Ricardo Valenzuela
Hace unos días sucedió algo sorprendente y deberá tener repercusiones globales importantes. Nos informaba la media tradicional del ataque de las fuerzas militares de EUA, a todas las instalaciones donde Irán estaba a punto de lograr su capacidad militar nuclear, ya con una cantidad de uranio listo. Y, ante algo tan alarmante, Trump daba la orden y se procedía. Pero lo más impactante fue ver el resultado provocado por las armas utilizadas que penetraron todas sus instalaciones subterráneas atravesando una capa de roca, acero, concreto reforzado de un increíble grosor de 80 metros, ante un mundo sorprendido.
Sin embargo, ese ataque no fue el más importante que se llevara a cabo en la zona de Ormuz ese día. Hubo otro que no se le ha dado la difusión, pero, sin duda, fue mucho más importante pues se ejecutó contra el cerebro militar de Irán que, igualmente, ha sido totalmente destruido dejando a ese país terrorista acéfalo y desarmado. Un ataque ejecutado por miembros de la fuerza Delta que, no solo era también instalación subterránea, era un complejo que estaba protegido con un esquema que definía su importancia. Un contingente de sus fuerzas especiales con radares por todas partes. Un buen amigo me enviaba un video de la revisión del evento.


