Ricardo Valenzuela
En la marcha de las naciones a veces surgen los llamados disturbadores que emergen para cimbrar los cimientos de los países, en situaciones donde es muy claro los cimientos no sostienen el peso de la construcción y, en su momento, el edificio nacional llega a punto de un doloroso derrumbe. Y es cuando cobra importancia llevar a cabo una definición porque hay elementos que provocan disturbios, pero solamente para aportar a las miserias de las sociedades, y hay que identificarlos y etiquetarlos como lo que son, agitadores profesionales que llegan con cadenas más pesadas.
El disturbador real es el que rompe los esquemas que han probado ser los equivocados para las sociedades, certeras para los que pretenden controlarlas y nunca cambien, los reales cimbran cimientos, conciencias, e ideas ancestrales para apuntar hacia ese paraíso de las naciones prósperas, generadoras de riqueza, de libertad y, en especial, justicia sazonada de moralidad. En ese exclusivo y escaso grupo tenemos un Lee Kuan Yeu, el padre de Singapur, y la lista es muy corta porque, para llegar a ese Partenón, todos los objetivos logrados deben haber tenido permanencia. Y es el caso de Singapur con un programa que llega a 60 años y los ejemplos de corta vida son muchos.