Ricardo Valenzuela
Después de llegar a esa fuente de donde fluye un manantial de incongruencias, de la consolidación de una nueva religión de lo ilógico, de lo irrazonable, de la destrucción, de la cual han bebido durante mucho tiempo los apóstoles morenistas con su especial clasificación de lo bueno, lo malo, pero, aun cargando con ese viento negro, por increíble que parezca, han sido exitosos al haber conseguido, como en la era de James Bond, licencia para destruir, pero, en este caso, destruir México.
Entonces, hay que cavar más profundo y tener el panorama completo hasta llegar a saber, cómo, dónde se formaron estos elementos que, es muy claro, una creciente civilización en sus extravíos trae consigo: el aumento de los elementos psicópatas, inmorales, resentidos, criminales con cargas emocionales destructivas. Además, con su nueva calificación de lo bueno y malo, el centro de gravedad finalmente caería, ya no en los mediocres, sino en los criminales y, con ello, se da un paso más hacia la consolidación de esa mediocridad criminal como garantía depositaria del porvenir.