Ricardo Valenzuela
No hay duda de que, cuando decidía abrir el paquete con ese contenido tan especial y diferente, los mensajes de Jacobo Grinberg, nunca imaginé la tormenta interior que me provocaría, especialmente al coincidir las fechas con mis lecturas de los evangelios gnósticos recién dados a conocer. Esos evangelios que me presentaran a un Jesús diferente y, sobre todo, sus mensajes radicalmente apartados de los que siempre había escuchado. Mensajes totalmente orientados al desarrollo de ese individuo que lo habían privado de hacer uso del potencial divino que mantenía empolvado en su interior.
Y, después de 2,000 años de que Jesús apareciera sobre la faz de la tierra, el objetivo más importante de su corta jornada, elevar al individuo a su divinidad que siempre había residido en su interior, señalando que, quienes lo sacaran vivirían y quienes no lo sacaran fallecerían. Tristemente, puedo afirmar que, desgraciadamente, no se ha cumplido. Puesto que, esa esencia divina, para mí, es claro, ha continuado ausente, aunque puede haber ciertos desacuerdos con mi afirmación, especialmente de parte de quienes, en su miopía, sienten haber logrado todo lo que se requiere para ser feliz. Pero no el despertar del alma para liberarse del mundo ilusorio de la materia. (sin recomendar pobreza)