Ricardo Valenzuela
Con el asiento caliente cortesía de la comparecencia de Milei, era ahora el turno de quien fuera tan esperado, Donald Trump. Pero, para sentar la plataforma del estadio en el cual Trump debería presentarse, quiero citar parte de lo que un participante describía haber encontrado en lo que, para él, era algo similar a un circo romano, pero, sin gladiadores, solo diabólicos payasos.
“No se trataba solo del cobarde primer ministro de Canadá escondido en su búnker, sino de un ataque global bien planeado. El pozo negro de Davos: un desfile de élites globales arrogantes, burócratas corruptos, billonarios manipuladores de los mercados, y tiranos oscuros no electos, todos echando espuma por la boca desesperada por crucificar a Trump. Cuando esa horda de etiquetados señores supremos se pone de acuerdo en algo, las alarmas deberían ensordecerlos, porque nunca se trata de la verdad ni de algo bueno; se trata de aplastar la disidencia que estorbe.”
Iniciaba Trump definiendo el campo de batalla de un combate que estaba a punto de comenzar. Primero notificaba su gran admiración por Europa, señalando orgullosamente que por sus venas corre sangre alemana y escocesa. Pero, también, de alguna forma sutil, coqueteaba con el resto del mundo y le colgaba algunas flores. Es decir, señalaba sus potenciales, no sus situaciones presentes, especialmente cuando pasaba a bajar de calificación de su admiración por la Europa actual, estancada y mediocre.
En la segunda parte de su mensaje sorprendía listando la fortaleza de EU en aspectos económicos, desenfundando un crecimiento del último trimestre superior el 5%, la forma en que se había domado la inflación, el crecimiento de sus mercados financieros, su proceso asegurando sus fuentes de energía. Y, de forma especial, los casi 200 millones de americanos trabajando, señalando era la fuerza más importante del país mostrando la potencia de su mercado de trabajo. Y tratando no fuera un informe demasiado largo, resumía señalando todos los puntos de la economía que estaban reaccionando a su América Primero.
En la tercera parte, con su conocida asertividad, señalaba el grado de potencia que toda el área militar de EU había logrado, para reafirmar su etiqueta como una fuerza superior y, sin duda, la más poderosa del mundo. Pero, una fuerza diferente a la tradicional puesto que, la nueva tecnología de sus diferentes áreas, habían ubicado a EU a niveles militares secretos que, las guerras futuras, claramente ya no serían tradicionales, pues sus estrategias marcarían una nueva era. Y, para dar una pista, se refería a la extracción del tirano de Venezuela.
Pero, al estilo de Trump, no sería posible cerrar en medio de un bello jardín de radiantes flores, simplemente, porque ese nunca sería Trump. Y ante pequeños comités no planeados. Pasaba a denunciar cómo Europa estaba cayendo en el profundo pozo del estancamiento víctima de su burocracia atrincherada en Bruselas. Por otra parte, América Latina ya no podría camuflar su eterna ruta a la mediocridad que tan claramente se develaba en Venezuela. Porque, después de casi 70 años siguiendo el cencerro de Fidel Castro, con sus escandalosos logros como los Foros de Lula, Chaves, López Obrador, habían agotado sus maquinarias y están ya condenados.
El mismo denunciante anterior, afirmaba ver a Trump como alguien que se había graduado en la universidad del Nihilismo que hubieran fundado los filósofos Nietzsche, Schopenhauer y Hildebran. La filosofía pesimista centrada en el sufrimiento, la soledad y la ilusión de la felicidad, haciendo hincapié en que la vida conduce a la insatisfacción y había que aceparla. Es decir, veía un mundo ya contagiado aceptando la vida, no tenía sentido y nada se podía hacer, pues este mundo era una gran prisión. Y la razón era que le había formado la mentalidad de rebaño cubierto con el manto de mediocridad, y odian a los rebeldes.
Y, si alguien rechazara esa visión, solo debía que asomarse a tantos países, tantas organizaciones internacionales que, con su burocrática inacción, muestran la aceptación de la mediocridad de parte de esa humanidad formando el rebaño. Y solamente conociendo ese rebaño se podrían entender lo que afirmaba Henry David Thoreau: “la mayoría de la gente van por la vida sufriendo una silenciosa desesperación.” Por eso se ha permitido infiernos como Venezuela, Cuba, Irán y tantos otros, porque les han calcificado la razón. Y en ese horrible panorama, surge la versión moderna de la ley del más fuerte, pero, en un esquema que intencionalmente ha construido al débil y al fuerte.
Y en esa diabólica organización del WEF, claramente se pueden ver los fuertes en las reuniones secretas y los débiles, todos miembros del rebaño, sin darse cuenta los están utilizando. De los tres filósofos que denunciaran ese Nihilismo, solo Nietzsche, en medio de la locura de su genialidad, con su libro, Zaratustra, no solo identificaba el infierno, afirmaba que la única solución debería ser la emergencia de su Ubermensch. Ese superhombre que no había sido neutralizado. El hombre superior ideal del futuro, capaz de trascender la moral cristiana convencional para crear e imponer sus propios valores.
Ese hombre con un gran ideal en su corazón capaz de afirmar plenamente la vida: alguien que dice "sí" a todo lo que se le presenta; un ser con la capacidad para determinar su propio valor; de moldear sus características y circunstancias en un hermoso todo, alguien que él mismo se empodera siempre extático; que es capaz de desarrollar todo su potencial para convertirse en quien realmente es. El Dios interior de Jesús de Nazaret. Un hombre que con sus agresivas acciones y sus propósitos provoca el que unos lo etiqueten de locura, pero que otros entren en pánico.
Ese hombre que, al identificarse ante el mundo, se le presentan dos alternativas. Unirse a la nueva banda de opresores, o continuar su ruta marcada por sus sueños y sus ideales. En el primer grupo residen los Bill Gates, los Soros, los Clinton, Bush. En el segundo los sacrificados como Jordano Bruno, los hermanos Kennedy, el Gral. Patton, Lincoln, Martin Luther King, Indira Gandhi.
Porque en este mundo de facciones fabricadas y falsas, cuando aparecen esos seres especiales, se escribe una tragedia.
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