenciones, porque esa masa atrapada en la moralidad del esclavo surge con la fuerza del peor tornado destruyendo todo a su paso. Gracias su santidad.
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