AQUEL HOMBRE QUE FUE MI PADE (SEGUNDA)

Ricardo Valenzuela

El Plan de Agua Prieta, proclamado el 23 de abril de 1920, fue el  rompimiento definitivo entre los sonorenses y el presidente Venustiano  Carranza, detonando la caída del régimen carrancista y el 

Unos años después, mi padre llegaba a la frontera Douglas, Arizona/Agua Prieta, Sonora, ese sagrado recinto donde, en 1910, se había activado el documento que representaba la rebelión de los sonorenses contra el dedazo de Carranza, conocido como el Plan de Agua Prieta, un documento histórico que le diera vida su hermano Gilberto. Lo que llevaría a Obregon hacia la presidencia y al surgimiento de la hegemonía sonorense, un grupo integrado por Obregon, De la Huerta, Calles, siendo su hermano el más joven del grupo. 

Pero, en aquellos momentos estaba ante un oficial de inmigración en los tramites para penetrar a su pais. El jefe de la oficina, al parecer invadido por la curiosidad, llama al agente para preguntarle ¿Quién es ese chamaco tan elegante? Mi padre, aguzando sus oídos, pudo escuchar la respuesta del oficial que lo cimbraría hasta lo más profundo de sus raíces; “es el hermano de los traidores”, al referirse a su hermano Gilberto candidato de la fallida revolucion escobarista, y sus otros hermanos Federico y Arturo que lo habían apoyado y los tres permanecían exiliados.

 Era la primera visita a su pais después de permanecer casi diez años en Europa. Años que lo habían transformado de un muchacho de un pueblo de la sierra de Sonora, a un joven con todos los toques europeos y un capital intelectual construido en esos años entre Bruselas, Londres, Paris en los que, además, habia conocido gente del calibre impresionante de su hermano Gilberto, que le mostraban la cara fea de su pais, que lo etiquetaban de traidor solo por su pecado de disentir. Y, sin darse cuenta, en su interior se iniciaba una actitud de rechazo al pais que, injustamente, trataba de destruir a su hermano, su guía moral, creador de sus valores. Y lo invadía un horrible presagio para su país.

 Un par de años antes transitaba por las calles de Londres en el auto de la embajada mexicana, con su hermano Gilberto, embajador mexicano, y su esposa Sofia. De repente, su hermano empieza a mostrar cierto nerviosismo, algo inusual en él, la tía Sofia preocupada le preguntaba que sucedía, no sé, respondía don Gilberto sonriendo, tal vez es solo la congoja de Sahuaripa. Al llegar a la embajada le entregan un cable donde le informaban del asesinato de Obregon, algo que le impactara profundamente. La imagen paternal de mi padre surgía del triunvirato que formaran sus hermanos Federico, Arturo, dirigido por Gilberto, y los tres hacían grandes aportaciones.

 Parte de su formación, la desarrollaba el tío Gilberto que incluyera, a pesar de su juventud, mantenerlo informado de infinidad de acontecimientos en Mexico y, en especial, globales. Y el asesinato de Obregon tenía muchos matices. En Mexico ya operaba un hombre diabólico llamado Roberto Haberman, un marxista que aparecía empleado por la Secretaría de Educación. Agente activo del Soviet en Mexico. Al tomar la presidencia, Calles firmó un acuerdo con Luis Morones, ahijado de Samuel Gompers, controlando a los obreros y pretendía formar con ellos milicias marxistas. Obregon se enteraba del acuerdo y fue lo que lo decidió a reelegirse para luego ser asesinado.

 Mi padre regresaba a Europa en un mundo agitado por las potentes fuerzas de la Gran Depresión de 1929 que continuaban coqueteando ya con la guerra mundial, con sus hermanos exiliados. Sin embargo, al iniciar su carrera de leyes, conocería un estudiante con el que, por algún designio de la suerte, forjarían una gran amistad. Su nombre era Otto Von Habsburg, heredero de la corona del Imperio Austrohúngaro, algo que lo ocultaba, uno de los imperios desaparecidos como el ruso, el francés etcétera. Otto era un hombre quien, como sus tíos Rodolfo, heredero de la corona de Austria, y Maximiliano, emperador de Mexico, fuera seducido por las ideas originales del liberalismo, pero él no sufriría el triste destino de sus tíos ambos asesinados.   

  La amistad que mi padre había iniciado con Otto Von Hasburgo, el heredero real en exilio, pero un hombre de una formación superior, le permitía recibir valiosa información. La revolución inglesa de Cromwell, la francesa, la española, la rusa procedían del mismo tronco de maldad. Un movimiento político judío, a nivel global, identificando conflictos regionales para tomarlos ya bajo la Internacional Socialista y desarrollarlos. Y el gobierno de Carranza ya había sido penetrado por radicales de izquierda y un Trotsky que, operando en Mexico, nos aportaba su gran logro, la Constitución marxista de 1917 y crecía el descontento. 

Otto le informaba a mi padre el apoyo del globalismo no solo de Alemania, sino de EU, a Hitler, porque el conocía bien esos entarimados. Era la estrategia hegeliana de enfrentar el comunismo de Rusia, contra el nazismo de Alemania, y se destruyeran para recoger los despojos y formar el organismo socialista mas grande del mundo. La unión europea que originalmente había sido el sueño de Hitler. Esos mismos superbillonarios que también habían apoyado a Marx, Lenin, Stalin, fabricantes de esclavos que eran fáciles de controlar. Al escucharlo de mi padre, casi no lo podía creer y me preguntaba ¿Cómo cargó con esto toda su vida? 

Cuando, desgraciadamente, hasta después de su fallecimiento, revisando sus viejos documentos me diera cuenta quien había sido su “amigo aristócrata”, como él lo llamaba, no tuve la oportunidad de conocer más a fondo la historia de ese hombre tan especial quien, entre otras cosas, fuera un activo y entusiasta miembro de la famosa Mont Pelerin Society fundada por el legendario Hayek. Y, sobre todo, haber podido entender la gran frustración de mi padre que, al haberse enamorado de esos conceptos de libertad, tuvo que soportar toda una vida donde, sometido por lideres educados en las peluquerías que, aplicando sus ideas, mantienen este pais en su eterna mediocridad.         

Mi padre regresaba a Mexico en los años 30 a punto de iniciar la segunda guerra mundial. Un Mexico entregado al marxismo de Lázaro Cárdenas que el sí lo vio claro e impotente y, con una de las profecías cumplida que le describiera su amigo Otto al decirle; “todos los gobiernos del mundo estarán obedeciendo el mandato de Mayer Rothschild”: “denme el monopolio de la creación de dinero, y no me importará quien haga las leyes”. 

¡Qué lástima que no aprovechara esa oportunidad!

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