Ricardo Valenzuela
Hace poco más de un año, sucedió algo que tiene a muchos expertos en los diferentes campos donde actúan las sociedades, con la boca abierta y un sabor desconocido. Un evento que, no solo sorprendería, sino así los ha mantenido porque todavía no lo han podido descifrar, ni con las más potentes formas de inteligencia artificial a las que acudieran por ayuda. Un evento protagonizado por una joven tenista originaria de las Filipinas, quien se encontraba en la elegante oficina de una de las marcas deportivas mas exitosas del mundo, Nike. Evento que sería el inicio de una inspiradora historia que ofrece un gran aprendizaje.
La chica estaba rodeada de ejecutivos, abogados, reporteros, publicistas, en donde le presentaban un contrato que debía firmar, para así dejar establecida una supuesta sociedad entre ella y la empresa con un valor de $75 millones de dolares, una increíble fortuna para una joven de familia humilde en un pais pobre que, sin duda, garantizaba su futuro. Pero, sucedería lo increíble, la joven tenista se daba cuenta no era sociedad, era su compra, sin dejarse presionar por el imponente ejercito que enfrentaba, el champaña listo para celebrar, y una elegante secretaria ofreciéndole una pluma, tajantemente la rechaza.