Ricardo Valenzuela
Habiendo establecido que los seres humanos actúan impulsados por esas dos fuerzas, obtener placer y evitar el dolor, la primera crítica de la idea que blandía Helvétius, señalada sus enemigos, ante esa aspiración de crear una nueva rama de la filosofía, la filosofía de la mecánica o cuántica en donde fuera posible tener herramientas para, al estilo de lo establecido para la ciencia por ese sabio llamado Newton, poder lograr los mismos resultados de medición y análisis de las conductas de los seres humanos, algo que nunca se había sido explorado.
Y con ese gran paso identificando placer y dolor como motivadores de conductas, las olas de críticos de inmediato desenfundaban el problema de la moral, argumentando no podría calificarse de la misma forma de la gravedad o del movimiento de los átomos etc. Es decir, la búsqueda de placer y la evasión del dolor era un concepto muy general describiendo el esquema, las relaciones entre las mentes, voluntades y acciones de hombres, de la misma forma que la geometría es la ciencia de las relaciones entre cuerpos, ahora debían definir la ejecución de la idea que fuera acompañada por la moralidad de esas conductas. Un concepto casi imposible de generalizar, y lo primero que surgia era la necesidad de una descripción profunda de esa moral, pero, sin poderla calificar.
Había que acudir a los filósofos tan temidos como Schopenhauer, Nietzsche, Platon, Spinoza, Kant, eligiendo esa asertividad de Nietzsche quien, con toda la potencia de su mente publicaba su obra,” Genealogía de la Moral”, un tema que desde el inicio de la humanidad fuera cubierto por los clásicos prejuicios que tuviera sus primeras expresiones, pero Nietzsche lo abordaba con su estilo barbárico tan temido por infinidad de establecimientos, en su librillo Humano, demasiado Humano, la primera piedra que tiraba con potencia el filósofo.
Confesaba que por un escrúpulo muy particular que atañía a la moralidad. Un escrúpulo que se manifestaba en su vida con espontaneidad, persistencia y, sobre todo, una fiera oposición al entorno, los valores, a la época, a los precedentes y ascendencia que llamaría mi priori—mi curiosidad y sospecha, su avance se viera obligado a detenerse ante la pregunta de cual era, en realidad, el origen del “bien del mal”. Confiesa haber aprendido a separar los prejuicios teológicos de los morales, y dejó de buscar un origen sobrenatural para el mal. Habia adquirido capacidad de discriminación psicológica y preguntaba.
¿En qué condiciones inventó el hombre a su medida juicios de valor, bien y mal? ¿Qué valor intrínseco poseen en sí mismos? ¿han favorecido o perjudicado el bienestar humano? ¿son síntomas de la angustia, empobrecimiento y degeneración de la vida? ¿O, por el contrario, en ellos se manifiestan la plenitud, la fuerza, la voluntad de la vida, su coraje, su confianza y su porvenir? Ante cualquier duda consultaría a su maestro Schopenhauer que afirmaba, “la moral no consiste en dictar normas racionales sobre cómo "debería" actuar el ser humano (como hacía Kant), sino en interpretar y explicar el comportamiento real”. Y completaba señalando que “todas las acciones humanas en el fondo nacen del egoísmo (la búsqueda del placer propio o la huida del dolor personal) impulsadas por una fuerza ciega e insaciable a la que llamaba la Voluntad”.
Se enfrentarían maestro y alumno. El problema era su discrepancia en el valor de los instintos “no egoístas”, compasión, abnegación, humildad, sacrificio que Schopenhauer los habia divinizado y llegaría a elevarlos a niveles de pureza. Pero Nietzsche los rechazaba y veía en ese proceso un gran peligro para la humanidad y sus lideres diabólicos con su capacidad de tentación y de seducción. El veía en ellos el inicio del fin, la voluntad cobarde que se vuelve contra la vida. Y denunciaba esa moralidad de la compasión como el síntoma mas funesto de la civilización. Y, al estar en medio de esta lectura, yo veía claro era lo que se estaba desarrollando en Mexico, el nihilismo europeo del siglo 19 repitiéndose en este siglo 21 en un Mexico condenado por esa plaga destructora, Morena.
Esta venenosa poción adjudicándole valor especial a la falsa compasión disfrazando la moralidad con el mismo arreo, me ha provocado abrir los ojos a una gigantesca perspectiva desconocida que me ha llevado, también, a una visión de horribles posibilidades que marean como un vértigo condenatorio. El Peje se adueñó de ambos, placer y dolor, falsos, y con ellos ha logrado lo que ningún otro al provocar venta de voluntades, desconfianza, pérdida de fe y de sueños, y de la escasa moralidad que habia sobrevivido. Y surge un panorama fatal de nuevos valores sin valor, bajo los cuales deformaron la moralidad como un síntoma, una máscara, como una droga, esa moralidad como causa, como condena fatal, una enfermedad que, por primera vez, se siente el dolor del moribundo que amenaza y condena al pais.
El fenómeno del Peje y sus secuaces es haber logrado una buena parte de la población los haya divinizado y eterealizado, tanto que se transformaron a su dictado en la factoría de zombis con cerebros congelados. Yo había visto situaciones similares, pero jamás una como esta. No he podido creer el poder de la tentación y seducción de ese hombre indefinible, inentendible. Y me he preguntado ¿seducción hacía qué? En esos mismos instintos animales vi algo que permanentemente me ha angustiado, he visto el principio del fin, el agotamiento que mira sin rumbo, la voluntad que se vuelve contra la vida, la última pandemia que se anuncia con su propia melancolía. Vi claro era el camino por el que Mexico se desliza, pero no quise ver su destino.
No quise ver ese día que llegará, y desde lo mas profundo del pozo de la vergüenza todos gritemos. Adelante, nosotros también queremos ser parte de la comedia. Aquel guion desconocido que alguien se lo pirateara a Darwin, y en su filosofía, esa flor de la modernidad, el apocado y delicado principiante, se de la mano como socios y verdugos, de una manera sinigual, mostrando una expresión de indolencia, matizada con un dejo de fatiga, pues ellos no se toman estas cosas en serio. Una nueva obra o drama fellinesco, que él aprovechará como el gran dramaturgo de la comedia mexicana. Pero el premio habrá sido muy redituable y feliz se vaya a la chingada.
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