LOS ENCUENTROS DE FAUSTO VS MENFISTOFELES

Ricardo Valenzuela

Fausto”: la obra maestra de Goethe que tomó inspiración de una leyenda del  folclore alemán del siglo XV. - Infobae  

El haber transitado por la vida en un estadio en el que ocurrieran diferentes aportaciones en mi formación, algunos en claro enfrentamiento con otros, siempre me ha provocado la inquietud de entender las enormes diferencias en las conductas de los protagonistas que forman las sociedades y construyen paises. El capullo donde surgen resultados tan discrepantes que, en lugar de conjugarlos, surgen como la pólvora de explosiones que han mantenido a la humanidad muy lejos de las infinitas posibilidades congeladas sin darles avenida, porque no se permite.

He buscado resolver esta inquietud durante muchos años y en infinidad de fuentes, pero, nunca satisfecho con lo encontrado, en un momento de ese largo camino, surgían huellas de pensadores desconocidos para mí y, al darme cuenta de que provocaran rechazos tradicionales, decidí seguir esas huellas prohibidas que me llevarían a encontrar piezas faltantes de este ajedrez incompleto. En esos lugares, ante mi dificultosa tarea de casi al punto del abandono, encontraba una brillante luz al conocer una obra clásica de la literatura alemana; Fausto.    

Se trata de la obra más famosa de Goethe, y para muchos su obra magna no apreciada, considerada como la obra cumbre de la literatura alemana y una de las grandes piezas de la literatura universal. Fausto narra la historia de un brillante erudito en busca del conocimiento y la experiencia supremos y, en su frustración, lo lleva a establecer un pacto con el diablo, quien le ofrece sabiduria, conocimiento, placer y, sobre todo, poderes terrenales ilimitados similares a los ofrecidos a Adan por la serpiente en el paraíso, a nivel de los poderes de Dios. 

Mefistófeles aseguraba que podía desviar a ese ser humano, ya como favorito de Dios, que estaba esforzándose en aprender todo lo que puede ser conocido, para convencerlo lo podría hacer lejos de los propósitos morales. Y le recuerda esa escena que tiene lugar en el estudio de Fausto donde el protagonista, desesperado por la insuficiencia del conocimiento religioso, humano y científico, decide estar dispuesto a pagar cualquier precio por alguna magia para alcanzar ese poder y conocimiento infinito archivando moralidad y valores. 

Fausto hace un trato con él: el demonio hará realidad todo lo que Fausto quiera mientras esté en la tierra, y a cambio Fausto servirá al demonio en la otra vida. El precio del trato incluye que, si durante el tiempo que Mefistófeles lo esté sirviendo, este queda complacido con todo lo que le habria dado, al punto de querer prolongar ese momento eternamente, Fausto morirá y así pagar. Pero, al pedirle el diablo que firme el pacto con sangre, Fausto comprende que este no confía en su palabra de honor, pero, su ciega ambición lo anima. Al final, Mefistófeles gana esta disputa, y Fausto firma el contrato con una gota de su sangre. 

Habiendo abandonado su moralidad y sus valores. Por gestión de Mefistófeles, Fausto conoce a la bella Gretchen. Se siente atraído por ella y con regalos y ayuda de su vecina Martha, el diablo lleva a Gretchen a los brazos de Fausto, quien la seduce y finalmente logra poseerla. Fausto siente el diablo estaba cumpliendo y, según él, se dirigía a la conquista del mundo sin importar el precio. Pero, era solo la primera parte de un pequeño mundo, le espera un temporal. La Segunda parte tiene lugar en el ancho mundo o macrocosmos. Además, representa un cambio en la valoración del mundo para Fausto en tanto que cambia su manera de ver las cosas, pero ya siendo tarde. 

Goethe resaltaba las características puramente humanas (sentimientos, emociones, las pasiones). Si bien éstas se presentaban como una liberación para Fausto, también iban de la mano con las indicaciones de Mefistófeles, que Fausto, en su inconciencia, no se daba cuenta eran maléficas. Todo aquello que Fausto decidía sin detenerse a meditarlo fríamente, o en las ocasiones en las que respondía impulsivamente, la mano de Mefistófeles estaba detrás, garantizando que Fausto lo hiciera pensando solo en el beneficio presente y se hundía más profundo. 

Goethe muestra que lo esencialmente humano siempre va, de la mano del mal como si estuvieran incluidos en la misma categoría, como si uno alimentara al otro y viceversa. Las pasiones que mueven al ser humano se encuentran en el limbo entre lo bueno y lo malo, que son amorales pues el mal motiva la mayoría de ellas. En una era que enfrentaba la nebulosa fe contra un renacimiento científico, ante seres humanos confusos y vacilantes, se abandonaban valores fabricados y, sobre todo, sin algo que los sustituyera, emergia el nihilismo de Nietzsche para darles el tiro de gracia. 

En los siguientes siglos, la humanidad se organizaba buscando a un Mefistófeles real. Esa fuerza a quien algunos le vendieran lo que ya no tenían, valores, moral, dignidad, pero ese Mefistófeles era muy generoso. Es más, era de su propiedad y, como su activo, quienes lo formaran le entregaban las reglas que debian de regir. Y, de forma muy especial, cómo se debía combatir a posibles retadores. La iglesia era ya de su propiedad con el sello del gran Constantino. Supuestamente se habían tirado las barreras entre siervos y señores, ahora serían, nuevos señores y viejos siervos. Señores miembros, no de una pirámide social democrática y justiciera, sino de un club privado de “capitalistas falsos” ocupando el gran palco global celestial sin apelaciones, donde se reparten ese mundo nuevo bajo sus reglas. 

Los poderes que Mefistófeles le diera a Fausto, ahora ellos los ordenan a la carta de los diablitos modernos a sus órdenes, porque a ellos no les gustan los riesgos de la libertad, a ellos les gusta jugar póker con cartas marcadas, con monedas manipuladas, les gustan los mercados saturados de herramientas mágicas para que se comporten como ellos ordenan. Son los modernos Faustos, pero ya no tan pendejos como el de Goethe que le creyó a su Mefistófeles. Y con otros diablillos inmorales sembrados en Wall Street, el FED, la ONU, FMI, EU, desde su balcón gozan viendo a los mas pendejos de todos, los Maduro, los Chaves, los Pejes, que les entregan todo sintiéndose redentores. 

Y, para no ser tan descarados, a su Mefistófeles operando lo llaman Nuevo Orden Mundial.

 

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DIOSDAD OCABELLO DESAPARECIDO