VOLUNTAD DE PODER TRUMP VS HOOVER, ROOSEVELT (TERCERA)

Ricardo Valenzuela

Language Log » Priming the pump: a cartoon history 

Al final de la primera guerra mundial el mundo lucía muy diferente. La guerra no solo había destruido a medio continente europeo, también había destruido buena parte de sus monarquías en un conflicto con una rara fisonomía. Tres lideres de los paises participantes eran nietos de la reina Victoria de Inglaterra. Y el gran perdedor había sido Alemania que, ya derrotada, sufriría un daño superior con el Tratado de Versalles. En esos momentos se daba validez a la frase de Jefferson: “Siempre que finaliza una guerra, de inmediato emergen gobiernos agigantados y sociedades acotadas que pierden gran parte de su libertad”. 

De las muchas disposiciones del tratado, una de las más importantes y controvertidas estipulaba que Alemania y sus aliados aceptasen la responsabilidad moral y material de haber causado la guerra y, bajo términos que los obligaban desarmarse, realizar importantes concesiones territoriales a los vencedores y pagar exorbitantes indemnizaciones económicas a los Estados victoriosos. Alemania fue expropiada del 20% de su territorio. Además, fue obligada a ceder todo su imperio colonial que fue repartido entre las naciones vencedoras. Acciones que simulaban a piratas repartiendo su botín.

Pero, en 1929 Hitler, excombatiente, herido y derrotado en esa guerra, rebosante de odio y deseos de venganza afirmaba: “Partimos con el Socialismo Nacional definiendo su principio fundamental como el derecho para forzar su filosofía como potente motor que avance a toda la nación alemana que deberá determinar y reordenar la vida de su gente”. El nuevo hombre, 

Era la humareda de un volcán oculto que se ignoraba, era la arquitectura de la oligarquia global tomando forma ante la miopía de los líderes “triunfadores”. La euforia que provocaba al nuevo presidente de EU, Hoover, afirmara; “en EU estamos a punto de lograr algo que nunca ha sucedido, el triunfo final contra la pobreza. Todavía no llegamos al paraíso de abundancia que hemos soñado, pero, si continuamos adelante con gran resolución aplicando las mismas políticas de los últimos ocho años, muy pronto estaremos viendo el mundo desde cima de nuestra conquista”.   

No se daban cuenta que, lo que estaba sucediendo, era consecuencia de políticas falsas provocando una bella economía igualmente falsa. No se daban cuenta había una manzana de la discordia en ese bello jardín del edén. El brillo de la prosperidad de esos años 20 se basaba en una expansión de crédito inflacionario. Todo mundo estaba gastando lo que todavía no producían. La manzana de la discordia era monetarismo, esa creencia que la prosperidad dependía de la cantidad de dinero en circulación. Y el motor de ese crédito infinito, era el debut del nuevo ogro, la Reserva Federal, con el que infectaba a los bancos. 

Y, cortesía del FED, se iniciaba la gran condena de la humanidad. Emergía una nueva economía para remplazar la clásica. Una economía mezclando marxismo, socialismo gradual, el populismo malo, progresismo, oportunismo político, un grotesco mal entendido de la función del dinero. El principio básico de la Nueva Economía era que el problema de producción estaba resuelto. Desde ese angulo el problema, según ellos, era exceso de producción o, tal vez, problema de distribución. La bandera de Marx y Engels y su “epidemia de sobre producción”.

Pero para pensadores de EU la preocupación era promoción del consumo. Y uno de sus más prestigiados lo explicaba: “La escencia del progreso social no es incrementando la riqueza material sino aumento del margen de consumo”. Otro, afirmaba que EU había logrado una condición de abundancia desde 1902. “Abundancia, afirmaba, es autodefinida y significa una condición económica donde la plenitud de bienes materiales puede ser producida para toda la población de una comunidad”. 

Argumentaba el cuerpo de bienes terminados no provocaba el problema, lo que era alarmante no era tanto la sobreproducción sino el subconsumo que era un hecho claro. Como nación, somos capaces de producir más de lo que podemos comprar. Salvo en determinadas categorías, existe una enorme escasez de bienes necesarios para mantener un nivel de vida confortable. Se podrían comercializar millones de toneladas adicionales de mercancías si se dispusiera de poder adquisitivo. Por desgracia, no se dispone de tal poder adquisitivo. Habia que resolverlo. 

Nacía la nueva economía de consumo con la inventada gran necesidad de incrementar la demanda de bienes, pues sabían la oferta sería fácil de producir. Y la solución que se decidía practicar era monetaria, incrementar la demanda fabricando más dinero o crédito. Y el Fondo de la Reserva Federal fue lo que hizo. En 1921 la oferta monetaria se incrementaría casi en 100%. Y durante aquella era del boom se incrementaría en 150% y bienvenida la inflacion. Y Mises advertía; no se podría evitar el colapso final de un boom fabricado con una expansión de crédito. EU estaba perdiendo su verdadera libertad.

Y la profecía de Mises se haría realidad en 1929 cuando explotara la Gran Depresión, la vía clara al socialismo en un pais donde el Sistema de Bienestar lo entregara a sus verdugos. Ese sistema de bienestar se utilizaría como agente catalítico para una afirmación contundente del nuevo poder gubernamental. Las dificultades económicas tan graves, provocadas, le abrían las puertas a una gavilla de reformadores radicales ya bajo la administración de un presidente socialista, FDR. Roosvelt era miembro del oligarquizmo de una familia donde su tío abuelo, Clinton Roosevelt, habia tratado implantar el comunismo descarado en EU que presentaría en un documente casi idéntico al del New Deal de su sobrino, con el que se sabía se habia inspirado.     

Y su primer mensaje sería: “Estoy preparado, en cumplimiento de mi deber constitucional, para recomendar las medidas que pueda requerir una nación azotada en medio de un mundo también azotado. Pero, en caso de que el Congreso no adopte ninguna de estas vías, solicitaré al Congreso los mismos amplios poderes ejecutivos que se me otorgarían si, de hecho, fuéramos invadidos por un enemigo extranjero”. 

Y procedería luego a declarar un estado de emergencia que lo convertiría en un rey disfrazado, y llegaba preparado para el inicio de la segunda guerra mundial, con un Hitler financiado por los mismos oligarcas, que consolidaría el poder de la sociedad dueños del Fondo de la Reserva Federal. Ese estado de emergencia hasta la fecha está vigente.

 

 

 

 

 

 

 

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