Ricardo Valenzuela
La reunión entre el presidente Trump y el presidente chino Xi que acaba de terminar, es una consecuencia de algo que se iniciara hace muchos años, un evento en el que chocan las opiniones acerca de su inicio, pero coinciden al identificar el objetivo. Al inicio del siglo 19 se llevaba a cabo el congreso de Verona, en donde las monarquías de Europa decidían subvertir a EU con su republicanismo dirigente y sus mercados libertinos, para regresarlo a su nivel colonial. Porque el experimento político-económico de EU se estaba convirtiendo en el milagro del siglo 19 y las monarquías temblaban, había que detenerlo.
Sin embargo, no sería una acción novedosa pues desde que se establecieran las 13 colonias inglesas en America, ya los Rothschild habían iniciado su penetración siempre navegando hacia donde soplara el viento a su favor, pero sin perder de vista su objetivo primordial, el establecimiento de su banco central. Para preparar el terreno, habían financiado a Washington en la etapa final de su revolución con una serie de condiciones, y así nacía EUA como un país comprometido. Y el agente de ellos en EU sería Alexander Hamilton, un aventurero que llegara a ser el primer Secretario del Tesorero en 1789.
Durante el siglo 19, los Rothschild sufrirían la cancelación de tres concesiones del Banco de EUA que pretendían fuera central, lo que, inclusive, provocarían un intento de asesinato del presidente Jackson y el asesinato del presidente McKinley en 1901, ambos enemigos del concepto. Washington no construiría algún gran programa de acción gubernamental—no era su función—y ningún presidente lo haría hasta el siglo 20 y escribía. “Por motivos de delicadeza, los presidentes se deben abstener de plantear ante los miembros del Congreso tema relacionado con asuntos legislativos, a fin de evitar que se sospeche que desean influir en lo que contendrían”.
Pero su secretario Hamilton, no tendría rienda alguna para empujar sus programas sin importar hiriera algún sentimiento. El era un hombre con un plan que, como fuera, debía ejecutarlo. El era partidario de acciones agresivas del gobierno en el área económica. Pero, sus ideas eran mercantilistas y dictadas, e iniciaba la promoción de una constitución con “amplios poderes”. Él tenía en mente un programa financiero que esperaba proporcionara los nervios de la nación. Hamilton en realidad quería establecer el crédito de EU. Y quería hacerlo de forma que ligara a los hombres ricos al gobierno, e influenciar a la gente y vieran que el gobierno era poderoso, y asegurarles que ese gobierno resolvería todas las preocupaciones nacionales.
Ese activismo tan agresivo provocaba choques. En 1791 presentaba un extenso y ambicioso plan ante el Congreso. Pero su contenido era un potente argumento para la intervención del gobierno en la economía. Y lo presentaba con elegancia convincente como la independencia económica de EU, pero, surgiría la sorpresa, ayuda del gobierno para manufactureros. En pocas palabras, establecer el mercantilismo de Inglaterra en EU. Madison padre de la constitución protestaba: “Todo, desde el objeto más elevado de legislación estatal hasta el objeto más minúsculo de la política, quedaría bajo el poder del Congreso”. Se rechazaba pues su genialidad y sed de poder amenazaba la nueva libertad.
Y ese rechazo sería la bandera de EU contra los ataques que le esperaban ya en su corta vida. Y este concepto único de libertad, es importante entenderlo pues es la única fórmula que nos ilumine y así claramente entender la reunión de Trump y Xi. “Lo sagrado de la libertad de EU”. Y uno de los mejores ejemplos de esa lucha fue el de Andrew Jackson, el héroe de Trump, con su gobierno conocido como “democracia Jacksoniana”. El nunca pensó EU era democracia, era república y la palabra democracia se la colgaría Tocqueville con su libro y así se llegaría a pensar EU era una democracia.
La idea central de los jacksonianos era su sagrada creencia en el autogobierno. Y se referían a individuos y familias gobernándose ellos mismos, es decir, manejando sus propios asuntos y creían en participar con el “voto muy especial,” manteniendo su idea principal de liberación de la gente del control de otros, incluido esos en el gobierno, que trabajaban para ellos, y ellos también debían manejar solo sus asuntos. Y su raíz jacksoniana fue el pensamiento de Jefferson afirmando:
“En los EU, somos constitucional y conscientemente demócratas. Porque pensamos que la experiencia ha probado es más seguro, para la masa de individuos que componen la sociedad, el reservar para ellos mismos, en lo personal, el ejercicio de todos sus poderes legítimos para los cuales son competentes, y para delegar aquellos para los cuales no lo son en diputados designados por ellos mismos —que serán removibles por toda conducta desleal— de manera inmediata de la misma forma, por quienes los habían colocado”.
Ellos pensaban que la generalidad de la gente debía controlar el gobierno solo para asegurar actuara positivamente, nunca para sus beneficios particulares. Ellos pensaban que la gente en cierta forma debería controlar gobiernos, pero solo para limitarlos y no crecieran en burocracias ineptas, obesas y corruptas para vender favores beneficiando a unos cuantos corruptores a expensas de todos los demás y Jackson lo definía:
“Solo debe haber una regla, confinar al gobierno dentro de la esfera de sus deberes apropiados. Atengámonos a la Constitución tal como está redactada, o modifiquémosla —por la vía constitucional— si se considera defectuosa”. El punto central era limitar al gobierno y que la gente fuera libre para manejar sus asuntos y surgía la frase: “el mejor gobierno es el que gobierna menos.” A ningún depositario humano (ni a ningún poder) se le puede confiar con seguridad, la facultad de legislar sobre los intereses generales de la sociedad de tal modo que incida, directa o indirectamente, sobre la industria y la propiedad de los miembros de la comunidad.
El principio fundamental de la filosofía jacksoniana siempre ha sido construir un buen sistema de administración de justicia, y dejar los negocios e intereses del individuo a la libre competencia y asociación, es decir, al principio de libre voluntad. Y Jackson lo repetiría hasta su muerte: “La prosperidad del hombre debe depender de él mismo. Sus talentos, sus virtudes cincelan su futuro. El es el mejor juez de sus propios asuntos y debe ser libre para buscar su felicidad y destino a su manera, libre de la interferencia y la ineptitud legislativa, siempre y cuando, no viole los mismos derechos de otros, ni trasgreda leyes de seguridad de personas y propiedades”.
Esto es lo que quiere revivir Trump, lo que odian demócratas y mercantilistas globales. Y la mayoría no lo entiende, o tal vez no lo conoce.
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