Ricardo Valenzuela
Hace poco más de un año, sucedió algo que tiene a muchos expertos en los diferentes campos donde actúan las sociedades, con la boca abierta y un sabor desconocido. Un evento que, no solo sorprendería, sino así los ha mantenido porque todavía no lo han podido descifrar, ni con las más potentes formas de inteligencia artificial a las que acudieran por ayuda. Un evento protagonizado por una joven tenista originaria de las Filipinas, quien se encontraba en la elegante oficina de una de las marcas deportivas mas exitosas del mundo, Nike. Evento que sería el inicio de una inspiradora historia que ofrece un gran aprendizaje.
La chica estaba rodeada de ejecutivos, abogados, reporteros, publicistas, en donde le presentaban un contrato que debía firmar, para así dejar establecida una supuesta sociedad entre ella y la empresa con un valor de $75 millones de dolares, una increíble fortuna para una joven de familia humilde en un pais pobre que, sin duda, garantizaba su futuro. Pero, sucedería lo increíble, la joven tenista se daba cuenta no era sociedad, era su compra, sin dejarse presionar por el imponente ejercito que enfrentaba, el champaña listo para celebrar, y una elegante secretaria ofreciéndole una pluma, tajantemente la rechaza.
Sin embargo, para entender lo que pareciera una locura, hay que sentar el escenario que la provocara. El nombre de la joven tenista es Alejandra Eala quien, en esos momentos, tenía 20 años y trataba de penetrar ese competitivo mundo. Y, como lo habia demostrado en su corta trayectoria, era un verdadero fenómeno potencial en ese deporte que, en sus primeras apariciones ante esa comunidad tan especial, había causado una explosión al haber derrotado varias tenistas bien ranqueadas en eventos como el abierto de Australia, el de Paris, el de Berlin.
Esta joven atleta no es uno de esos milagros creados por alguna fuerza celestial. Es alguien que, desde su niñez, habiendo mostrado habilidades fuera de lo normal, en lugar de precipitarse hacia los eventos profesionales, decidió darles forma a sus habilidades en la prestigiada academia del tenista español Rafael Nadal. Y a sus 12 años, lejos de su familia, de su tierra, inició la jornada de 7 años en España donde impresionara a Nadal con su diciplina espartana. Aprovecharía esos años para terminar sus estudios secundarios y aprender español.
En la academia se tomó una histórica fotografía con la polaca Swiatek, que nunca imaginó que esa adolescente después la vencería en un Masters. Debutaría como profesional en 2020, para de inmediato mostrar ese potencial avanzando hacia su objetivo al ritmo del principiante. Y aunque su carrera avanzaba sin haber establecido compromisos comerciales, empezó a surgir una misteriosa nube que de alguna forma le establecía obstáculos sin que entendiera sus orígenes. Pero, lo que era un hecho indiscutible, fue que se convertía en favorita de todas las audiencias que, claramente, asistían para verla y lo mostraban los números. En esa actividad, algunos activos que distinguían a esas participantes se convertían en problemas de imagen como fueron los casos de Maria Sharapova y Anna Kournikova, cuya belleza opacaba sus habilidades deportivas.
Alejandra, siendo igualmente bella, ha tenido un atractivo especial y adicional que sería el inicio de lo que se estaba convirtiendo en un serio problema, ese carisma con el que pocos seres humanos son favorecidos y es más potente que belleza. Algunas posibilidades comerciales que le presentaban de repente desaparecían sin mayores explicaciones. Surgirían los celos de las tenistas mejor ranqueadas como Aryna Sabalenka, hermosa y la numero uno, que, siendo la abanderada de los Emiratos Árabes, le hacían una oferta similar a Alejandra, que de inmediato fuera retirada sin explicaciones.
Vendrían luego las decisiones parciales de los jueces de cancha, puntos mal marcados, una prensa negativa, emboscadas de televisoras queriendo exhibirla como ruido sin habilidades, una serie de obstáculos artificiales que se convertían en situaciones repetitivas, pero siempre con dedicatoria negativa para ella. Y llamaría la atención que un personaje del calibre de Operha Winfrid iniciara sus ataques. Ella no se daba cuenta que su negativa a Nike, la habia convertido en un blanco a destruir. Era esa sección de la economía globalista atacando los sueños de una jovencita por su atrevimiento, por su desobediencia y rebeldía.
Era claro que los propietarios de todo querían mantener el monopolio de la fabricación de estrellas y, como Operha afirmara con asertividad, Alex era solo viento que pronto desaparecería, era la tajante decisión del juzgado global y no tendría apelación, jamás permitirían una estrella que se fabricara a si misma. Eran las políticas de Hollywood aplicadas al deporte con los mismos castigos. De esa forma habían casi destruido a Mel Givson por el pecado de su independencia, su autonomía, su individualidad.
Alejandra, casi a punto de sucumbir ante tan poderosas fuerzas, decepcionada de tanta falsedad, de ese control que ella bautizaba como inhumano y cruel que la estaba estrangulando, como una forma de aliviar sus sentimientos escribe una carta sin tener en mente algún receptor, pero de una profundidad increíble de una autora tan joven. Y, como guiada por el milagro de la física cuántica, la carta cae en manos de un hombre muy especial y singular, Bernard Arnault, el billonario presidente y director ejecutivo de LVMH (Moët Hennessy Louis Vuitton) La empresa global más grande en la línea de artículos de lujo. Cabeza de una familia de industriales de Roubaix (Francia), que también incluye grandes sectores de la construcción y proyectos inmobiliarios.
Arnault queda verdaderamente emocionado con el contenido del mensaje de la joven tenista. Arregla conocerla para calibrar sus bellos sentimientos. Ya, convencido, siendo también un hombre que trata sus empresas tengan conciencia moral, hombre generoso cuando se da cuenta de alguien afligido y, sobre todo, abusado por maleantes, pero todavía de pie y sin haber perdido el espíritu de lucha, decidía ayudarla con apoyo total en esa ruta que trataran destruirle. Él es la representación de un nuevo modelo de patrocinio sin buscar beneficio material ni publicidad. Así, Alejandra vuela de nuevo hacia la grandeza de la mano de un hombre bueno y moral.
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