Ricardo Valenzuela
Si la materia prima de esta corporación global estaba defectuosa, nos deberíamos preguntar ¿Debemos darle los santos óleos al enfermo que Jesús quería rescatar de las fauces de los arcontes? Una pregunta de una amplitud difícil de responder, porque, para hacerlo responsablemente, hay que tener un gran caudal de información de una materia prima que debería de involucrar historia, geografía, filosofía, psicología, religión y muchas otras áreas que han cincelado ese monumental producto que son los seres humanos que forman la humanidad.
Creo que debemos de partir dejando claro que, el cerebro humano tiene 100 billones de neuronas y cada una de ellas con una capacidad mayor de cualquier computadora, de las cuales solo usamos menos del 10%. Por eso en sus mensajes Jesús insistía en llamar la sociedad, cerebro, corazón, glándula pineal, como ese reino celestial en nuestro interior. Y el claro objetivo era alcanzar esa conciencia superior que no teníamos, pues el cerebro era solo el lugar donde se alojaría al haberla logrado.