GRAN DESCUBRIMIENTO DE MI VIDA. ME SALVO DEL SAPO (PRIMERA PARTE)

Ricardo Valenzuela

Esto de Jesús fue Eliminado de la Biblia… y la Etíope lo Conserva I Carl  Jung - YouTube 

Después de tantos años ejerciendo ese oficio que de niño me lo reprocharan y describían, estar siempre pensando pendejadas, he llegado a esta posta del camino en la cual siento haber encontrado ese refugio que, sin haberlo tenido claro, siempre había sospechado existía y, sin las herramientas requeridas, esperaba. Y al transitar mi camino algo me provocaba cierto malestar expresado, como dicen en los ranchos, en una congoja al no encontrar respuestas en la religión que, como era usual, desde el nacimiento me la imponían exigiendo fe ciega para aceptarla. 

Y, siendo alguien que, además de escuchar a los educadores en un colegio católico y su estilo de memorizar mandamientos sin la menor resistencia, también escuchaba a un padre que, habiendo sido educado en la Europa todavía liberal en donde uno de sus profesores fuera el gran Hayek, sus mensajes y opiniones eran totalmente diferentes a los de una madre exageradamente católica, con una rutina casi militar que involucraba la misa diaria.

Lo mismo sucedía en mi gran relación con un abuelo que, habiendo iniciado como arriero, se convertía en uno de esos ganaderos latifundistas tan agredidos por las ideas revolucionarias siempre castigando el éxito personal. Un hombre rudo, pero de una inteligencia superior acompañada de su habilidad en los negocios, sus palabras, sin llevar dedicatoria especial, eran muy poderosas siempre cuajadas de un sitio único para la libertad. Pero, además, ya después mi interactuar en ese medio del empresario católico mexicano, sus conductas alejadas a las ordenadas por la iglesia reforzaban mi idea de una iglesia comodina. 

Y, habiendo mantenido aquella mala práctica de siempre estar pensando puras pendejadas, con al avanzar de los años se intensificaban mostrando nuevas fisonomías. Y al todavía con esa liga obligatoria con la religión, buscaba en tantos escenarios diferentes desde la psicología hasta la filosofía del gran gurú de la India Paramahanda Yogananda. Hace solo un par de años, me llevaría a descubrir un gran tesoro oculto, los verdaderos evangelios de Jesús de Nazaret perdidos durante 1700 años y, al conocerlos, iniciaba una nueva etapa de mi búsqueda, lo que me llevaría a lo que el gran Carl Jung describía como la noche negra. 

Ese fenómeno descrito por Jung, cuando, después de un largo transitar en medio de una pesada niebla, se presenta esa noche negra como el evento que me indicaba mi ruta que, aunque nebulosa, había arribado a un punto para entender había sido la correcta, porque, no era un descubrimiento, sino el camino para recuperar algo perdido. Y, sobre todo, avalaba mi soledad que me llevaría a ese lugar para conocer la persona más importante de mi vida, yo mismo. Podría así abandonar el lugar donde siempre me había sentido solo y desconectado. Había llegado a ese umbral que presagiaba una gran transición. Ese desconocido estado superior con el que nacemos, pero nos lo bloquean. 

Entendí el haber caminado en mi soledad no era castigo, era el camino siempre transitado por los grandes hombres, que esa soledad era el campo de entrenamiento para formar esos guerreros que llegan al campo de batalla con el coraje de un héroe y la sonrisa de un conquistador. Que las grandes tragedias en la vida, es la forma que esa fuerza celestial no envía para recuperar esa alma inmortal interior que desactivaran. Y esa soledad oculta un gran poder y utilizarla para ante los más graves peligros afirmar: “El peligro y yo nacimos juntos, y yo soy más peligroso que el peligro. Y mi guardaespaldas era Jesús.”   

Armado de mi personalidad compulsiva, con Jesús y sus verdaderos mensajes como mariscal de campo, siento que he logrado algo especial. Un verdadero coctel filosófico-espiritual en donde he mezclado las ideas de pensadores como Spinoza, Nietzsche, Marco Aurelio y de forma especial, Carl Jung y Jacobo Grinberg, para al unir la psicología celestial de Jung y el infinito poder de la mente humana descrito por Grinberg. He encontrado una receta—especial para mí—la aplicación de una terapia espiritual con el ingrediente cuántico de Einstein. Una terapia buscando resultados diferentes a los de la iglesia de Constantino. 

Un camino diferente a las creencias promovidas por la iglesia, de que somos esos viles pecadores y solo ellos nos pueden rescatar, que debemos sufrir para poder alcanzar el paraíso, pero, a futuro. Que debemos ser pobres, sumisos, ignorantes, brutos para ser bienaventurados. Falso, porque ese reino que prometen siempre lo hemos tenido en nuestro interior, que tenemos ese poder celestial para, como afirmaba Jung, individualmente poder retomarlo, pues, ha estado siempre dentro de nosotros como lo afirmaría Jesús; “el Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros. Cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, entonces caeréis en la cuenta de que sois hijos del Padre Viviente.” 

Que no es pecado aspirar el nivel del superhombre de Nietzsche que la iglesia califica pecado de egoísmo, es el individuo libre, capaz, representante de la línea ascendente de la vida, un hombre valioso y hay que alentarlo. Denunciaba la figura que la iglesia ha fomentado: el “hombre rebaño.” El de una conformidad social, de la abdicación del espíritu humano ante la presión de la masa. El que se disuelve oculto en el murmullo colectivo, el que renuncia a la chispa de la individualidad por la comodidad del anonimato, que vive, no como aspirante a creador, sino como el vergonzoso zumbido de la multitud.   

Jung definía el objetivo de nuestra vida debía ser liberarnos de ese yugo ancestral a través de nuestra individualidad, provocando que lo inconsciente se convirtiera en realidad. Y en ese proceso de descubrimiento lograríamos lo que afirmara Jesús; “Yo os daré lo que ningún ojo ha visto y ningún oído ha escuchado y ninguna mano ha tocado y en ningún corazón humano ha penetrado.” Pero luego, “El que tenga oídos, que escuche: en el interior del hombre hay siempre luz y puede iluminar todo el universo; sin esa luz reinarán sus tinieblas.” 

Y, en mi opinión, uno de los más poderosos era. “Bienaventurados los solitarios que serán los elegidos: y vosotros encontraréis el Reino, ya que de él procedéis.” No se refería a una iglesia, ni a un sacerdote, solo a ese hombre que en soledad lograría el reino. Pero, además, enseñaba técnicas y física cuántica para lograr lo mismo que él hacía. La psiquiatría espiritual de Jung que no requeriría fe para comprobarla. Y cerraba Jesús advirtiendo: "Si sacas lo que hay dentro de ti, lo que saques te salvará. Si no sacáis lo que tenéis dentro, lo que no saquéis os destruirá..”

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