Ricardo Valenzuela

El haber acudido al paquete de información con los descubrimientos de Jacobo Grinberg hace unas semanas, al afirmar que me habían cimbrado, fue una pequeña explosión que ahora se ha convertido en otra de categoría atómica que, con el pasar de los dias dedicados a su lectura, me provoca una mezcla de sentimientos que, como una potente avalancha, ahora hasta mis sueños ha penetrado. En estos días me di cuenta de que ambos, en cierto momento, habíamos decidido investigar el infinito potencial del cerebro humano, pero, con la gran diferencia que él era un científico genio y yo un simple aficionado.
Y al avanzar en mi revisión con una claridad casi celestial, veo lo que Jacobo había logrado y entiendo su misteriosa desaparición. Porque, él no solo había señalado ese poder infinito que Jesús nos insistía, moraba en nuestro interior, veo que Jacobo había continuado lo que Jesús, por su prematura desaparición, dejaría incompleto y este hombre lo llevaría a niveles verdaderamente increíbles. Pues Jacobo, 2,000 años después, armado con los adelantos de la ciencia que él dominaba, mezclaba sus tareas con los poderes de chamanes que la gente superficial siempre los ha considerado solo brujerías.
Así, aquel poder que yo había intuido, me doy cuenta, es de una dimensión que reta esta realidad totalmente desconocida y, sobre todo, muy superior a lo que mi mente hubiera considerado.
Pero, el que Jacobo hubiera sido capaz de penetrar esos espacios donde muy contados genios lo hubieran logrado, automáticamente lo enfrentaría con esos arcontes—la forma en que Jesús definiera esos poderosos demonios que siempre nos han sometido—que durante toda la historia han combatido ferozmente el que jamás los encontráramos manteniendo a la humanidad hundida en la mediocridad y la esclavizada por el miedo, culpa, inseguridad que nos arrojara a nuestra dependencia.
La iglesia lo había logrado exitosamente en ese milenio de la oscuridad, donde reinaría los hechizos, la superstición, amenazas, mitos. Una iglesia que se identificaba con la quema en la hoguera de sus disidentes. Sin embargo, al inicio del Renacimiento la humanidad ya había sufrido esa programación a la que ahora se sumaría la del islam, con una agresividad todavía más peligrosa cubriendo el medio oriente que ya había invadido Europa. Y en esa capirotada de controles, ahora surgían una serie de organizaciones secretas para participar en ese disputado campo inflamado por esa diabólica ambición de controlar el mundo, una ambición anunciando un futuro de tiempos peores.
Así, en 1961 JFK afirmaría: “Debemos combatir esa conspiración mundial monolítica y cruel, que opera en la oscuridad para expandir su influencia, con infiltraciones en lugar de invasiones, con subversión, en lugar de elecciones, con intimidación en lugar de libertad, con guerrillas de noche en lugar de ejércitos de día. Un sistema que tiene vastos recursos materiales y humanos para construir su red, una eficiente maquinaria que combina operaciones de diplomacia, militares, inteligencia, de economía, de política. Sus preparaciones son secretas, no se publican. Sus errores son enterrados. Sus avances son silenciosos, nunca calificados. Ningún gasto es cuestionado, ningún rumor es publicado, ningún secreto es revelado.”
Pero, la reacción de Kennedy no era contra algo nuevo, era contra lo que se había desarrollado desde el asentamiento de las colonias americanas de Inglaterra y, aunque le cerraban las puertas al monopolio de la iglesia católica, eran atacadas por algo peor. En mayo de 1776 en Bavaría nacía el Orden Illuminati integrado por la aristocracia de Bavaria, e iniciado por un judío, sacerdote jesuita, y profesor de leyes en la universidad de Bavaria, Adam Weishaupt, quien, además, era masón grado 33, alguien que había decidido establecer prácticas satánicas en su naciente organización para conquistar el mundo.
Un hombre de una diabólica habilidad que lograría establecer amistad con Jefferson al haberlo engañado. Jefferson no se daba cuenta de las intenciones del Illuminati sentando las bases de lo que sería el Estado Profundo. Un movimiento con el apoyo de los Rothschild, quienes habían formado una sociedad con la monarquía inglesa y sus oligarcas. Pretendían la destrucción del gobierno y la libertad de EU regresándolo a su era colonial. Y, algo peor, los Rothschild habían salvado a Washington de perder la guerra con un préstamo que fuera más allá de la obligación de pagarlo. Con ese préstamo entregaban el control del naciente sistema financiero del país, y el dólar debería llevar su sello.
Era el tenue nacimiento del EP combinando el control financiero y el sistema educativo que, en su momento, sería el inicio de la nueva herramienta de programación, el sistema educativo. Pero, conscientes de la sociedad libertaria formada en las colonias, el proceso debería ser lento y seguro. No se podía ejecutar algo similar a lo que lograran con la revolución francesa, su gran éxito al derrocar la monarquía en su ruta hacia la jaula del Illuminati.
Y surgiría algo interesante, Hitler había vivido en Bavaria a donde se había mudado en 1910, lo que explica sus creencias ocultistas. El creía profundamente en los principios Illuminati que inspirarían su Nuevo Orden con lo que pensaba conquistar el mundo. Tampoco debería sorprender que los Rothschild, en sociedad con oligarcas alemanes y americanos, financiaran el ascenso de Hitler al poder. Tampoco debería sorprender el que la famosa orden de Skull & Bones, fuera fundada en Bavaria para establecerse en la Universidad de Yale, el laboratorio de programación en EU con su filosofía hegeliana y el objetivo de “apendejar a la juventud” a través de su educación. También sería factoría de presidentes.
Así surgía el sistema hegeliano de educación y lo definían. El individuo no debería ser importante. El desarrollo de talento individual, de sus habilidades, poderes intelectuales, el conocimiento, no sería el objetivo de la educación. El objetivo sería desarrollar su carácter y su moralidad social. Un esquema para vigilar las actividades del hombre en sociedad. Instruirlo para que cumpla esos objetivos y darle las “ideas sociales deseables.” Moralidad definida como lo que es bueno para la sociedad, pero dictado por ellos. Un sistema de acondicionamiento no de educación que sigue vigente sangrando al país. Seguiría la programación Nazi.
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