Ricardo Valenzuela
Una de las verdades más impactantes que reside en lo profundo de los seres humanos, es el ancestral odio que los mediocres siempre han portado hacia quienes en la vida han alcanzado el éxito en los diferentes escenarios. Y esos actores, blandiendo su envidia y su frustración, de forma muy especial afectan negativamente las economías cuando sus acciones son motivadas por pasiones tan destructivas y, además, así aportan otro ingrediente cuando nunca aceptan responsabilidad por sus fracasos.
Economía es una ciencia cuyos cimentos se establecen en la acción humana, lo que involucra un profundo estudio de las conductas de los miembros de la sociedad, incluyendo en ese capítulo especial donde brota una de las pasiones más destructivas de la humanidad. Pues la edificación de ese odio primero nace con su fiel compañera, la envidia, que deriva en un conjunto de acciones demoledoras. Aunque para algunos son ejemplos admirados, pero para la mayoría su éxito es injusticia porque en su ignorancia no entienden la verdadera creación de riqueza.
Se modificaba el concepto marxista de valor centrado solo en la cantidad de trabajo dedicado por el obrero. Pero Adam Smith lo cambiaba centrándolo en oferta y demanda, ese valor subjetivo del intercambio de valores estructurados por el mercado que los califica. Con esa base nacería otro importante concepto económico, la división del trabajo. El mismo trabajo pasaba a cotizarse en el mercado según habilidades. La acción humana es una conducta consciente, voluntad movilizada transformada en acción que pretende lograr ciertos objetivos. Una reacción consciente ante ciertos estímulos. La naturaleza de esa acción es decidir las conductas intencionales para mejorar.
Pero los que basan sus acciones en variables equivocadas porque su esquema es erróneo, fracasan y se inicia un círculo vicioso que alimenta sus resentimientos y conducen a fracasos más grandes. Así nace la envidia y el gran resentimiento contra los exitosos, porque ellos sí identificaron el costo de oportunidad, y la forma en que deben utilizar sus herramientas para crear valor que se convierte en capital. Ese capital representado por riqueza creada y no consumida que se acumula. La formación y acumulación de capital es la base del exitoso, y en esa área no tienen competencia. Es cuando los mediocres acuden al gobierno para que los nivele, otros simplemente se hacen ladrones profesionales.
Y de esa forma ha nacido y se ha desarrollado el gran negocio de los gobiernos, los pobres de los países. Y lo último que pretenden esos gobiernos es terminar con la pobreza, porque, al ritmo que crecen los pobres, crecen los presupuestos sociales y los negocios de los políticos con sus Fundaciones saqueadoras y bienvenidos los fracasados que los hacen millonarios. Entonces, políticos deshonestos y mediocres profesionales se unen contra el enemigo común, ese exitoso que llega a desafinar la orquesta. Pero, aun en ambientes tan negativos, los emprendedores han sobrevivido y ha crecido ese odio.
Y sus enemigos se dividen en varios grupos. Los primeros son la clásica plebe de la época romana que nacen en medio de esas condiciones de pobreza que la aceptan como tradición, son los derrotados, indigentes materiales y espirituales que lo único que pretenden es que el gobierno no los desampare, la materia prima de los gobiernos para sostenerse. Los segundos son esos miembros de la plebe con la habilidad de conseguir trato especial del gobierno, o trabajar para el gobierno, su vida depende de eso y se conforman con poco, son las burocracias operando como soldados de los políticos en la cúspide de los gobiernos.
Siguen los negociantes estatistas socios de los gobiernos que se han “desarrollado” como sus contratistas. Una clase donde se confunden y se deprecian los verdaderos conceptos empresariales con los llamados free lunch. Ese misterio que revela como las políticas gubernamentales y de gasto llegan a lo más profundo de las raquíticas carteras de los muchos, para beneficiar a los pocos socios ya millonarios. Cómo a través de sus desregulaciones, surgía silenciosamente un nuevo estado regulador que obstaculiza la competencia, deprime sueldos y premia malas conductas.
Son cada vez más los que se benefician con su free lunch, pero, por supuesto, siempre se niega esa realidad, pero los muchos que batallan para sobrevivir pagan las facturas. Vemos los ejércitos de cabilderos y abogados representando el 0.1% de elementos manipulando gobiernos a expensas del 99.9% que paga. Y esos profesionales influenciadores de gobiernos es una de las industrias con mayor crecimiento global. En EU reciben cientos de millones en honorarios, en el tercer mundo los reciben de mordidas, coimas, pero, lo que no se mide, es el costo económico.
Y el verdadero emprendedor cada día es más odiado, no solo por los mediocres, sino por esas nuevas castas nacidas de los gobiernos cada día más corruptos y poderosos. Los gobiernos sin tocar el dinero pueden provocar grandes transferencias de riqueza en la economía, y el mejor ejemplo es USAID. Es cuando nace el peor ataque a los exitosos. Como el canto de las sirenas, los invitan a ganar billones sin enfrentar ese enemigo tan odiado por los mediocres, riesgo, incertidumbre, inseguridad natural de los mercados libres no los que el gobierno controla. Así vemos antiguos emprendedores como Bill Gates, entregado a los gobiernos del mundo porque no puede controlar su diabólica ambición que llega a los niveles de aniquilación de poblaciones.
Ha estado feneciendo la realidad que tradicionalmente había sido base de la creación de esos emprendedores libres, independientes, asertivos, valientes, morales. Los que produjeran riqueza que no fuera gastada, de esa forma acumular capital, ampliar sus negocios, invertir en incrementar productividad, desarrollo de sus empleados, penetrar nuevos mercados. No como los que, como muchos otros, se han sumado a los villanos billonarios y sus fariseos en Wall Street, para gozar de las ganancias falsas que han estado generando.
Y, lo más triste, ya no son admirados, porque quien los debía de representar, ahora es un iluso que se alejó de su fortuna billonaria para penetrar ese gobierno que estaba arruinando su país. Algo que debería ser admirado, es lo que ha incrementado el odio, no solo de los perdedores estilo California, también odio potenciado por el miedo de los gobiernos narcos de Venezuela, Cuba y, de forma especial, el desriendado gobierno de Mexico ante quien no solo amenaza, cumple sus amenazas.
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