Ricardo Valenzuela
Durante muchos años siempre pensé que Pitágoras había sido uno de esos numerólogos de gruesos lentes, encerrados en algún laboratorio sin más atributos que lo pudieran distinguir. Pero, hace pocos años me daría cuenta de mi grave error pues me daba cuenta Pitágoras había sido uno de los personajes más grandes de la historia. Pues, además de matemático, fue un gran filosofo y, sobre todo, el proceso tan personal que él seguiría para educarse, debería ser ejemplo para este mundo de fallidos educandos, de cómo se forman los grandes hombres.
Después de recibir la educación básica supervisada por su padre, que incluía maestros del calibre de Tales de Mileto y Anaximandro, quienes le despertaran su amor por las matemáticas. Y ya con esa inquietud por los números y las fórmulas que sus tutores le mostraban era algo más que una simple medición, en medio de un mundo en caos y explosiones, decidió que su tarea debía ser armonizarlo y equilibrarlo. Y para adquirir las herramientas, iría a Egipto donde residían los sacerdotes con las armas mas poderosas, la sabiduria. Y solo después de pasar duras pruebas sería aceptado en su programa secreto.
Afirmaba que, al ver las enormes pirámides, lo invadía una fuerte intuición, casi una tenue voz, que lo haría sentir esas monumentales obras tendría una base y cimientos en las matemáticas. Después de sorber la sabiduria egipcia durante largo periodo, viajaría a Babilonia en donde se sumergía a otro océano de sabiduria y, al visitar el Oráculo de Delfos, el santuario más importante de la antigua Grecia que se ubicaba en las laderas del monte Parnaso consagrado al dios Apolo, la sacerdotisa, conocida como la Pitia, le afirmaría que sería un hombre que dejaría una huella profunda para la humanidad.
Finalmente regresaba a Grecia en un largo viaje por el mar Egeo, se establecería en Crotona donde rápidamente se crearía una reputación, no solo de genio, sino de un hombre de una gran disciplina proyectando gran ejemplo. Y pasaba a establecer su centro de enseñanza conocido como “la hermandad pitagórica”, en la que eran aceptados tanto hombres como mujeres, tendría un gran impacto e influencia en los gobernantes regionales, pensadores e incluso artistas, matemáticos y artesanos. Su instituto, operando casi como monasterio produciría los elementos más completos que llamaría esa atención inconveniente.
Su instituto sería pionero al aceptar mujeres como estudiantes al mismo nivel de los hombres, con las mismas tareas y responsabilidades. Bajo la responsabilidad de su esposa, serían conocidas como las guardianas de la pureza y la moralidad, puesto que era parte importante de su programa, promover la salud de alma y cuerpo y así desafiaba las normas de género tradicionales. En su casi monasterio se promovía el silencio que invitaba a la meditación, la purificación del alma, su desarrollo espiritual y activar el cerebro visitando su sitio especial de Tetrakis.
Tetrakis era símbolo filosófico sagrado central en la escuela. Un triángulo equilátero formado por 10 puntos organizados en cuatro filas (1, 2, 3 y 4 puntos), de gran importancia desde el punto de vista matemático, pues era la base para entender el universo, el número 10 resultante de la suma teosófica (1 + 2 + 3 + 4 = 10) representaba la totalidad y la perfección cósmica. Un diagrama también simbolizaba los cuatro elementos (fuego, aire, agua, tierra), los intervalos musicales básicos y las cuatro estaciones del año, formando la base de su comprensión del universo.
Pitágoras afirmaba que las matemáticas era la ruta hacia el conocimiento del universo, sería a futuro la medida de la actividad humana transitando siempre por las diferentes avenidas del mundo. Todo se podría expresar con fórmulas y ecuaciones con las que se podría medir el universo. Fue cuando surgiera su teorema de Pitágoras estableciendo que, en todo triángulo rectángulo (un triángulo con un ángulo de 90 grados), el cuadrado de la longitud de la hipotenusa (el lado más largo) es igual a la suma de los cuadrados de las longitudes de los otros dos lados llamados catetos.
Para Pitágoras las matemáticas eran lo que se podía conocer y está en el mundo que nos rodea, lo que lo hace, también, posible sujeto de estudio. La música de las esferas se refería a que la música era matemática, así como la traslación de los objetos celestes. Podemos pensar que la mecánica cuántica con sus espectros discretos y energía en paquetes es un regreso al número entero, es, desde el punto de vista físico, revuelta contra ciertas ideas, tal vez las que surgen del cálculo de Newton y Leibniz. Un experimento mental muy sencillo revela la importancia del Teorema de Pitágoras en la teoría de la relatividad especial de Einstein.
Pitágoras con sus matemáticas le daría a la filosofía cimientos que originalmente sus teorías requerían puesto que, la precisión de las matemáticas no deja campo para debatir. Sus aparentemente atrevidas afirmaciones matemáticas sería una puerta para genios del futuro como Leibniz quien fuera un sabio alemán —matemático, filósofo, científico y diplomático— a quien se atribuye, junto con Isaac Newton, la creación del cálculo, además de muchas otras ramas de las matemáticas como la aritmética binaria y la estadística.
René Descartes, ffilósofo, científico y matemático francés, considerado una figura fundamental en el surgimiento de la filosofía y las ciencias modernas durante el Renacimiento. Abanderado del mecanicismo en filosofía que se presenta en dos variedades distintas. Ambas doctrinas metafísicas, pero difieren en alcance y ambiciones: la primera es una doctrina global, la segunda es una doctrina local sobre los seres humanos y sus mentes. Para mayor claridad, podemos distinguir estas dos doctrinas como mecanicismo universal y mecanicismo antrópico.
Einstein demostró una profunda fascinación por el Teorema de Pitágoras (a² + b² = c²) durante su adolescencia. A los 12 años, aprendió y elaboró su propia demostración de esta ley geométrica, fascinado por la claridad de la lógica matemática. Einstein utilizó conceptos derivados de la geometría pitagórica para estructurar el espacio-tiempo en su Teoría de la Relatividad, donde el intervalo espacio-tiempo se calcula de forma similar a la hipotenusa de un triángulo en cuatro dimensiones.
A Pitágoras su éxito lo destruiría. Al estar produciendo mentes independientes, los oligarcas lo expulsarían de la ciudad después de expropiarle sus activos. Ahora nos manejan con algoritmos.
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