ENCONTRAR EL CAMINO VERDADERO ¿BUDA O JESÚS?

Ricardo Valenzuela

Job, Buda y Jesús: Navidades ecuménicas, pero no iguales 

Desde que tuve la oportunidad de enterarme y, poco después, la bendición de acceder a la lectura los evangelios gnósticos encontrados en 1947, al transitar esa ruta, lentamente inicié el proceso reflexivo que me señalaría una gran coincidencia de las enseñanzas de Jesús con la filosofía oriental, especialmente con el budismo. Y creo yo era ya un campo muy fértil para identificar la coincidencia porque, durante los años 90, en mis largas estancias en Nueva York, por invitación de un amigo tuve la fortuna de conocer a uno de esos impresionantes líderes budistas. 

Al asistir a una conferencia tuve la oportunidad de escuchar al famoso Yogi Sivaya maestro espiritual del budismo tibetano. Lo que escuchara de ese hombre me inspiraría, en especial ese bello concepto de individualidad espiritual. Y, de inmediato me sumergía en la lectura de todo lo que estuviera disponible. Así conocí los increíbles e inspiradores mensajes de Yogananda, como, “cambia tu y habrás cumplido tu tarea para cambiar el mundo.” Y sintiendo algo me lo exigía, acudí a las viejas notas que había acumulado en aquellos años y, al leerlas, mi identificación de los mensajes de Jesús, especialmente los del evangelio de Tomás, reafirmaba esa coincidencia.

El budismo se fundamenta en tres pasos que son los cimientos que Jesús, en sus 12 años en el Tíbet, llegó a conocerlos y practicarlos a nivel de maestro. El primero de tres pasos del budismo es una fe en el potencial de la mente humana, fe que debe nacer desde el inicio y se debe mantener siempre como una práctica de vida. Pero es una fe diferente a la requerida por todas esas religiones, porque las religiones demandan una fe por un ser supremo, para luego también aceptar diferentes dictados en relación con su naturaleza, atributos, y hechos, en lo que se conoce “fe en otro.” 

La fe del budismo acude a fortalecer un individualismo espiritual de gran responsabilidad con un llamado similar al de Jesús. Todo lo que se necesita para desarrollar esa conciencia superior, está nuestro interior y es nuestra responsabilidad, de nadie más, el encontrarlo, conocerlo, desarrollando para trascender. La religión nos declara incompetentes, ignorantes ya cargando con un inventario de pecados que nos aniquilan con la culpa. Entonces, en medio de nuestra ineptitud, necesitamos quien nos tome de la mano y nos lleve por el camino celestial. Mercado cautivo para el gran monopolio del perdón de los pecados.   

En contraste la fe del budismo significa fe en nosotros mismos. De acuerdo con el budismo, cada ser viviente tiene una naturaleza del Buda, el potencial de convertirse en Buda. Y todavía no lo hemos logrado porque no tenemos conciencia de nuestra naturaleza interior. La fe que requiere el budismo zen significa fe en la naturaleza buda dentro de nosotros y, cultivando la ruta enseñada por el budismo, siempre encontraremos ese estado superior. Pero, ese descubrimiento no es fácil. Requiere trabajo incansable, una lucha larga y difícil dentro de nosotros mismos. Y, por ser ruta individual es difícil y muchos la abandonan. 

Por eso la fe es tan necesaria. Es lo primordial y lo más importante para creer en nuestra propia capacidad latente, y finalmente descubrir que la semilla de iluminación está en nuestro interior. Y nunca abandonaremos esa fe no importa los obstáculos, internos o externos, que debamos encontrar en el camino. Y, al dudar si somos capaces. Debemos recordar buda fue un hombre como nosotros. Su sangre era roja, sus lágrimas amargas, su cuerpo y mente no eran diferentes a los nuestros. Antes de su iluminación tenía pasiones, problemas, dudas. Pero a través de meditación se cultivó a sí mismo y descubrió su naturaleza. 

Por eso Jesús afirmaría: “No busquéis el reino de los cielos en el exterior, pues el Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros. Cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y caeréis en la cuenta de que sois hijos del Padre Viviente. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, estáis sumidos en la pobreza y sois la pobreza misma.”   

Nosotros también, aun con todos nuestros problemas, con todas nuestras debilidades, con nuestras barreras, tenemos el potencial de convertirnos en budas. Porque tenemos el poder latente para desarrollar esta verdadera fe y podremos seguir avanzando hacia lo deseado, y nunca habrá barrera suficientemente grande que nos detenga. Por eso Jesús decía: “El que busca no debe dejar de buscar hasta que encuentre. Y cuando encuentre se estremecerá, se llenará de admiración y reinará sobre el universo.” 

Mucha gente cree que el hombre es una creación del ambiente. Pero, el zen budista responde afirmando que es el hombre quien crea ese ambiente y, por lo tanto, es el hombre quien se crea a si mismo. En lo que nos convertimos como individuos depende de nuestras propias mentes. En lo que se convierta el mundo depende de las mentes coordinadas de los hombres. A través de la dirección de nuestras voluntades, con la facultad formativa de la mente podemos cambiar el mundo y hacerlo mejor y nosotros convertirnos en mejores seres humanos. Jesús afirmaría: “El que tenga eso en su interior, si lo saca se salvará. Pero el que tenga eso en su interior, si no lo saca, se condenará.” 

Los budistas afirman Samsara es Nirvana y Nirvana es Samsara. Y si el mundo es Samsara o Nirvana depende de que nuestra mente está iluminada o en tinieblas, si nuestra mente está iluminada el mundo será Nirvana, si nuestra mente está en tinieblas, el mundo será Samsara en su miseria y su dolor. Si nuestra vida es brillante o nebulosa es resultado del estado de nuestra mente, no del estado del mundo. Entonces, debemos buscar el transformar nuestra mente para provocar su despertar. Esto requiere desde el principio una gran fe, fe en nosotros y en los poderes latentes de la mente. Jesús afirmaría: “Ningún profeta es aceptado en su aldea; ningún médico cura a aquellos que le conocen, y si un ciego guía a otro ciego, los caerán a un hoyo.”  

Jesús no vino a formar una religión tampoco una iglesia para que lo adoraran. El verbo está en todas partes y él lo afirmaba: “Yo soy la luz que está sobre todos. Yo soy el universo: el universo ha surgido de mí y ha llegado hasta mí. Partid un leño y allí estoy yo; levantad una piedra y allí me encontraréis.” Insistían sus discípulos ¿Cuándo llegará el Reino? Dijo Jesús: “No vendrá con expectación ni tocando trompetas, el reino del Padre ha estado siempre extendido sobre la tierra, pero los hombres no lo han visto.” El buda o el Jesús dentro de nosotros.

  

 

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