Ricardo Valenzuela
En solo unos meses estaré arribando al aniversario número 38 de mi sobriedad y, a pesar del consejo de algunos amigos de cuidar mi imagen para no ventilar esta debilidad, lo hago con un gran orgullo, puesto que, habiendo sido un verdadero calvario, fue un calvario totalmente alejado del sufrimiento de los años anteriores y, el concepto de imagen, debilidad o apariencia, para mí ahora tienen significado diferente en la configuración de mis nuevos valores. En todos estos años, incansablemente yo había buscado algo, no solo sin poder encontrarlo, sino sin saber que era ese algo.
Ese nebuloso algo tan bien descrito por Jack Palance en la cinta City Slickers, cuando, en el rancho donde trabajaba, ante las preguntas de unos citadinos aspirantes a vaqueros, les dice que todos perseguimos algo en la vida y, al no especificarlo claro, los novatos frustrados le preguntan ahora ¿qué es lo que buscamos? El viejo vaquero sonriendo responde, eso es algo que ustedes deberán encontrar. Así transité por todos esos caminos, bebí agua de todos esos manantiales, pero sin perder de vista mi objetivo a pesar de muchas frustraciones al no localizar ese algo, hasta que sentí haberlo encontrado.






