Ricardo Valenzuela
Cuando la idea de JQ Adams, autor intelectual de la doctrina Monroe, se emparejaba con el famoso destino manifiesto del nuevo país, EUA, en la mente de los líderes en toda América Latina, explotaba la paranoia del poder europeo que ellos tanto temían y despreciaban. Y siendo todos criollos (nacidos en sus países, pero 100% sangre española) después de la vigencia de su vida colonial de más 300 años, habían aprendido a odiar y temer a España, pues, ante sus ojos, España los había saqueado. Y, para ellos, EUA era la representación de la Europa protestante.
Sin embargo, Simón Bolívar tenía una idea aparentemente contradictoria. Así, en 1826 lanzaba una gran convocatoria a todos los países de América Latina para desarrollarse en Panamá. Invitaba a Inglaterra para que enviara una delegación, pero ignoraba a EUA. Un ambicioso intento de crear una confederación de repúblicas hispanoamericanas para la defensa mutua, establecer una ciudadanía común y fomentar la cooperación, pero fracasó debido a rivalidades y desconfianzas internas, aunque sentó las bases del panamericanismo mercantilista destructor.
