Ricardo Valenzuela

Ayer se me presentó una de esas situaciones tan desagradables que ya parece ser la firma del grupo de Talibertarios mexicanos, pero, en esta ocasión no fue con ese valiente que me insulta escondido y protegido por una pantalla, sino con un peligro latente superior que representa la histeria de una agresiva mujer, que, como todos ellos, se aprenden una cita de Mises, y con esa potente arma, invaden los espacios digitales con el machete en la mano buscando algún yori para atacar previa emboscada.
El cuadro en el cual esta emboscada surgiera fue el siguiente. Al ver un comentario de Alex Chuafen, a quien mucho admiro y respeto, de una nota publicada, sin ver autor ni contenido de lo que Alex abordaba—gran error, en el que cuestionaba un comentario de esta mujer miembro de los Talibertarios, que fuera un solemne acto para canonizar a Ricardo Salinas Pliego, anunciando su celestial arribo a este mundo terrenal para salvarlo. Alex, con respeto sugería no apresurarse con su coronación, pues, siendo un hombre valioso, había algunos puntos que le podían dar aroma de empresario estatista.
Y cometía mi segundo error. Al comentario de Alex le agregaba que, mi tocayo Salinas Pliego, nunca habría podido utilizar mi oración; “Yo nunca he recibido nada del Gobierno”. Y la complementaba agregando que, todo lo contrario, el gobierno nos había expropiado ranchos ganaderos con su demagogia de Reforma Agraria, y el banco que mi abuelo materno y un hermano de mi padre habían establecido en Sonora y reubicado en Guadalajara, también había sido expropiado por la cobarde actuación de Lopez Portillo. No hice referencia a ella, ni a cierta situación de Salinas Pliego.
Pero, esta mujer, invadida por una rabia histérica, que me di cuenta provocaba un segundo comentario de Alex, no tanto por el mío que fuera bastante superficial y nada ofensivo para su héroe. No sé si por temor o respeto a lo que Alex representa, se atrevió a lanzar su caballería contra mi persona porque, es claro que, a muchos miembros de su cofradía de gritones, no solo les caigo mal, sino que odian mis posiciones agresivas y ellos prefieren gritar en oficinas refrigeradas sin que se les chorree el maquillaje. Y me han honrado llamando mis ideas como faciconomics.
Entonces, esta dama, en lugar de atacar a Alex, apunta su flaca caballería contra mí. Pero sin poder acomodar el evento como aburrido cuando el contrincante llega desarmado, o, como aconsejaba Marc Twain: “Nunca enfrentes a un pendejo, pues te puede llevar a su nivel, y te derrotará con su rica experiencia”. Mucho menos con argumentos inteligentes, la dama acudiría a los insultos, pero, no cualquier insulto. Me acusaba de mentir—tal vez acostumbrada a los círculos que ella frecuenta. Pero, mentir en algo que siempre me ha causado gran sufrimiento, que me arrebataran el rancho de mi abuelo donde yo habia pasado mi niñez y adolescencia, esa mujer parecía saber cómo causarlo.
Ahora, su héroe, Salinas Pliego, no puede hacer a un lado una realidad. Primero, son los Salinas de Nuevo Leon y, parte de su tribu, la forman los Salinas de Gortari que conocemos muy bien. Segundo, no debería sorprendernos que Salinas Pliego fuera de los primeros premiados con las privatizaciones de su pariente Carlos Salinas de Gortari donde, magia, aparecía como propietario Television Azteca, en una aproximación al gobierno mexicano que se mantendría durante las siguientes 4 administraciones. Y, no lo acuso de nada, pero lo que es un hecho, su fortuna tiene etiqueta, no de un acto de ilegalidad, sino perfil de empresario estatista.
No etiqueta de una deshonestidad, no, solo de alguien que bailó al ritmo que esos gobiernos dictaban en aquella era en que Mexico, de repente, figuraba entre los paises del mundo con más billonarios. Aquella era de la reunión de esos 25 billonarios que colaborarían con Salinas aportando cada uno $25 millones de dolares, bajo la potente porra del tigre Azcarraga que ofrecía más porque, según él, con la administración de Salinas le habia ido muy bien.
Tal vez SP sea un candidato atractivo para la presidencia, sobre todo, en este mundo de criminales políticos en todos los partidos y con garras afiladas que se han adueñado del pais. Y tal vez podría ser una buena selección a la presidencia de un pais tan destruido y, lo más grave, víctima de ese flautista criminal que lo ha sometido al mundo de la inconsciencia, al diabólico esquema marxista de Antonio Gramsci secuestrando la mente y el intelecto de la sociedad. Un cerebro servil que ha regresado el hombre a la prehistoria.
Y en el valle de los ciegos donde el tuerto es rey. Salinas Pliego tiene un gran tesoro, su padre. SP no es huachicolero, tiene un perfil atractivo para enfrentar la agonía del pais que le han causado estos bandoleros, los narcopolíticos que han estado destruyendo lo poco bueno que nos quedaba y no defendíamos. Porque nos han destruido la voluntad de poder, nuestra celestial medida de lo que es bueno o malo, lo moral y lo inmoral. Nos han encerrado en esa cueva de Platon cegando a sus residentes y ya no queremos ver la luz porque nos ciega. Tal ves SP tenga la capacidad para rescatar lo que sea rescatable.
Pero SP o cualquier otro aspirante bienintencionado, lo que requiere lo resumo con la frasee de Jefferson: “El precio de la libertad es la eterna vigilancia” o “el árbol de la libertad de vez en cuando, debe ser regado con la sangre de sus héroes o de los tiranos”. No darle rienda suelta a nadie, es cuestionar, dudar, comprobar, repetir. Pues el enemigo no se rinde solo con advertencias ni vagas amenazas, se rinde cuando ve decisión para actuar. Ese enemigo no cree en nuestros mitos.
Pero esta mujer, al cuestionarle su héroe, está asumiendo la misma entrega de las tribus salvajes de Morena tanto que, su respuesta a lo que yo señalé, no agredí, es similar al nivel de los zombis de Morena que recorren el internet buscando sus víctimas en la lejanía. Y creo que, en este esquema tan especial, SP podría ser el adecuado, pero no se le debe dar el pase automático. Y, conociéndolo, pues lo conozco, creo él estaría de acuerdo. Y me persigno al entrar al internet, con pavor de encontrarme de nuevo bajo la metralla de Lola Pistolas.
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