Ricardo
Valenzuela
Después de un largo intercambio con el Dr Roberts en el cual, como estaba planeado, acudimos al legado de aquel hombre visionario del desarrollo global y profesor ilustre en el London School of Economics, Peter Bauer, llegaba a mi mente una carta que yo había recibido de William Buckley aquellos dias. Era respuesta a una mía en la cual, como tantos otros, embriagado con Salinostroika, expresaba el brillante futuro de Mexico al cual invitaba a participar. Y, Buckley, a diferencia de tantos otros embriagados, el simplemente me decía; “no hay que cantar victoria, y cuando esto sea realidad, yo seré el primero en manifestarlo.”
Es decir, este hombre sabio, simplemente me decía no será tan fácil conquistar una jungla tan profunda en la cual Mexico, durante toda su historia, ha estado residiendo y que lo ha postrado en aquella eterna mediocridad de la que Milton Friedman había advertido unos años antes. Algo que, en mi borrachera, consideraba casi un insulto el dudar de ese futuro. Poco antes de fallecer, ante el naufragio del Mexican Miracle, recibía otra casi afirmando te lo dije. Y, en estas latitudes, si todavía viviera, creo que seguramente le notificaría “tenías toda la razón,” puesto que, en estos momentos, Mexico está peor que en aquellos lejanos años, pues a la tragedia tradicional, ahora le agregamos el narcotráfico que ha cubierto toda la región.
Así, despertaríamos a una realidad al ver que, el único pais de AL que había logrado resultados verdaderamente milagrosos, era aquel Chile que, ya en manos del marxismo de Salvador Allende, surgiría el Lee Kuan Yeu chileno en la figura del odiado Pinochet en donde se dieran dos factores. Primero, un gobierno militar que, asumiendo su incapacidad ante el infierno provocado, acudía a sus famosos Chicago Boys, segundo factor. Pinochet con claridad vio su misión debía ser el revivir las instituciones básicas de la sociedad chilena estableciendo una economía de mercado basada en la propiedad privada.
Con la humildad para reconocer su inexperiencia política y económica, decidía reclutar al mejor talento del pais. Un grupo de brillantes paladines de la economía de mercado. Un grupo de economistas que acudieran a la Universidad de Chicago para sus estudios doctorales en economía, que tenían el compromiso de regresar a Chile y aportar. En los años 70 los Chicago Boys estaban de regreso e iniciaran sus reformas abriendo la economía a la competencia global, las compañías estatales fueron privatizadas en una revolucion nunca vista en un mundo en el que, hasta las reformas de Margaret Thatcher, lucirían tímidas y pequeñas.
Chile, sería el pionero de esa revolucion mundial que luego se trataría en casi todo el mundo, con recetas equivocadas. Chile también sería el primer pais de AL que alcanzaba la calificación de nación desarrollada y próspera. Pero, no sería una ruta ajena a los dolores naturales de esos cambios. La popularidad del gobierno caería en picada, y los Chicago Boys serían odiados. Todo el programa de mercados libres no sería precisamente popular, pues la economía no mejoraba y la oposición crecía. El gobierno podría haber dado marcha atrás como siempre se ha hecho, pero no Pinochet que estaba convencido de la ruta.
Finalmente, Chile con éxito resolvía todos esos graves problemas. Se iniciaba un crecimiento impresionante, se resolvía el diabólico problema de la deuda mediante ingeniosas estructuras financieras, no cortesía del FMI ni del Banco Mundial, sino de la sabiduria de los Chicago Boys. La inversión extranjera surgía con una fuerza nunca atestiguada. Durante 1984 y 1995, la economía crecía casi 7% anual, la inflacion era controlada, y la economía lograba un crecimiento récord del 8.7% sostenido durante los años siguientes. El consumo y el ingreso per cápita crecían igual. En su libro el economista Andrés Benitez le afirmaba:
“Estábamos emergiendo de una esquina nebulosa el mundo, pero llegaríamos adquirir pensamiento global ya sin miedo. Estamos dejando atrás nuestra penosa historia, supuestamente de triunfos morales que solo nos habían llevado al fracaso. A este presente de un nuevo Chile compitiendo a gran escala, y con seguridad tomando la ofensiva y no es satisfecha con victorias etiquetadas de morales”. Por mi amistad con uno de los Chicago Boys, el Dr. Rolf Luders, pude conocer bien el proceso.
En 1972 el sector privado de Mexico se enfrentaba al socialismo de Echeveria. Un grupo de lideres rompían el protocolo de sumisión ante la visita al pais de Salvador Allende, y publicaban una protesta por tal visita. Afirmaban que, por respeto a Chile, acudirían a ciertos actos para el presidente, pero, retando a Echeverria, expresaban su apoyo total a los chilenos en su lucha en contra las imposiciones socialistas que amenazaban su democracia. Poco después, ante la caída de Allende, Mexico sería invadido por miles de chilenos comunistas expulsados de ese país.
Es decir, cuando los chilenos desesperados ante la destrucción del comunismo iniciaban su rescate, en Mexico un Echeverria exhibiendo una conducta de marido ofendido, arreciaba su esfuerzo destructivo con la misma receta que utilizara Allende en Chile. Aquella que, en 1970, Chile en manos de un marxista desquiciado, iniciaba la socialización de la economía desmantelando sus instituciones. Mas de 700 empresas fueron expropiadas, incluyendo todos los bancos, para invadirlas con sus gentes.
Procedía al control total del poder judicial. Y, al estilo repetido en Venezuela, llegarían casi 20,000 terroristas foráneos, tropas cubanas y soviéticas para asegurar el poder. En una de las principales avenidas de Santiago, el gobierno de Alemania Oriental construía un edificio de 10 pisos para su operación en ese pais y, sorpresa, el presidente de ese pais, Erich Honecker, a la caída del muro de Berlin, cortesía del embajador chileno en Rusia, viajaría a Chile ya de nuevo en manos socialistas en donde murió.
Chile de esos años debería haber sido un ejemplo inspirador para el mundo, sin embargo, no solo se ha ignorado, en Chile han estado tratando de destruirlo. Es cuando claramente entiendo lo que afirmaría Einstein; “hay solo dos cosas infinitas, la estupidez de los hombres y el universo, y no estoy seguro de la segunda”. Tal vez todavía haya esperanza, el nuevo presidente de Chile es hijo de uno de los Chicago Boys.
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