Ricardo Valenzuela
No hay duda de que nunca en la historia de EUA, había ocurrido un fenómeno tan particular y difícil de interpretar. La manifestación insana de una explosión de odio hacia el presidente Trump, no solo del nuevo partido demócrata marxista de América, sino de los rinos de su propio partido, los no afiliados, hasta los famosos talibertarios maquillados, todos contagiados por ese letal virus “Trump Derangement Syndrome” y, sobre todo, con varios intentos de asesinarlo. Y es cuando yo pregunto: ¿Cuál es el verdadero origen de este odio enfermizo que, repito, jamás se había atestiguado?
Y como dicen en el rancho, hay mucho estafiate en la milpa y, para saber cómo brotó, hay que sacarlos enteros y ver sus raíces y, de nuevo, pregunto: ¿Qué es lo que ha hecho Trump diferente a lo que hicieran los presidentes de los últimos 80 años? Y me llega una clara y tajante respuesta: “Todo”. Ha zarandeado fuerte esa red del pasivo conformismo que, durante esos 80 años, ha permitido que una fuerza ajena haya operado avanzando la paralización del mundo, sin que nos demos cuenta porque nos programaron.
Desde finales de la Segunda Guerra Mundial que nos surtiera la primera jaula continental, la Unión Europea, que había sido el sueño de Hitler. Después, los acuerdos de Bretton Woods con sus frenos atravesados, el FMI, Banco Mundial, acuerdos anunciando la Organización Mundial de Comercio, el nuevo sistema monetario mundial del dólar. A Europa, para que no se sintiera tan sola, años antes le habían creado la Rusia de Stalin con el soporte financiero de los mismos oligarcas que llevaron a Hitler al poder.
Y con ese nuevo batarete nos cambiaban el verdadero esquema de valores, que, en mi opinión, ha sido el triunfo más grande de los carceleros. Y la primera víctima de lo que llamaron su guerra silenciosa fue el asesinato del concepto de libertad, para dejarla en harapos. Y para reforzar los comportamientos que nos dictaban, formaban organizaciones con esa importante función. Una de las primeras sería el Bilderberg Group, cuyo fundador fuera un exnazi miembro de las temidas SS, Bernardo de Lippe-Biesterfeld, que después de la guerra contraía matrimonio con la heredera de la corona de Países Bajos, princesa Juliana.
En una de sus secretas reuniones a la cual un periodista tuvo algún acceso, la lista de invitados era de calibre: Jean Chretien, primer ministro de Canadá; Henry Kissinger, de EU, Giovanni Agnelli, presidente de Fiat, David Rockefeller; George Soros; William Perry, secretario de Defensa de EU, Mario Monto, de la Unión Europea; y, por supuesto, Bernardo con su esposa Reina de los Países Bajos. En esa reunión se analizaba una declaración unilateral de independencia de Quebec, con el objetivo de formar una unión continental con EU que todavía tiene vigencia. Hitler quería monopolio de todo el mundo; ellos heredaron la querencia.
Bilderberg es una organización cercana a la Comisión Trilateral de Rockefeller y a su Council of Foreign Relations, que en ninguno de sus artículos de incorporación mencionan empresa o mercado libre ni alguna otra forma de libertad individual. Y de nuevo pregunto: ¿Cómo el marxismo, con su sistema de igualdad económica y social, puede fascinar a Rockefeller? Él no solo es rico, porta gran educación superior. Conoce los fracasos del marxismo de Stalin y la esclavitud de millones.
¿Por qué deberíamos creer en las contradicciones de Rockefeller, Morgan, Rothschild? Los pilares del sistema de mercado libre, apoyando y financiando voluntariamente esa revolución destructora, anticapitalista, antilibertad del comunismo. ¿Cómo Occidente, el templo del capitalismo y de libertad, se puede beneficiar? Es sospechoso. La palabra mágica ha sido siempre, “monopolio”. Pero un monopolio que no solo controle el gobierno, que controle todo: sistema monetario, estructura de la propiedad, un monopolio que, como sus corporaciones, se perpetúe para ser eterno.
Un monopolio similar al de la Iglesia de Roma. Los grandes negocios del mundo inician consiguiendo un monopolio. Y para cubrir apariencias, siempre han mantenido la falsa idea de que los revolucionarios globales y los oligarcas internacionales se odian y son feroces enemigos. Y, entonces, surge el secreto: la consolidación de una sociedad entre monopolio global capitalista y revolucionarios internacionales del socialismo es y siempre ha sido para beneficio de ambos.
Los globalistas consiguen la perpetuidad de sus monopolios porque entienden que el control requiere una sociedad estática, de gente conformista, paralizada. Una sociedad libre forma gente ambiciosa, con aspiraciones molestas, que quieren competir; son amenazas que hay que resolver. Entonces, a base de legislación, ellos restringen impulsos empresariales, pues arruinan los esquemas de impuestos que manejan a través de fundaciones siempre exentas. Por eso todos esos negocios medianos deberán terminar contra la pared y endeudados, hasta que los problemas los asfixien y comprarlos baratos. A otros se les entregan juguetitos para que se entretengan y no molesten, y hay que vigilarlos.
El mundo entero está controlado a base de monopolios, algo que los colonos americanos odiaban con una fuerza que los llevó a enfrentar al ejército más poderoso del mundo. Por eso las monarquías, desde el siglo 19, habían decidido destruir a EU. Y ya tenían todas las herramientas, el FED (el monopolio más diabólico), control de los dos partidos. Instalaron a Obama. Con la manipulación de la economía, tomaron control de Wall Street; con sus armas silenciosas se apoderaron de las mentes para cambiarles la visión.
Esos rebaños que todo lo que han vivido lo consideran normal (no hagan olas). La mediocridad aceptada como la normalidad. Esas manadas que creen ser libres porque se pasan los semáforos en rojo, se estacionan en doble fila. Los clásicos que no quieren alborotadores estilo Andrew Jackson, Teddy Roosevelt, John F Kennedy. Y habían temido la aparición de otro atrevido. Y, magia, se rescata Venezuela, Colombia, Argentina, Chile, Perú y lo que falta.
Y de repente llega el gran disturbador. Ese que de forma especial definían Rockefeller y Rothschild, esos alborotadores con los que peligran sus organizaciones perpetuas que tanto les ha costado construir. Porque la sociedad que domesticaran es la que definía Thoreau: “La mayoría de los hombres caminan por la vida sufriendo una silenciosa desesperación”. Es la sociedad que está despertando.
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