Ricardo Valenzuela

“El árbol de la libertad debe ser regado de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos: es su fertilizante natural”. Thomas Jefferson
“Odio la guerra, porque la ha vivido, el soldado es el único que ha visto su brutalidad, pero, a veces es necesaria”. Dwight D. Eisenhower
Entre las grandes declaratorias en la biblia talibertaria y el más popular de sus mandamientos, es su estruendoso rechazo a la guerra, una actitud verdaderamente admirable puesto que ¿Quién no siente ese rechazo a lo horrible que representa la guerra? Solamente algún desequilibrado mental o inmoral podría amar un infierno como ese. Aunque se podría acudir a ciertas situaciones especiales en las que la guerra es deseada, provocada, manipulada, pero, no es etiqueta que se debería usar para todas. Otras veces surge la guerra inevitable, la más difícil de entender.
Una cara de esta moneda del guerrero la describe muy bien la afirmación del Peje como un mensaje para el narcotráfico de México: “Abrazos no balazos para ellos que también son seres humanos”. Con esas palabras estaba avalando la infernal guerra que de inmediato surgiría como la maldición del país, un esquema que ha provocado un sufrimiento general, una nueva cultura de valores enfermos, seducción de la juventud al sicariato, sentencia futura de una economía cimentada en el narcotráfico y las consecuencias están a la vista.