SIEMPRE CAIGO EN LOS MISMOS ERRORES

Ricardo Valenzuela

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Creo que nunca se me había presentado una oportunidad tan especial para exponer una desesperante ausencia de sabiduría, lógica, historia real y, sobre todo, la renuncia a la razón, como la que tengo ante mí, describiendo lo que está sucediendo en ese destrozado país llamado Venezuela. Pero, para centrarnos, es importante puntualizar ciertas bases. Venezuela es el país con las reservas de petróleo más grandes del mundo, con yacimientos de oro, plata y minerales raros, que se podrían catalogar en niveles similares, lo que presagiaría un futuro único. 

Pero, un país que, durante un cuarto de siglo, había estado en manos, no solo de criminales, sino criminales ineptos y ladrones que, se estima durante estos años, se han robado unos $500 billones de dólares-500,000 millones. Lo han hecho  un dramatismo dantesco difícil de explicar, pero, podemos dar algunas pistas describiendo su gente buscando alimento en sus basureros, muriendo por falta de medicinas, de cárceles abarrotadas por disidentes. En pocas palabras, un país en una quiebra económica, moral, social y espiritual pocas veces atestiguada.

Después de robarse la elección en julio del 2024, llevarían sus agresiones a niveles fellinescos mientras el mundo callaba, incluyendo organizaciones como la ONU, OEA, la Corte Penal Internacional y muchas otras. Y, ante esa criminalidad que incluye políticos extranjeros comprados, finalmente EUA, retomando su papel de aquel destino manifiesto como el faro iluminando al mundo, decide extirpar ese cáncer con su metástasis expandiéndose a nivel regional, con acciones dramáticas similares a regiones como fueran Irak, y en el pasado la Alemania Nazi, pero la extracción de su tumor principal ha producido reacciones increíbles. 

Reacciones como la de un extranjero marxista recién elegido como alcalde de Nueva York, vomitando su rabia por la fortuna de su camarada, exigiendo su regreso, ignorando su ilegitimidad. La presidenta de México, también con su credencial marxista, igualmente ofendida al mismo tiempo que sigue regalando nuestro petróleo a Cuba y, por supuesto, sus ofendidos títeres morenistas repitiendo sus protestas mientras, siguiendo el ejemplo de Venezuela, continúan saqueando al país con su huachicol. 

No podían faltar los eternos protestantes talibertaros, desenfundando su purismo al denunciar los puntos, comas, acentos, faltantes en esta obra histórica de liberación, también haciendo a un lado la ilegitimidad legal con sus explosiones donde, como siempre, con su “idealista” enfrentamiento contra la realidad de un mundo en el cual ya ni las fuerzas de Newton han estado operando durante tanto tiempo. Ese mundo en donde se compara el estilo rudo, agresivo, asertivo de un Trump para lograr victorias, contra conductas de tibios como McCain o Romney siempre perdiendo, pero elegantemente, para luego pedir disculpas. 

Pero, todavía más increíble son aquellos que, ante la posibilidad que expresa Trump de los EUA tomando control de Venezuela para que la transición, no como país ocupador, sino para que ese traspaso de poder pueda operar sin contratiempos, hayan caído en una histeria de su difusa dignidad gritona. Pero, para quien pueda pensar con lógica, con la irrebatible razón, acudiendo a la historia, se dará cuenta de que es lo mejor que le puede suceder a países enfermos. Porque la historia nos muestra ejemplos para ilustrarnos. 

Uno de ellos surgía cuando, en una reunión de la OTAN, el representante europeo le reclamaba al Gral. Colin Powell la rapacidad territorial de EUA que surgía en esos conflictos. El Gral. le respondía con firmeza: “nosotros hemos salvado dos veces a Europa del marxismo y del nazismo, y el único territorio que hemos reclamado, es el de los cementerios para enterrar a nuestros muertos.” Sin embargo, se ha olvidado el de Irak, donde, después de retirar al tirano, se entregaría el país, sin la presencia de EUA, a los supuestos reformadores y la región entera caía en la anarquía total que todavía persiste. 

Sin embargo, el gran contraste sería Japón derrotado que, al finalizar la guerra, fuera liberado de su complejo militar y, para garantizar su transición, no se entregaba a los japoneses. No, los EUA le construiría el nuevo esquema de libertad bajo la dirección de MacArthur, para que el viejo quedara ya inservible y naciera el nuevo y, con esa rugiente capacidad, lograra, no solo su recuperación, sino que lo elevara a esa grandeza que convertiría su economía, en poco más de 10 años, en el primer milagro asiático y la #2 dos del mundo. Y el mismo esquema luego se repetiría en Corea del Sur con los mismos resultados. 

Otros casos similares se repetirían en Taiwán, Singapur, Hong Kong, Macao, siempre siguiendo la misma receta original que de inmediato superarían a Europa, ya en las cadenas de su Unión. 

Porque, si algo debíamos haber aprendido en nuestros dos siglos de independencia en AL, debería ser darnos cuenta de nuestra incapacidad para abandonar la mediocridad y, como los tigres asiáticos, llevarnos a nuestra elusiva grandeza. Pero, sin abandonar nuestro inmerecido orgullo y dignidad que, como el Peje, nos invita a usar nuestra energía vital culpando a España de nuestros fracasos centenarios. Esa ceguera ante una realidad que, al parecer, nos aterra, y darnos cuenta de que el único periodo de transformación real fue durante la dictadura de Porfirio Díaz, a quien nos enseñaron a odiar. Un periodo que se caracterizó por lograr la paz, la modernización y crecimiento impulsados por la inversión extranjera, desarrollo de infraestructura inexistente, la explotación de recursos como minería y petróleo, y la industria. Y todo se destruía con la revolución. 

En América Latina, aunque sea doloroso, debemos conocer la historia que nos describe como un gran fracaso, pero muy dignos y patriotas. Un fracaso que, en nuestro cinismo y ceguera, todavía alabamos colgándonos medallas que no merecemos, elevando la política equivocada al altar de nuestro orgullo revolucionario en medio de la mediocridad. En los años 70, el ingreso per cápita de México y Singapur eran similares, pero, en estos momentos, el de Singapur es de $98,000 dólares, y el de México es de $12,000 dólares. El PIB del suroeste de EUA que, fuera parte de México, es de $7 trillones y el del México que nos dejaron, no llega al 20% del que perdimos. 

Es ya hora de abandonar nuestro masoquismo imaginario, nuestra imaginación que nos protege de los bárbaros que hemos construido, de las invitaciones del Peje a vestirnos con el penacho de Cuauhtémoc y darnos cuenta, somos responsables del destino y no caer en los mismos errores.             

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