Ricardo Valenzuela
Con el asiento caliente cortesía de la comparecencia de Milei, era ahora el turno de quien fuera tan esperado, Donald Trump. Pero, para sentar la plataforma del estadio en el cual Trump debería presentarse, quiero citar parte de lo que un participante describía haber encontrado en lo que, para él, era algo similar a un circo romano, pero, sin gladiadores, solo diabólicos payasos.
“No se trataba solo del cobarde primer ministro de Canadá escondido en su búnker, sino de un ataque global bien planeado. El pozo negro de Davos: un desfile de élites globales arrogantes, burócratas corruptos, billonarios manipuladores de los mercados, y tiranos oscuros no electos, todos echando espuma por la boca desesperada por crucificar a Trump. Cuando esa horda de etiquetados señores supremos se pone de acuerdo en algo, las alarmas deberían ensordecerlos, porque nunca se trata de la verdad ni de algo bueno; se trata de aplastar la disidencia que estorbe.”