Ricardo Valenzuela
Cuando vemos el poder de esa fuerza que, en su proceso para conquistar el mundo, han logrado penetrar los antes inviolables muros del Vaticano para atreverse, no solo a la destitución de papas como lo hicieran con Benedicto, sino hasta acudir al asesinato como claramente eliminaron a Juan Pablo I, debería de habernos llevado a una profunda reflexión. Pero, después de haber sufrido las acciones de Francisco que su peregrinar al cielo fuera la oportunidad de rectificar, el nuevo pontífice simplemente pisa el acelerador de lo que, lejos de rectificar, parece la claudicación total ante los que han estado avanzando a su toma total.
Ante este proceso, ha llegado la hora de cavar profundo en la geografía de un campo de batalla totalmente diferente a los que, durante siglos, fueran escenarios de los innumerables conflictos que sufriera la iglesia. Y lo primero que debemos hacer, es identificar esa nueva fuerza que, con tácticas desconocidas, pero con una potencia superior, se ha sumado a la lucha por el poder que representa el Vaticano. Una lucha lejos del campo de batalla tradicional como ha sido Europa, en lo que pareciera EU ha estado jugando un papel central. Pero, la visita al nuevo papa del hombre clave de Obama, ha prendido las alarmas.