Ricardo Valenzuela
Consciente
de que al escribir esta nota podría lucir como mi debut en ese campo tan desagradable
de los chismes sociales y, sobre todo, que trato de competir con la revista,
Hola, por donde desfila la realeza mundial, debo exponer los motivos que me han
impulsado. Lo hago porque es una historia que representa mucho mas que un
chisme. Un evento que ha sido chapeado desde filosofía, historia, psicología,
que, por increíble que parezca, ha puesto en jaque a la Monarquía Inglesa, la más
poderosa del mundo.
El vergonsozo evento que han protagonizado Meghan y Harry, tiene mucho mas de fondo de lo que hemos visto en los noticieros, porque, en primer lugar, involucra dos fuerzas políticas como son los EU con su republicanismo, y el Imperio Británico con su larga monarquía. Y una pareja que, en estos tiempos del surgimiento de sociedades cincelada con gran desprecio por la monarquía, han estado proyectando algo que puede convertirse en herramienta contra ese estilo de gobierno, incitados por lo que la pareja ha provocado. El heredero a la corona ha debido tomar decisiones fuertes para frenarlos y se enfrentan.
Una monarquía que todavía no se repone de los problemas causados por el príncipe Andrés, hermano del Rey, que le valiera ser expulsado de los contornos de la Corona. Y, para tener todos los elementos que nos indiquen claro lo que ha provocado este par, hay que conocer a quienes lo forman. La dama es una aventurera americana sedienta de todo lo que nunca había tenido, pero con una audacia peligrosa con la que cautivaría a Harry cegándolo. Se sabe había sido dama de compañía para millonarios, incluyendo al príncipe Andrés, en los tours del mediterráneo ofrecidos por Epstein.
Se sabe que ha mentido desde su edad restando casi 10 años, de dos matrimonios anteriores, incluyendo una hija concebida en el primero que ahora vive en Italia. Que ya casada con el príncipe Harry, con su gran cinismo fingiría estar embrazada portando un vientre postizo y, magia, aparecían sus dos nuevos miembros de la realeza. Dos hijos que investigadores profesionales no han encontrado evidencia de sus nacimientos en los hospitales referidos. Tom Bauer, el famoso periodista británico asegura fueron producto de inseminación artificial a una mujer que se le rentara el vientre.
Esta mujer, siguiendo un plan premeditado, con un gran poder de seducción estableció un control total sobre el ahora su marido, Henry, quien requiere varias notas. Lo convenciera de casarse con ella en una gran ceremonia aristocrática televisada por todo el mundo. Luego lo convencería cambiar su residencia a California y perseguir su sueño de conquista de Hollywood, pero, con un príncipe a su lado que sabía bien podía explotar y le abrían las puertas. Para preparar el terreno, iniciaría consiguiendo lo recibieran los poderosos entrevistadores, para masivamente insultar a la monarquía acusándola de racismo, rechazo, y era la gran oportunidad para declararse víctima del poder, la heredera de Diana.
Con ese producto tan valioso en su almacén, un príncipe pendejo, pero nieto de la reina Isabel, hijo del rey de Inglaterra Carlos III y la adorada Diana, hermano del heredero al trono, William. Ya había despertado la maldad mercantilista de ese Hollywood ya actuando como estación universal del socialismo millonario, ese movimiento que hubiera abrazado a Obama para la destrucción del pais. Y ese socialismo californiano le respondía con contratos millonarios apuntando esa fuerza de la realeza hacia sus objetivos de odio. Le abrían las puertas Netflix, Disney etcétera. Avanzaba el cinismo de la nueva Juana del Arco.
Para afianzar esa estrategia de ataque tan redituable, convencía a su cabresteado esposo de escribir un libro que, sin lugar a duda, fuera un agresivo ataque a la monarquía donde él había nacido, una interminable lista pecaminosa de la Corona y, más grave, de sus miembros citando información personal de gran sensibilidad. Ataques personales a su padre, su hermano, su cuñada, su abuela la reina madre que todavía vivía. El libro sería fuente de información secreta que rondaba en traición y casi surgiera etiquetara de enemigo de la corona, y se movilizaban las oficinas de inteligencia.
Había sido un acto que creara herramientas para los herederos de Robespierre, de Adam Wheisput, de Gramsci y toda la lista de traidores de la libertad que les abría rutas desconocidas, era ya problema de seguridad internacional. La contactaban miembros del movimiento que había formado sociedad destructiva con Obama. La asesoraron y ella sería la gran víctima del racismo imaginario que utilizaba para convertirse en mártir como Obama, el islamita, y su Michael, ahora podrían ser Harry, el pendejo, y Meghan la plebeya agraviada. La heroína del subterráneo avanzaba y parecía visualizarse como reina.
En el inter, rodeados de sus nuevos impulsadores, en California compraban una casa de casi $20 millones—no tan socialista—iniciaban la ejecución de sus millonarios contratos y Meghan, la plebeya ya con título de condesa pensaba que a su currículo le podría agregar su credencial en la lista de emprendedores millonarios que publica Fortune, y muy pronto se podrían olvidar de aquella monarquía odiosa, racista, y vivir felices.
Pero, la heroína no se daba cuenta de algo, los proyectos no generarían ganancias solo colgándoles el letrero, “duquesa de Sussex”, ni “príncipe de Sussex”. No se daba cuenta que su marido nunca había trabajado pues siempre lo habían arropado de dinero y, en su inconsciencia, pensaba que en todo sería lo mismo, y los gastos no debían moderarse. Y, más grave, ella tampoco tenía la mínima formación de negocios y, como su marido, los gastos jamás se debían reducir. Él era el clásico segundo hijo, él que no necesitaba la formación del primero. Eso lo ha estado demostrando al haberse encontrado con algo desconocido.
Se está enfrentando al fracaso total de sus proyectos, concepto totalmente desconocido para él. Y como buen psicópata mal formado rebosando de soberbia, no tiene consciencia de lo que ha hecho, de las ofensas a su familia, de las de su esposa que actúa con la misma soberbia, que no es la humildad del heredero y su bella esposa. Sin haber reconocido las ofensas a la familia, sin pedir perdón, regresan en un vuelo de $100,000 dolares pagado por el rey, derrotados, pero, exigiendo paguen las deudas de su fracaso por el monto de $70 millones. Estamos a punto de algo histórico y es solo la punta del gran iceberg.
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