EL GRAN DESCUBRIMIENTO DE MI VIDA. GENEALOGIA MORAL DE LOS PENDEJOS. (TERCERO)

Ricardo Valenzuela  

Genealogía de la moral (Spanish Edition) 

Cuando vemos un mundo en el cual todo parece al revés, una gran contradicción donde la gente con los ojos invadidos de esa niebla asesina y nada parece tener solución. Ese cuadro donde la filosofía hermética acude con sus afirmaciones de lo que es negro también es blanco, lo que es arriba también es abajo. Es cuando la confusión es el plato de todas las mesas. Sin embargo, aunque la trataré con profundidad en notas siguientes, debo solo decretar el punto. La actuación del presidente Trump convertida en la recepción, no de desacuerdos, sino de ataques de los puristas de diferentes escuelas, siempre desde la barrera, para acribillarlo por motivos simplemente de pendejos. 

Es cuando me pregunto ¿será posible que el apendejamiento que han ejecutado los hegelianos haya penetrado tan hondo? Y entonces me resisto aceptar que el rebaño haya invadido las huestes de esas categorías como son los supuestos libertarios, los nuevos conservadores, los Chicago Boys, y se hayan sumado a las conquistas de los verdaderos enemigos en la Comisión Trilateral, el Consejo de Relaciones Foráneas, el Foro Económico Mundial. Y es cuando debo encontrar sus ligas con ese apendejamiento que, insisto, me resisto a creer, se hayan contagiado.

Para tarea tan importante debo acudir, no alguna liga moral, ni a los partidos políticos tan inmorales, sino a mejor referencia que la he encontrado en las ideas de dos filósofos, Nietzsche y Schopenhauer, los más odiados de la historia, precisamente por su dolorosa honestidad. Para iniciar, listo dos obras del primero que, estoy seguro solo con sus títulos, escandalizarán hasta los más valientes: Genealogía de la Moral y otra donde afirma Dios ha Muerto, libros en los que muestra cómo la estupidez es la goma que uno todo. Así, claramente vemos la efectividad de los pendejos que, a su vez, son controlados por esa novedad de los “listos.”   

Nietzsche con su obra lleva a cabo un agresivo ataque a la moral tradicional que ha controlado al mundo. Un potente martillo genealógico que demuestra algo verdaderamente horroroso. La especialmente construida Voluntad de Poder de los débiles es esa goma que une todo. Una profunda investigación de la formación de una falsa moral muy efectiva, creando valores para eso, lograr el apendejamiento de la humanidad. Y, lo más increíble, el haber convencido era la moral dictada por Dios. Pero, antes de iniciar se critica de esos falsos valores, quiso conocer su origen. 

En el proceso se dio cuenta de que inicialmente había dos clases de moral, ninguna dictada por Dios, sino formadas en curso de la naturaleza. La moral de los Señores y la moral de los Esclavos que, para el filósofo, era la raíz del problema. La de los Señores que nacían de la plenitud del guerrero en donde la libertad, nobleza, fuerza, el poder como consecuencia, la bondad en la abundancia, la riqueza, el orgullo natural por sus logros, pero, cubiertos con una responsabilidad especial que los llevaba a los verdaderos liderazgos de aquel mundo inicial. 

La otra era la de los Esclavos, donde sus cadenas no eran físicas, sino emocionales, donde reinaba la debilidad, la impotencia, una envidia que los hiciera sentirse amenazados por la “maldad” que representaban los señores, una gran nebulosidad espiritual. Un esquema que les incrustaran para aceptar como virtudes la sumisión como base de la civilización, la humildad, la negación de su propio ser, conformismo, porque era lo que los llevaría al cielo, pues, eso representaba la conciencia moral. Pero, todo eso era la formación de un volcán interior que habría que controlar. 

Y ante un panorama tan difícil, había que iniciar cuestionando hasta lo sagrado porque, para el filósofo, sus orígenes eran impuros y emergería el conflicto que le diera vida a esas pasiones desenfrenadas, disfrazadas de moral de las dos partes. De la bondad y sumisión nacía el resentimiento, y del resentimiento nacía la envidia, la crueldad, de la confusión de justicia nacía la venganza. Y en el enfrentamiento mal manejado al no lograr lo requerido, esos afligidos volcarían sus pasiones insensatas hacia su interior como el peor veneno psicológico. Los valores de los señores se convertían en pecados y surgía lo que ha sido común denominador, el resentimiento convertido en moral, la voluntad del débil obligado a la resignación forzada y odios. 

Se universalizó la compasión en sociedad con culpa que castraría al hombre. Se había envenenado la fuente de los valores, se rompía el viejo equilibrio representando la venganza del esclavo. Eso llevaría Nietzsche a escribir su obra afirmando que Dios había Muerto. No una declaración literal de un fallecimiento divino, sino una metáfora sobre el declive de la influencia cristiana y la pérdida de valores absolutos en la cultura occidental. Significaba que la fe ciega, la supuesta verdad, la culpa que servían como guía moral y consuelo, ya no sostenían la sociedad moderna. 

Y surgiría la gran explosión de la culpa. Originalmente, había sido relación entre deudor y acreedor, y el deudor daba como garantía su cuerpo para que el acreedor le provocara dolor si no pagaba, “el dolor como pagador de deudas.” De ello, mentes diabólicas establecían al acreedor supremo que podía provocar dolor, pero, más trágico, se elevaba la culpa dando vida a la conciencia moral. El cuerpo era santuario de esa conciencia y debería pagar con dolor psicológico y moral. La forma más potente para controlar a la humanidad. Se le daba sentido anti innatural al sufrimiento. 

El único acreedor universal sería Dios y nuestra deuda sería infinita, pues, aparentemente, la vida era solo un préstamo. Nacía ese hombre insolvente cargando la culpa moral de sus pecados que nuca podría pagar. Por eso, era su deber sentirse miserable, siempre atosigado por la culpa (yo pecador), el remordimiento. Esa sería la cruel castración moral de la humanidad. Y al hombre lo equipaban con la voluntad de un ser enfermo, aceptando sufrir, impotente, inmerecedor, cobarde. Pero, milagro, nacía la economía de la salvación. Aparecían los religiosos médicos del alma velando para que se mantuviera mediocre. 

Este sería el campo fértil construido durante siglos bajo amenazas donde ya participaban cómplices como la ciencia, la filosofía, el arte. Y, para que el esfuerzo fuera más efectivo, debían matar el individualismo creando los rebaños, ese individualismo que predicara Jesús y fascinara a Jung, pero era muy peligroso. Tan peligroso que lo asesinarían. Así, ahora reinan los rebaños que defienden a Cuba, al chavismo de Venezuela, y la maldición del Peje en camino a la destrucción de México.                   

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