¿MURIÓ REALMENTE JESÚS EN LA CRUZ? PRIMERA

Ricardo Valenzuela

 What Destroyed the Library of Alexandria?

Cuando el hombre llega a un punto lejano de su transitar, esa posta en la que nos atrevemos a cuestionar esas verdades aceptadas por mandato aún invadido por las dudas, al abandonar esa obligación algo sucede. Penetras un campo que, como la chica del Mago de la Oz, en cada paso que das, te invade una desconocida euforia porque te das cuenta de que puedes encontrar respuestas a esas molestas dudas que siempre te han acompañado. Especialmente cuando has recibido tu educación, siempre acompañada de la religión, distinguida por la obligación de aceptar lo que te muestran. 

Esa posta a la que yo había llegado, pero, no en este punto de mi camino, sino desde que lo iniciara mi larga jornada. Pero, durante muchos años, en lugar de iniciar el proceso de expresar ese sentimiento de vacío en busca de respuestas lógicas, simplemente decidía alejarme del bosque de mis dudas y seguir adelante barriéndolas debajo de ese confortable tapete. Pero, al no lograr archivarlas por completo, tomaba la decisión de buscar esas respuestas fuera de lo tradicional. Un proceso que, en cada paso que daba, se me develaban infinidad de puntos que, aunque difíciles de comprender, sentía acercarme a lo que siempre me inquietaba, mi ignorancia.

Y en mi recorrido aparecía una de las figuras más controversiales de la historia, el filósofo Baruch Spinoza. Un hombre que, con el cimbrado que provocaran sus ideas, cuando con una de sus obras; Tratado Teológico Político, lanzara un poderoso misil narrando cómo una noche recibía la visita de un hombre llamado Pereira, quien había formado parte del jurado que lo excomulgara. Y el motivo era entregarle un escrito de María Magdalena donde mostraba evidencia de que Jesús había sobrevivido su crucifixión. Algo que fuera un acuerdo encabezado por uno de sus seguidores, Jose de Buitimea. Lo retirarán de la cruz para llevarlo a un médico que curaría sus heridas. 

Spinoza, convencido por las evidencias que recibía, decidía darlo a conocer citando el escrito de María Magdalena. Un plan en el que había participado Pilato por razones políticas y, además, porque estaba muy impresionado con la sabiduría de Jesús al haberlo conocido solo una vez. Participarían en el plan los soldados romanos pagados que atestiguaran su castigo y fueran quienes lo bajaban de la cruz. Y, por la potencial importancia histórica que el evento representaba, ahora yo decidía también darlo a conocer. María Magdalena afirmaba Jesús había aceptado porque sentía su misión, ya le había creado enemigos muy peligrosos. 

Jesús, ya repuesto de sus heridas, se trasladaría a Alejandría, donde viviría hasta los 87 años. Spinoza, ante la magnitud del evento, iniciaría una agresiva búsqueda de evidencias de la vida de Jesús en esa ciudad, pues los znósdicos también afirmaban que no había muerto en la cruz. Y las primeras evidencias mostraban a un sabio maestro judío en Alejandría, que había desarrollado una nueva profunda filosofía con su etiqueta del individuo con un poder interior para transcender hacia la conciencia superior sin intermediarios. Y encontraría una carta que describía los milagros cuánticos de ese sabio en Alejandría. 

Spinoza en la profundidad de la interpretación de María Magdalena, encontraba un pasaje de María describiendo a Jesús cuando le decía, sus primeros mensajes eran solo la introducción, pero, los verdaderamente importantes, los estaba reservando para los elegidos que lo habrían escuchado durante los 40 días después de su fingida muerte. En esos días la jornada de Spinoza era amenazada por la peste que invadía a Europa provocando millones de muertes. Así, le llegaba la noticia de la muerte de Pereira quien le había entregado la primera carta, y era el único que conocía la verdad. Sin embargo, encontraría la obra de Celso, La Verdadera Doctrina, quien era enemigo de la iglesia y la atacaba. Enfrentaba a la iglesia afirmando Jesús había sobrevivido y había continuado su obra en Alejandría.     

Alejandría en aquellos días era una ciudad de grandes enfrentamientos, y surgía una tendencia que buscaba respuestas en la obra de Filion, un filósofo judío-helenístico que inició la tradición exegética. Proclive a la colaboración con los romanos, también buscaba esa evidencia. Un hombre culto que hablaba del Logos, un concepto que usaba Jesús. Él describía un maestro judío en Egipto viviendo en un monasterio. Existen unos treinta manuscritos y unas 850,000 palabras de Filón informando la presencia de Jesús. Filón había acudido a la doctrina del Logos, o Verbo, y él consideraba al maestro judío en Egipto, Jesús como Verbo encarnado, dirigiendo sus mensajes y haciendo milagros. 

Spinoza seguiría la pista de Filion y encontraba una biblioteca especial en Alejandría, donde encontraba textos difíciles de traducir. Eso lo llevaría a un camino peligroso ante la iglesia, pues también había encontrado una cripta que le informaban era la de Jesús. Spinoza investigaba sin descanso y se convertía en el judío más peligroso y odiado por la iglesia de Europa, sus pocos amigos lo abandonaban y solo permanecían Leibniz, Descartes y, sorpresivamente, John Locke lo visitaría. Pero su tuberculosis se agravaba mientras trataba de terminar su obra Lógica, en la que afirmaba la única sustancia era Dios como la totalidad del todo infinito, su mensaje cada vez se parecía más al de Jesús. 

Inspirado por Jesús, como ya lo concebía, se identificaba con él como el Amor Contemplativo de Dios. Afirmaba Jesús era un maestro que alcanzara la conciencia superior, no en la iglesia de la multitud, sino acudiendo a su poder interior. Su obra, Ética, sería publicada después de su muerte ante el horror de la iglesia por su coincidencia con Jesús. Spinoza fallecía. Pero, antes señalaría la línea para ver que los evangelios encontrados doscientos años después, eran los verdaderos. Pues lo que enseñaba Jesús no eran los de la fundación de la iglesia ni del cristianismo. No eran la conexión directa con Dios que predicara Jesús. 

Spinoza moriría incomprendido, pero seguro Jesús que no había muerto en la cruz y eso fue lo que lo acercaría a él. Pero, lo más increíble, Spinoza, excomulgado por judíos y cristianos, el gran hereje de la historia, como lo afirmara años después Jung, había sido el apóstol más adelantado de Jesús. Por eso Einstein afirmara, “yo creo en el Dios de Spinoza”. Había sido también el mejor estudiante de Jesús, el heredero de su cuántica espiritual. Peligroso, por su filosofía Deus Sive Natura. Para Spinoza Dios era todo y fuera de él no había nada. Era la única sustancia infinita, inmanente y eterna que constituye todo lo existe. Los años lo elevarían a su dimensión inmortal.

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