DOLOROSA RADIGRAFIA MUNDIAL Y MEXICO (PRIMERA)

Ricardo Valenzuela

Porfirio Díaz Mori – Tribuna de Querétaro 

Al abandonar la cama temprano esta mañana, al hacer lo que nunca hago tan temprano, encendí la TV para encontrar algo que se ha convertido en material escaso, el material que aporta para iniciar el día con una buena actitud. La trasmisión en vivo de un evento en el cual el vicepresidente Vance se dirigía a una gran multitud de gente, no en EU, sino en la capital de Polonia y, de repente, toma su celular y le marca al presidente Trump quien no solo contesta, sino aprovecha para dirigir un mensaje a los polacos que explotaban en su euforia. 

Porque, el mensaje de Trump sería una lección de historia de ese bello país que es Polonia, y lo identificaba como un ejemplo de lucha ante la adversidad pues, fue donde se originó la segunda guerra mundial, su caída ante el nazismo sangriento, después a ese infierno destructor del comunismo soviético, su desahije del mal y, cómo un país vejado y casi destruido, en estos momentos lucha para recuperar su vieja gloria bajo ese verdadero líder, Víctor Orban. La multitud al oír al presidente describir su ejemplo liberatorio y pedirles no permitir los manipulara la burocracia de Bruselas, explotaba en una euforia contagiosa.

El evento me provocaba una reflexión especial. Porque en estos momentos, ante un sobrio panorama en EU de tantos criminales apostados en el partido demócrata liderado por Soros, quien da las órdenes y paga, histéricos ante las acciones liberadoras de Trump, presionados por ese fatal globalismo y, sobre todo, ante la aprobación de la debida identificación para votar, ya inician sus clásicas acciones desesperadas pidiendo, como tantas otras veces, que sea removido de la presidencia. Porque, ante sus visiones y conocida cobardía, les ordenan protestar pues está arruinando la entrega mundial a los peores criminales de la historia que, como a ellos, también han narcotizado a las multitudes. 

Y ahora quiero hacer algo, aunque me lleve varias notas. 

Creo es hora de partir del punto que debería ser ese inicio de la verdadera salvación del mundo de las manos de los criminales. Para eso necesitamos regresar al molde del presidente Reagan cuando, frente a frente, les preguntara a los ciudadanos de EU ¿Están ustedes mejor que hace 4 años? Y la gente rugía con un estrepitoso NO desde lo profundo de su ser, cuando suplicaban el cambio. Pues en estos momentos debemos de hacer la misma pregunta, pero, no solo en EU, sino a toda la humanidad. Y para que la respuesta sea apegada a la realidad, la gente primero necesita conocer esa realidad de este mundo que han estado engañado por tanto tiempo. 

Porque, sin este colador de la verdad, si la pregunta se hiciera en estos críticos momentos, las respuestas emergerían infectadas por esa diabólica programación que ya provoca que la gente, invadida por ese nihilismo europeo centenario y destructor, ya convencida que la desesperada situación del mundo, cortesia de su larga lista de falsedades, es algo natural de los complicados ciclos históricos. Y ese nihilismo, tan bien explicado por el gran Nietzsche, provoque de forma antinatural la aceptación de ese sufrimiento que, como lo describe la iglesia, es el precio de la salvación futura. 

Así, hemos visto inermes una Cuba que, transitaría desde los años 50, cuando partía siendo la nación más avanzada de AL con impresionantes estadísticas que, como los números, no tenían discusión. Para arribar al presente, después de casi 70 años del castrismo destructor, a un país que, al haberse terminado las limosnas de otros países que habían sostenido su maldad, está a punto de un colapso de proporciones históricas, y todavía tiene sus admiradores. Y, desgraciadamente no es el único ejemplo. 

Y ese dramatismo lo vemos también en Venezuela que, con las reservas de petróleo mas grandes del mundo, las de oro entre las principales del mundo, habiendo tomado el lugar de Cuba del éxito latinoamericano, en estos momentos es la personificación y el resultado del chavismo que, cegado por admiración a Fidel Castro, ahora lo muestra como el país donde la gente come de los basureros. Un país de una inmoralidad que lo convirtiera en el comando del narcotráfico continental. Un país que, durante el chavismo, recibiera ingresos de $800 mil millones de dólares del petróleo que nadie puede explicar donde terminaron. 

Un Mexico que, Porfirio Diaz lo sacara de las cavernas y le daba una amplia plataforma de su despegue en 1910, un país que su moneda, el peso mexicano de oro, circulara por todo el mundo, sin deuda, con una economía que le permitiera a don Porfirio no doblegarse ante las exigencias de un presidente Taft. Ese país identificado como cuerno de la abundancia por sus recursos naturales. Para llegar a ser una nación regida por el narcotráfico en manos de políticos criminales. Un país que ha sostenido su corrupción y su ineptitud con $80 billones anuales que envían sus hijos expulsados a EU. El país que, ante un auditorio, Milton Friedman bautizara como de la eterna mediocridad. 

Y cuando vemos que, a pesar de los fracasos ten insultantes de criminales cínicos, nada cambia. En Mexico durante los últimos cuarenta años vimos neoliberales del PRI, conservadores del PAN, los nuevos abanderados grises del PRI, y finalmente los socialistas de Morena, todos provocando fracasos y hundiendo el país a negras profundidades de corrupción. Es ahora cuando debemos profundizar en nuestra reflexión. Porque, cuando el curso de la civilización toma direcciones inesperadas, cuando, en lugar del continuo progreso que siempre hemos esperado, nos encontramos amenazados por algo tan diabólico que solo conocimos en el barbarismo, de forma natural culpamos todo menos a nosotros. 

Si los resultados no fueron los que buscamos, si en lugar de libertad y prosperidad, tiranía y miseria explotan ante nuestros rostros. Y así surgen los culpables, pero debemos ver algo claro con honestidad, que las ideas que fueran comunes para la gente buena y determinaran los grandes cambios globales, en nuestro caso no funcionaron, aceptamos cualquier explicación excepto una, que la situación actual del mundo o de cualquier país pueda ser resultado de nuestros errores. Y, lo más importante, darnos cuenta abandonamos aquella insipiente libertad recién nacida en asuntos económicos, y sin ello la libertad personal y política no pueden existir y siempre fracasamos. 

Es hora de corregir el rumbo sin temer a las fuerzas que siempre nos han bloqueado el verdadero camino. Algo grande está por suceder.

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