Ricardo Valenzuela
Hoy es el trigésimo séptimo día de la Operación Epic Fury— es ya la jornada definitiva y decisiva del conflicto que iniciara con los primeros bombardeos sobre Teherán. A las ocho de la noche, hora del Este de los Estados Unidos, expira el ultimátum final fijado por el presidente Trump a la oligarquía yihadista de Teherán para reabrir el Estrecho de Ormuz bajo una seria amenaza de sufrir consecuencias de una destrucción que no tienen idea. El mundo—con sus mercados, sus cancillerías, con sus ciudadanos—aguarda nervioso con la respiración contenida. La diplomacia ha jugado su última carta en la zaga de este canal paquistaní mientras en Beirut estallan cohetes y en Haifa suenan las sirenas.
Porque ya no hay término medio: como dicen los vaqueros “te cabresteas o te ahorcas”. Y si no hay cabresteo el conflicto puede entrar en una fase de una destrucción sistemática, que lo podría elevar a una dimensión humanitaria sin precedentes. Y, ante tal panorama, Europa, con sus conocidas conductas de su cobarde pasividad, observa, el Reino Unido, al estilo política mexicana, convoca una cumbre de 40 naciones para estudiar la situación y luego “emitir una declaración” que, como siempre lo hace, será cantinflesca y definitivamente inservible. Algo para que no les reclamen no estuvo haciendo algo.