NIETZSCHE Y SCHOPENHAUER CONTRA OPRESION

Ricardo Valenzuela

Nietzsche vs. Schopenhauer's Views on Life, Suffering, and the Will |  TheCollector 

En el apocalipsis a la puerta con una humanidad que, como lo definiera Nietzsche, caería al profundo pozo de ese Nihilismo con la pérdida total de los valores que la habían regido, lo que identificaba como un despilfarro total de fuerzas que nada redituaban y el peligro más grande para la humanidad. A la campanada de Nietzsche le sumo otro filósofo tan agresivo y odiado como el primero, Schopenhauer, a quien se llegaría a conocer como el abanderado de la filosofía del dolor. Un hombre que había descendido a las profundidades del sufrimiento y lo mapeaba. 

Pero, esos títulos que le asignaban eran injustos, pues al haber disectado ese dolor en algo desconocido por mucha gente, él llegaría a construir remedios efectivos. Habiendo nacido en la riqueza, no lo privaba de darse cuenta de las vidas de tanta gente que sufría. Y desde su niñez asumía algo anormal para su edad, una soledad en donde se enfrentaba con esa realidad, que luego se transformaba en sus profundos análisis detectando que los seres humanos cargaban el dolor de no tener lo que querían. Pero, al conseguirlo, se evaporaba muy rápido y así surgía el siguiente deseo en un fenómeno repetitivo.

 Ya arribando a su maduréz, se daba cuenta que a todos nos controlaba lo que llamaría la voluntad cósmica. Esa fuerza que nos provocaba querer y desear sin satisfacernos. Una ilusión nunca satisfecha siempre motivada por una ruta que nunca llegaba a su destino. Y el sufrimiento era real, pero sin ofrecer la receta para convivir con ese dolor y se preguntaba ¿Por qué deseamos y, sobre todo, por qué la satisfacción no dura? Pues al desear sin recibir sufrimos una pena interminable y, tal vez, como afirmaba Marco Aurelio, el secreto sería el desear menos para poder liberarnos. 

Y Schopenhauer, ese filosofo valiente que llegaría a ser calificado como el mas atrevido y asertivo de la historia. A su inicio buscaría respuestas en la medicina. Porque él quería ser el médico de almas, el cirujano audáz que se atrevía a usar sus instrumentos y cortar profundo. Pero se daría cuenta que las respuestas a sus inquietudes no estaban en la medicina, pues pretendía mapear el dolor y solo lo podría hacer a través de la filosofía. Se daba cuenta que el mundo estaba regido por una voluntad ciega, en un teatro donde nosotros éramos los actores y debía estudiar el demonio de esa voluntad. Y su filosofía debería ser valiente para enfrentar esa desconocida realidad. 

Con su terquedad se retiraba a la soledad y a la quietud de la noche donde estaba seguro encontraría las respuestas. Lo primero que identificaba fue que la gente era y siempre había sido totalmente infeliz y, sobre todo, lo ignoraban considerando esa era la única verdad y deberían aceptar ese sufrimiento pues, como lo decían en la iglesia, el dolor tenía un gran propósito. Y surgiría la gran pregunta ¿Cómo un hijo de millonario lo podría lograr? Sobre todo, cuando su padre insistía se debía dedicar a los negocios y obedecer ese compromiso. 

Su padre fallecía y sería la gran liberación de lo que lo había mantenido aprisionado, pues, además, era hijo único, pero él siempre había querido una vida intelectual. Asistiría primero a la universidad para estudiar medicina, pero, se daba cuenta el cuerpo era el receptor del sufrimiento y él quería conocer las causas, ahora debía buscarlas. Y en su nuevo panorama, de inmediato le surgía un odio al idealismo alemán con su falso optimismo asegurando que todo tenía sentido y propósito, que fuera la bandera de Hegel a quien consideraba un charlatán. Era solo dar seguimiento a las cadenas de la iglesia. 

Fue cuando conocería la filosofía oriental en donde descubría que exponía las mismas ideas que él portaba en su mente. Lo seducía la forma en que esa filosofía trataba el reconocimiento de la ilusión, y el potencial humano desperdiciado. Sentía haber arribado a su nuevo nacimiento donde las ideas eran las mismas. Abrazaba entonces esa filosofía para fusionarla con la suya y producir lo que consideraba oro espiritual e intelectual, donde también allí se conocía esa voluntad que él había descubierto. 

Fue cuando iniciaba la magia desconocida por el mundo con la publicación de su magna obra titulada, El Mundo como Voluntad y Representación, argumentando el mundo tenía estos aspectos: 

El mundo como representación: Ese mundo tal como lo vemos y experimentamos, modelado por nuestra conciencia, el tiempo, el espacio y la causalidad. Era un mundo de apariencias e ilusiones, pero no nos damos cuenta. El mundo como voluntad: Era una realidad fundamental que subyace al mundo de las apariencias. Era una fuerza especial, unificada e insaciable y se manifestaba como ese impulso de vivir, de sobrevivir y procrear en todas las cosas, desde los seres humanos hasta las plantas. 

El sufrimiento: Dado que la voluntad es un esfuerzo constante e ilimitado y nunca satisfecho, la vida entonces se caracterizaba intrínsecamente por el dolor y el sufrimiento. La satisfacción es temporal y conducente solo a nuevos deseos insatisfechos en un claro círculo vicioso. La salvación: Schopenhauer afirmaría que podríamos lograr una liberación temporal del tormento de esa voluntad, a través de la contemplación estética, el arte en sus categorías, y una liberación que pudiera ser más permanente mediante ascetismo, el cual implicaba la negación de los deseos de esa voluntad. El tener menos necesidades como Diógenes. 

Pero Schopenhauer había encontrado el secreto para tomar control un el desarrollo de esa conciencia superior, a la que se referiría Jesús. Porque esa voluntad operando, era la que movía todo, sentimientos, respiración, comer, pero todo es temporal. Pues nos programaron para ser dominados por los instintos. No solo sufríamos, sabíamos que sufríamos en presente, pasado y futuro. Pero no dejamos los instintos. No somos libres, somos esclavos programados para aceptarla en un mundo que muy pronto nos pasará la factura. 

Schopenhauer había encontrado el velo de la ilusión para hacerlo realidad, similar a la cueva de Platón en donde los esclavos vivían pensando era la única realidad. Ese velo que hemos ignorado y él identificaba el poder para construir el superhombre de Nitzsche, esa verdadera realidad no tantas erróneas interpretaciones. Realidad que el mismo Nietzsche la identificaba como el Nihilismo destrozando el mundo. Y cerraba su obra analizando tres fuerzas; egoísmo, maldad, compasión. 

Schopenhauer reclutaría con sus ideas a otros guerreros como Nietzsche, Mann, Proust, Wittgen­stein, Tolstoi, Borges. Todos lo citarían como un genio incomprendido. Tal vez se definían ellos.

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