YO PECADOR ME CONFIESO A NIETZSCHE. JORDAN, JESUS, EN ETIOPIA.

Ricardo Valenzuela

Christ, a Symbol of the Self, by Carl Jung (audiobook) 

Esa noche, al final de su primer día  Jung en Etiopia, en sus notas Jung describía la euforia que lo invadía al haber descubierto que Jesus había sido un gran experto en el área de física cuántica en psicología para la emergencia del alma, y también para avanzar más allá de nuestro mundo material. Ese mundo donde solo operan nuestros sentidos, el mundo de la física de Newton donde todo lo que deseamos lo buscamos a través de nuestros cinco sentidos, siempre operando en este mundo de lo material. La vieja idea económica de sus factores tierra, trabajo y capital. Era la Acción Humana de Mises mezclada con la filosofía Deus Sive Natura de Spinoza. 

Porque, la física cuántica nos había enseñado que no solo tenemos una conciencia igual, cuántica, la que no reside en el cerebro, sino que el cerebro es la herramienta que utiliza para manifestarse. Y esa conciencia tiene el potencial para modificar la materia. Tal vez por eso Marco Aurelio afirmaba, “tú eres lo que tu piensas”. Era lo mismo que Jacobo Grinberg afirmaba cuando acudía a los ejemplos de chamanes con poderes que, inclusive, podían curar las peores enfermedades de la gente, porque, de alguna forma, habían logrado conectar esa fuerza universal de posibilidades celestiales que el mismo había atestiguado.

Y al igual que Tesla, Einstein y otras grades mentes, afirmaban la existencia universal en una frecuencia que, quienes la encuentran, se pueden conectar con ese universo donde residen todas esas ilimitadas posibilidades. Y, como afirmaba Tesla, siempre debemos pensar en vibraciones y energía, para, a través de profundos estados de meditación, poder establecer esa conexión para elevar la conciencia a niveles espirituales y de esa forma desconectarnos del ego, para que esa conciencia elevada modifique la materia y los deseos se hagan realidades. Es cuando podemos entender las expresiones de Jesús indicando el camino. 

Un camino no transitado que debe de partir desde el concepto de la soledad, porque solo allí podemos iniciar el camino hacia ese estado que nos lleva a ver la realidad invisible. Y solo lo podemos acceder dejando a un lado el consciente (ego) para que tome el mando el inconsciente (alma). Porque, además del mundo físico, existe el de la fuerza universal (Spinoza) con su vibración y una energía ilimitada, y solo el alma nos puede conectar. Era lo que a Jung le provocaba esa euforia, pues ahora entendía, había penetrado el campo universal de la psicología que escandalizaba al mundo. Era el milagro de un hombre que, sin saberlo, había logrado conexiones breves con ese universo y, lo más increíble, era el mismo campo de Jesús. 

Al día siguiente, de nuevo en el monasterio, con la ayuda del monje principal, se le debelaba la referencia de Jesús a lo que llamaría arquetipos del inconsciente colectivo. Eran imágenes eternas del alma clavadas en la misma humanidad. El inconsciente colectivo, la herencia psíquica de la humanidad de patrones colectivos. La historia de una melodía tocada sobre esos arquetipos universales. El padre representando autoridad, fuerza, orden. La madre representando amor, cuidado, dulzura. El héroe que enfrenta esos dragones. La sabiduría representada por una dulce viejita. La del mismo Self representado por el hombre completo, tal vez el ubermensch tan soñado por Nietzsche. 

Y Jesús era esa imagen de perfección, pero, no con arrogancia de ser el único, todo lo contrario, pues Jesús siempre aclararía, “yo no soy el único, todos ustedes pueden lograr esa perfección”. Jesús les estaba entregando el mapa con su historia al decirles, “yo fui el primero, pero todos ustedes lo pueden lograr”. No les afirmaba “yo hice todo por ustedes, yo solo les estoy señalando el camino y ustedes lo deben caminar. Y ustedes también tienen que bajar a las sombras como yo, enfrentarlas como yo. Ustedes también tienen que morir y resucitar transformados. Deben ser la semilla que debe germinar, el capullo y nazca la mariposa”. 

En esos momentos, Jung, con lágrimas en los ojos, veía claro Jesús se refería a su proceso de individuación que él supuestamente había inventado 2,000 años después. Se daba cuenta de que todas las parábolas que usaba Jesús, describían toda su trayectoria profesional y, sobre todo, totalmente alejado de la colectividad, elevaba el poder y responsabilidad del individuo que, sin lugar a duda, mostraba un individuo de poderes indescriptibles, pero, que él mismo los había encontrado, no a través de una iglesia, ni de un gobierno, ni algún sacerdote, él en su soledad. 

Era el Jung cuántico que había descubierto el proceso psicológico de integrar lo consciente con lo inconsciente (incluyendo sombra y arquetipos) para convertirse en el “verdadero ser” superando la "persona" o máscara social. Esa búsqueda de la plenitud y el desarrollo de la propia singularidad, diferenciándose de la colectividad y equilibrando los opuestos internos. Y, ante tal panorama, Jung rompía en llanto al ver era las mismas que Jesús, 2,000 años antes, ya lo enseñaba a sus discípulos y lo encontraría, no en Roma, ni en Constantinopla, sino en Etiopia. 

Pero, para trascender no solo les ofrecía su ejemplo, les daba todas las herramientas para lograrlo. Pues en los años desconocidos de su historia, fue cuando acudiera a esa secta espiritual de los Esenios en donde aprendiera sus secretos, Con ellos aprendería la belleza de la soledad y el silencio para elevar la conciencia, a invocar el diálogo con el alma. En esos momentos, aquel hombre que dejaría huella profunda en el mundo, de nuevo lloraba al ver que todos los métodos específicos, prácticas, técnicas especiales, que practicaba y usaba Jesús, eran las mismas que él estaba usando y tanto preocupaban. 

Y, entonces, ese viejo monje rector del monasterio, siempre solemne, un hombre que tanto hubiera visto en su larga vida, enterado de la seria afección cardiaca del sabio y de su avanzada edad, invadido de genuina emoción le diría. Dr Jung, sé sus lágrimas son de felicidad al encontrar su bella liga con Jesús, usted es un hombre sensible y espiritual. Pero, sugiero nos vallamos a descansar, pues, mañana le espera un tema muy especial, la denuncia del salvador de las máscaras del mundo. Se dan un fuerte abrazo y Jung, escoltado por su amigo se retira. 

Fue cuando el diplomático lo escucha decir, “el rector se equivoca, mis lágrimas son por las agresiones históricas a Jesús”.

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