EL GRAN MILAGRO DEL SOCIALISMO. PRODUCIR PENDEJOS IGNORANTES

Ricardo Valenzuela

Claudia Sheinbaum arrives in Poza Rica, Veracruz, where she is met with  complaints from people affected by the recent floods : r/mexico 

Hace unos días, sufrí el ataque de dos miembros de ese grupo de cerebros congelados que forman, supuestamente, un partido político llamado MORENA. Y me dedicarían insultos como ser la perrita de Trump, agente de la CIA, miembro de la vieja oligarquía, ignorante que acuso “sin tener pruebas”, por lo que soy mentiroso; solo les faltó “hombre blanco y barbado”, ambos despidiéndose con un “viva México y viva Morena”. Es cuando yo pregunto: ¿De dónde salieron estos especímenes cargando una ceguera no vista en las situaciones más dramáticas de México? E insisto y repito, nunca atestiguado más que en los zombis del nazismo. 

Sentí que debería espulgar esta bitachera kamikaze desbocada. Es un hecho que la historia de la humanidad ha sido la narrativa de ciertas fuerzas que siempre se han batido por ese gran premio, control total de los seres humanos. Y, siendo el hombre un ser nacido en la libertad total que surte la naturaleza, ese gran instinto siempre le ha provocado rebelarse contra los esfuerzos de otros tratando de expropiarles ese gran tesoro que les fuera entregado por Dios, en lo que, a través de los siglos, ha enfrentado a sus miembros en infinidad de guerras con las que, los tradicionales verdugos, siempre han tratado de esclavizarlos. La eterna lucha entre el poder y la libertad.

Pero después de tanta sangre derramada y pérdidas materiales sufridas en guerras, los aspirantes a propietarios de la humanidad se dieron cuenta de que había otras formas más letales y efectivas para lograr esos fines. Y, además, tenían claro que era un remedio permanente que prometía finalmente archivar las guerras, dejando a los conquistados fieles, sumisos y agradecidos. En lugar de esclavizar al hombre físicamente a base de la fuerza, había que tomar el control de sus pensamientos, emociones y conductas, siempre acordes con lo que sus dueños pretendían. Había, entonces, que programar sus cerebros y así, felizmente se entregaran. 

Aunque desde siempre se había estado luchando en ese campo en donde los filósofos tuvieran participaciones especiales, el primer gran evento orientado hacia ese fin fue el famoso Concilio de Nicea en el cual Constantino, con gran sabiduría, habiendo entendido el problema, decidió edificar el esfuerzo más grande de la historia para, sin recurrir a la guerra, finalmente controlar su gran imperio. Pero utilizando un arma desconocida y de una potencia letal, la religión estatal, para lo cual, debía organizar todas las corrientes cristianas escogiendo las que tuvieran mensajes que favorecieran su imperio, las que se opusieran, desaparecerían y sus mensajes debían ser destruidos   

La naciente iglesia tenía una tarea titánica frente a ella. Amansar una partida de búfalos salvajes formada en esa guerra perpetua, siempre con sus cuchillos afilados, pues esa era su vida. Debía convertirlos en corderitos con sus instintos animales neutralizados, igual que sus hormonas del ataque, arrancarles la ponzoña del salvajismo, ignorancia, superstición, su adicción a la violencia. Para que, en lugar de marchar hacia los campos de batalla, marcharan hacia los templos buscando sentido de la vida, un propósito elevado. Al mismo tiempo que, muerto el salvaje, darse cuenta necesitaban ayuda de alguien, perdón para sus pecados, ellos estaban desarmados 

Pero, para poder lograr ese casi imposible, la iglesia primero se daba a la tarea de ejecutar una transmutación de los valores que habían regido a la humanidad. Una nueva definición de la ancestral duda o confusión con la que vivía la humanidad y se preguntaba: ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo de lo que enfrenta el ser humano en la vida? Se iniciaría algo que cambiaría el rumbo de la humanidad y, en este nuevo panorama, alguien revisaría y calificaría las conductas. Y a esos escribas, calificando, se les ordenaba desarrollar un concepto moral y en el proceso les dictaban los nuevos valores. Pero, en la sala del gran poder, sus jueces dictaban nuevas reglas 

Nació una filosofía real que, durante 16 siglos, no tuviera ningún reto hasta que emergiera un filósofo mereciendo esa etiqueta de locura, Nietzsche, quien, de inmediato, lo mancornaron con otro llamado Spinoza, para declararlos enemigos de la humanidad al amenazar a una iglesia ya reumatoide que, como el egoísta de los cuentos, se aferraba al cofre de su tesoro. Ese gran logro que modificara el programa, mental, intelectual de los hombres que, durante siglos, los había mantenido lejos de esa racionalidad. Porque lo que más temían sus verdugos era un hombre racional. Por eso habían asesinado a Sócrates 

El control que iniciara Constantino que, ante los imperios fallando, ese poder pasaba a la iglesia que, como única propietaria, se diera a la cimentación de sus falsos valores que se conocería como la “moral de los esclavos”, elevando a virtud el ofrecer la otra mejilla a quien nos agreda, la virtud del sufrimiento dándole la bienvenida, la pobreza con la misma etiqueta de virtud, la obediencia igualmente premiada, la sumisión en lugar de la protesta. Una farsa que con gran claridad la podemos ver en la oración universal del Yo Pecador, porque las palabras no se las lleva el viento, se clavan en el cerebro y lo van cincelando. El mismo Padre Nuestro, “hágase tu voluntad” es una cobardía. “Él pan nuestro de cada día, dándolos hoy” el definir nuestra impotencia 

En ese proceso lo bueno se definió como malo y lo malo como bueno, la obligatoria piedad, siempre motivándonos con una recompensa futura. El infierno, al no respetar su lista de pecados artificiales, para provocarnos miedo que nos paraliza. Y, la agresión más grande, un cruel sentimiento de culpa que destruye vidas. Y llegaba un momento en que me di cuenta de algo; ese poder que siglos atrás viajó hacia la iglesia, veo muy claramente ahora que reside en la política en sus diferentes formas, y en el nacimiento de retrasados mentales como mis atacantes. 

Porque estos políticos sin límites para pecar usan el poder más importante a su disposición, la receta para programar mentes de esos que han cargado todas las heridas de esa lista negra especialmente modificada por ellos. Incluye limitar las células de sus cerebros y no puedan usar lógica ni razón y griten “pruebas”. Pero sí provocan su envidia, culpa, deseos de venganza, total inmoralidad en sus actos, cinismo ante sus crímenes. Todo para fortalecer a quienes ocupan la punta de esa nueva pirámide cortesía de los descerebrados.       

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