Ricardo Valenzuela
Cuando sentí haber llegado a un punto especial de mi ruta que he llamado camino de la revelación. Algo que después de cabalgar por todos los centros de ideas diferentes pensando que, finalmente, encontraría esa elusiva fuente de sabiduria. Esa fuente donde deberían fluir las respuestas que le diera luz a la oscuridad de mi búsqueda, para identificar el veneno con el que deformaran a la humanidad. Un remedio para un mundo ausente de lógica, del pensamiento inteligente, cortesía de los venenos con los que, durante siglos, se habían vertido en los manantiales donde bebe la humanidad. La toxina que ha producido las sociedades actuales sin su capacidad de pensar, analizar, evaluar.
Y este proceso ha resultado en un mundo sujeto a las situaciones mas destructoras de los principios básicos con los que la misma naturaleza nos dotara. Y, haciéndolas a un lado, entregarnos a las primitivas conductas que claramente definen una humanidad que ha sido inoculada con el peor virus que se manifiesta en un avance de su autofagia moral, intelectual, de los valores que deben regir la vida. Y habiendo llegado a nivel de crisis, las sociedades han procedido a una inmolación colectiva, al suicidio de sus facultades cerebrales, del pensamiento lógico y, mas grave, un suicido espiritual, intelectual y moral. Se ha perdido la brújula y la verdadera concepción de lo bueno o lo malo, justo o injusto.



