¿EL FILOSOFO ENEMIGO DE LOS PENDEJOS?

Ricardo Valenzuela

Arthur Schopenhauer's Philosophy: Art as an Antidote to Suffering |  TheCollector 

Hace muchos años, casi por accidente tuve mi primer contacto con la historia de Arthur Schopenhauer, cuando, espulgando la biblioteca de mi padre, me encontraría cara a cara con ese filósofo que, al leer la primera página del libro que lo describiera, casi con pánico lo regresaría a su lugar sin entender que me había provocado esa extraña reacción. Pero, había algo que siempre me inquietaba y, años después, tendría otro encuentro más formal para identificar esa inquietud que no entendía. 

Así conocería a uno de los seres humanos que más explosiones filosóficas, sociales, políticas había sido capaz de causar con sus obras y conductas en esa la que le tocara vivir. Un filósofo que se llegara a etiquetar desde un genio incomprendido, el pensador de asertividad molesta, hasta el gran promotor del pesimismo y negación de la felicidad, pero, sobre todo, el filósofo que no solo le diera justificación positiva a la soledad, sino que lo acompañara con argumentos, para algunos irrebatibles, para otras locuras insostenibles, porque era lo que él hubiera practicado toda su vida y mostraba sus resultados y recetas.

 Ese extraño pensador que se convertía en la confirmación de que, de acuerdo con el grado de inteligencia que el ser humano alcanzara, lo llevaría hacia un nivel similar de sufrimiento por una solo razón, el haber alcanzado un grado de conciencia que, en diferentes estados, nos lleva a resultados contrarios a lo que buscamos, porque, según él, nos enfrenta a una realidad desconocida que no buscamos por cobardía. Esa ignorancia que provoca la formación de los zombis descritos por GB Shaw: “la mayoría de los seres humanos caminan por la vida presos de una silenciosa desesperación.”

Schopenhauer abandonaba la casa de sus padres para asistir a la universidad cargando con un explosivo equipaje, y allí se iniciaría el proceso que le diera vida a su pesimismo filosófico, y pasar luego a situar la "voluntad" como la esencia ciega e irracional del mundo, ese deseo constante que siempre había sido la fuente del sufrimiento humano. Era, sin duda, un hombre brillante, y con su tesis de graduación lo demostraba en la cual reunió teoría del conocimiento, metafísica, ética y estética, a partir de un mismo eje, caracterizando al mundo de los fenómenos como la manifestación de una voluntad ciega e irracional, la cual sería la esencia del mundo o noúmeno. 

Su gran creación, El Mundo como Voluntad y Representación, fue una obra maestra de la literatura alemana de todas las épocas. En ella vemos tintes de Platón y Spinoza, un puente hacia la filosofía oriental como budismo. Una manifestación ejemplar de su pesimismo filosófico donde este es el peor de los mundos posibles. Ya Schopenhauer se había convertido en un hombre antipático, rudo, antisocial, con su declaración de que la vida era sufrimiento y el universo la maquinaria de ese sufrimiento, porque los seres humanos somos irracionales, con voluntad de animales salvajes obedeciendo instintos. 

Al avanzar en mi proceso de conocerlo, impresionado, pero no espantado, me seguía atrayendo su cruel asertividad y, en especial, su desprecio hacia Hegel con su diabólica dialéctica. Me atraía ese atrevimiento de sus afirmaciones de un mundo que siempre ha premiado la mediocridad, la irrelevancia, no la profundidad y, ante cualquier duda, surgía su hermoso concepto de la soledad para rescatarme y que él practicaba como religión. Otras veces, me rescataba al afirmar que el mundo estaba formado de pendejos, y su defensa era la soledad porque, según él, solo en la soledad se puede ser libre de esa plaga mundial.  

En sus últimos años produciría un verdadero tratado de la inteligencia tan ausente del mundo. Afirmaba que la soledad encuentra la inteligencia que nos hace identificar a tantos pendejos y sus rituales. Los inteligentes no pueden integrarse a la manada que solo reaccionan a lo que le llega a la mente y actúan. Para los inteligentes es imposible ignorar lo que otros nunca ven. Porque la gente, afirmaba, no busca honestidad que duele, quiere intercambio con pendejos. El inteligente no necesita socializar, necesita soledad, silencio para pensar. Odian las reuniones sociales, pues, para ellos no tienen propósito ni significado. 

Ante críticas por su soledad, respondía con su historia de los erizos espinosos que, al forzarlos, se juntan, pero de inmediato se clavan los picos unos con otros y se termina su reunión. Pero, también identificaba problemas de los inteligentes que, al llevarlos al nivel social, con más intensidad desprecian a los pendejos al verlos en acción y reafirman su soledad. Se dan cuenta de que han perdido facultades sociales y los etiquetan de orates. El inteligente en su perpetua soledad eleva su conciencia a niveles celestiales, es un hombre con dos ojos en el valle de tuertos y ciegos y se frustra. Porque conciencia elevada incluye el sufrimiento, así los pendejos sufren menos. 

El inteligente se conoce y cree en lo que sabe, el pendejo cree ser inteligente y continua en su ignorancia. El inteligente tiene esa verdadera sensibilidad de la miseria humana y ese realismo lo convierte en filosofía compasiva responsable. Los pendejos son los que gritan ser inteligentes, sumidos en su ignorancia pasiva. El inteligente desprecia al pendejo, pero ama a la humanidad y actúa hasta los niveles de heroísmo como el de Giordano Bruno, el de Kennedy, Martin Luther King, Jesús de Nazaret. 

Era el equipaje que Schopenhauer portaba y provocaba la admiración de Tolstói, quien confesaba, lo inspiraba, también, Richard Wagner. Porque él le había dado valor y motor a su pesimismo y escribía, no salía a la calle a gritarlo, ni buscaba salir en los diarios, ni premios. Schopenhauer había seguido la filosofía de Marco Aurelio, felicidad no era satisfacer todos tus deseos, sino desear menos. Un hombre que viviría fiel a su declaración: “Los grandes hombres son como águilas reales, siempre construyen sus nidos en las grandes alturas de la soledad.” O la de Einstein: “Los grandes espíritus siempre encuentran violenta oposición de mentes mediocres.”    

Aun cuando en vida no se le reconocería el mérito por sus obras, tendría un gran homenaje póstumo para ubicarlo entre los grandes filósofos de la historia. Sus obras fueron reconocidas como influencia de hombres como Nietzsche, Einstein, Freud, Jung, León Tolstói, Jose Luis Borges, Kafka, Beckett, Unamuno. Pero, su legado más grande fue la forma tan clara y agresiva para que, los que despertaran, pudieran ver a los pendejos en toda su magnitud.      

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