Ricardo Valenzuela
Recién llegado al Tecnológico de Monterrey a mis 16 años, poco antes de su asesinato John Kennedy, en una entrevista expresaba que llegar a la presidencia era la consumación de un largo sueño que había siempre tenido, sueño de reciprocidad para servir a ese país que tanto le había dado a su familia. Y afirmaba era algo que compartía con su hermano Joseph, el primogénito, porque era un sueño que ambos portaban. Joseph moría durante la guerra mundial en la cual John fuera premiado por su heroísmo.
Era la primera vez que escuchaba alguien expresando sentimientos tan positivos por un gobierno y, acostumbrado a las críticas del gobierno mexicano de mi padre y de mi abuelo terrateniente, sin más elementos iniciaba una gran admiración por el de EU. Y esa gran admiración crecería cuando, como residente de un estado fronterizo, siempre me impresionaba ver la diferencia entre los dos países. Y para mí era claro que ese milagro de EU y lo mismo que el vergonzoso atraso de Mexico, era consecuencia de sus gobiernos tan diferentes.

