Ricardo Valenzuela
En el apocalipsis a la puerta con una humanidad que, como lo definiera Nietzsche, caería al profundo pozo de ese Nihilismo con la pérdida total de los valores que la habían regido, lo que identificaba como un despilfarro total de fuerzas que nada redituaban y el peligro más grande para la humanidad. A la campanada de Nietzsche le sumo otro filósofo tan agresivo y odiado como el primero, Schopenhauer, a quien se llegaría a conocer como el abanderado de la filosofía del dolor. Un hombre que había descendido a las profundidades del sufrimiento y lo mapeaba.
Pero, esos títulos que le asignaban eran injustos, pues al haber disectado ese dolor en algo desconocido por mucha gente, él llegaría a construir remedios efectivos. Habiendo nacido en la riqueza, no lo privaba de darse cuenta de las vidas de tanta gente que sufría. Y desde su niñez asumía algo anormal para su edad, una soledad en donde se enfrentaba con esa realidad, que luego se transformaba en sus profundos análisis detectando que los seres humanos cargaban el dolor de no tener lo que querían. Pero, al conseguirlo, se evaporaba muy rápido y así surgía el siguiente deseo en un fenómeno repetitivo.
