Ricardo Valenzuela
Hace unos días recibí la llamada de un buen amigo con el que había perdido la comunicación, un hombre muy exitoso en todos los ángulos que se le pueda observar, un hombre inteligente y, sobre todo, muy analítico. En medio de la conversación me decía que, como yo, él también era admirador de Trump, pero, de inmediato, completaba su afirmación, “sin embargo, no tanto como tú.” La plática proseguía en la cual le surtía una información que pocos conocían, consecuencias provocadas y, en especial, el nebuloso futuro que yo veía con una ausencia de Trump.
Él me los cuestionaba y yo le respondía con más informes hasta que, al final del evento, me dice: “Chero, debo corregir la calificación de tu admiración por Trump, creo que tienes todos los elementos necesarios, los que la mayoría no tiene, para profesar esa admiración por el presidente de EU ante el gran apocalipsis que está tratando de evitar.” Al colgar el teléfono, mentalmente inicié un inventario de la historia en la que Trump había sido protagonista los últimos años, solo para reforzar esas evidencias y estar seguro de que mi admiración no se basaba totalmente en uno de mis defectos, estar siempre del lado del agredido por los gobiernos. Tampoco solo porque lo conocía.
En el año 2000, Trump publicaba su libro, “La América que Merecemos”, expresando su visión política cuyo principal objetivo era reforzar su propósito de un país diverso, multirracial, expandiendo oportunidades para todos. Con ese credo había desmentido la calumnia que el Partido Demócrata y las multitudes de sus reclutados odiadores han usado etiquetándolo con toda clase de maldades. Y escribía, “creo en el sueño americano. La experiencia en mis negocios me ha mostrado que funciona, y quiero hacer todo lo posible para que los americanos regulares puedan disfrutar de las mismas oportunidades que yo he tenido.”
“Esto es para mí el sueño americano libre de cargas de la burocracia inepta, de sus regulaciones gubernamentales, sus políticas fiscales confiscatorias, del racismo, discriminación contra las mujeres, o la discriminación de gente basada en su orientación sexual. Todos debemos tener el mismo acceso al sueño americano y nunca dejarlo morir. Porque es algo sagrado que todos merecemos, algo con lo que hemos soñado y vale la pena luchar por él.” Y agregaba: “Cuando crees y defiendes el sueño americano, te ubicas en la batalla del lado de Trump.”
Este credo definía su antagonismo hacia la izquierda destructora, que siempre lo ha rechazado abiertamente en favor de todo tipo de políticas racistas de identidad, con las que busca esa “transformación fundamental” de los EU para llevarlos hacia un estado socialista. En su mensaje estatal a la unión, que de forma clara había lanzado en su campaña del 2020, Trump juraba solemnemente: “Nosotros nacimos libres y deberemos continuar libres; este país nunca será socialista.”
Pero, los objetivos socialistas de la extrema izquierda que tomaría control del Partido Demócrata ya bajo Obama, a pesar de las advertencias del gran Krauthammer, no sería sorpresa que los demócratas crearan una resistencia nunca vista a la presidencia de Trump. En los últimos más de cincuenta años, hemos visto los avances de la extrema izquierda y, ahora, una generación cargando la culpa del racismo real del pasado, le abriría las puertas a un presidente negro marxista encabezando lo que se describía como “una larga marcha a través de todas las instituciones”.
De acuerdo con el padre del marxismo moderno Gramsci, héroe de Hillary Clinton, el derrocar el orden social existente solo se lograría gradualmente infiltrando y controlando las instituciones de la sociedad creadoras de la cultura—esas instituciones que forman la base del poder de esa izquierda que siempre ha tratado de destruir a Trump: escuelas, universidades, la media, comunidades de literatura y arte, la filantropía, la llamada “coalición de derechos,” el sector público, sindicatos, profesiones en grandes sectores del poder judicial y del ámbito jurídico. Esa larga marcha había avanzado agresivamente y estaba ya a punto de lograr su objetivo final.
Obviamente, todo esto lo había facilitado la gran recesión de las hipotecas del 2017, especialmente preparada para Obama, que le serviría bien para penetrar el sistema bancario, el de salud, incrementar la deuda y llenar la Casa Blanca de marxistas, musulmanes. Y los millones de ilegales que entraron a EU, no fue obra de Biden, fue Obama quien odia EU. Y, cuando Clint Eastwood afirmaba: “llegará el día en que, abandonando nuestra ceguera, nos demos cuenta de que Obama ha sido el causante del gran paso de EU hacia la decadencia, y lo ha dejado a solo pasos de su destrucción total”. Y deberemos aceptar que tuvo la razón.
La realidad es que se estaba llevando a cabo un Financial Coup d’État que incluía el saqueo global. Pero el saqueo más espantoso ha sido el de los EU por esos perversos intereses de la sociedad del City of London, Rothschild y Wall Street. Pero no eran los únicos, ya lo estaban saqueando los amos de Soros exprimiendo billones de USAID. Un programa que se expandiría a nivel global. Y solo faltaba consolidarlo, pero con el fracaso de Hillary Clinton, ahora apostaban por Kamala. Pero, de nuevo, aparecía Trump para arruinarles la gran fiesta, pero llegaba con armas más poderosas, pues, ya los conoce mucho mejor.
Por eso Trump para esos grupos de criminales es la peor de sus pesadillas y no lo pueden detener. Lo trataron de asesinar porque es enemigo del socialismo, de los demócratas, es odiado por los Trilaterales que hicieron rica a China saqueando a EU, ya no lo permitirá. Lo odian los globalistas del WEF que los detuvo en su ruta de conquista global. Tiene temblando a la OEA, OTAN, UE, CPI, Interpol y todos los abortos de Bretton Woods tomando sus responsabilidades ante su ineptitud y corrupción.
Lo odian los narcos ya propietarios de Venezuela, Colombia. Brasil, Nicaragua. Y el caso de México es el más interesante, porque mi país, como me lo pronosticara Félix Gallardo, además de saqueado por sus políticos, sus nuevos dueños son los narcos y contra ellos y sus políticos va Trump. Y al terminar el inventario, no siento haber exagerado mi admiración por el presidente. Aunque debo reconocer me ha creado muchos enemigos.
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