Ricardo Valenzuela
Creo que el mundo esta en el umbral del llegar a ser un evento de proporciones bíblicas, un evento que finalmente puede definir el rumbo de la humanidad hacia el verdadero edén de plenitud y libertad que, conscientes o inconscientes, siempre lo hemos anhelado, pero, al mismo tiempo, después de tantas frustraciones lo hemos llegado a etiquetar como imposible. Y, para avanzar, como tanto sucede en la vida, se nos presenta una encrucijada en donde, por primera vez en los últimos siglos, podemos usar nuestra voluntad de poder tan empolvada durante tanto tiempo y aprovecharla actuando.
Y me voy a referir a un evento en el cual un famoso dicho mexicano nos lo puede ilustrar: “Farol de la calle, negra oscuridad de tu casa.” Fue lo primero que llegaba a mi mente al leer lo expresado por un señor Cabrera, de mi tierra Sonora, a quien no conozco, pero, sin duda es colaborador de esa plaga que ha sufrido México desde su nacimiento, ahora expandida a una dimensión celestial por los destructores en turno, Morena. El señor Cabrera en su comunicado afirma sentirse orgulloso del apoyo que el gobierno del Peje le está dando al gobierno marxista y explotador de Cuba, que ha llevado a ese país a la miseria.
Es decir, eleva una porra para el gobierno criminal que ha mantenido a la gente de Cuba oprimida, miserable y hambrienta durante casi 70 años y, sobre todo, su gobierno atornillado en el poder producto de las limosnas que ha recibido para sobrevivir, sin tener que enfrentar las consecuencias del infierno que ha mantenido. Es decir, evitar lo que sucede en países “democráticos” cuando, al tener que enfrentar sus consecuencias en elecciones libres, los califican y dictan sentencias.
Porque ese gobierno criminal se ha mantenido en el poder recibiendo limosnas desde Rusia, China, Irán etcétera, hasta las de Venezuela, sin permitir que el país enfrente la creativa y nunca evitada destrucción de los mercados de Schumpeter. Y esto es una lógica muy sencilla. Lo que se construye sobre cimientos falsos, tarde o temprano, tiene que enfrentar las irrebatibles verdades de la poderosa fuerza de los mercados para destruir ese cáncer metatizado durante tanto tiempo. Ese mercado que, a través de los mercados libres, decide la fortuna o castigo de los países en la conocida Meritocracia.
Ahora, no soy un cruel descorazonado juez criticando la buena voluntad del señor Cabrera, critico su ignorancia. Lo que critico es que, lleno de esa sagrada satisfacción, eche las campanas a volar para presumir del gran espíritu caritativo de un país que, como lo han estado destruyendo, muy pronto se estará repitiendo ese conocido ritual mexicano cuando, con lo que provocan, siempre desemboca en ese curso de sus interminables fracasos financieros para, de inmediato, acudir también a mendigar los rescates que, ante tantos ignorantes, les permiten continuar con sus destrucciones y vendidos al globalismo. Pero, al igual que Cuba, en su ignorancia se sacuden la culpa y barren la basura debajo de esa alfombra ya tan abultada.
En el caso de Cuba, como lo afirmara su delfín, el hijo de Raúl Castro en su debate con Milei, para justificar su fracaso de inmediato desenfundaba la culpa del famoso bloqueo de EU. Pero, Milei sabiamente le respondía, “ese bloqueo es la prohibición de comerciar con EU” y preguntaba “¿Por qué no han comerciado con otros países de un mundo tan grande?” La respuesta es sencilla, porque no tienen nada que comerciar y prefieren acudir a la limosna que cómodamente, a ellos, no a la gente, los ha mantenido y, sobre todo, afirmado con su participación en el narcotráfico invención de Fidel.
Y no critico a la gente buena de Cuba o Venezuela proponiendo dejar que sufran hambre, estoy afirmando que ya es hora de que, en lugar de dar un pez al hambriento, sino, en libertad, enseñarlos a pescar para que ellos mismos se puedan sostener. Es un fenómeno similar al del elefante en la sala del alcohólico que todo mundo finge no ver, hasta que destruya la casa. El hijo mal formado que sus padres han permitido, financiado y justificado su vida de vago irresponsable consumidor de todo y productor de nada. La puerta giratoria de los desvergonzados.
Y lo vemos en el fatal fenómeno del perfecto idiota latinoamericano que Simón Bolívar describía así. “Mientras que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y “virtudes políticas” que distinguen a nuestros hermanos del norte, los sistemas políticos basados en el populismo extraviado, lejos de ayudarnos, nos llevarán a una ruina segura. Desgraciadamente, esas cualidades indispensables están muy lejos de nosotros. Porque seguimos dominados por los vicios de la conquista de España, violencia permanente, ambición desmesurada, venganza y codicia.”
Ahora, Trump está muy lejos de la figura del príncipe que deba llegar y darle un beso para despertar a la bella princesa drogada por esa horrible bruja. Él no quiere besar a esa nueva princesa fea, gorda, soberbia que no quiere despertar. Porque esa horrible princesa es ficha de esos criminales que la secuestraran y luchan para que así permanezca. Y los criminales se alimentan de esos ignorantes como el señor Cabrera y, sobre todo, de los cientos que avalaran su comunicado con su light, una afirmación de su ignorancia al estar de acuerdo avalando los infiernos presentes de estos países y sentirse muy compasivos. ¡Qué pena!
Son tantos los que caben en el mensaje de Bolívar en su lecho de muerte: “Comandé esta región durante veinte años y he concluido lo siguiente. América Latina es ingobernable y siento que estuve arando en el mar. El mejor consejo que puedo dar es que emigren. Esta región muy pronto caerá en manos de masas salvajes desbocadas, después bajo control de los oscuros tiranos. Y diezmados por todo tipo de crímenes y agotados por nuestros crueles excesos, ya tendremos que aceptar, si alguna parte del mundo estará retornando al caos primigenio, tal será el último avatar de América Latina.”
Trump ya tiene su princesa, EU, que otros criminales la han abusado para dejarla grave. Esa es la que quiere despertar primero, las gordas feas deben ser responsabilidad de otros, pero, si no toman esa responsabilidad habrá otro panorama. Porque esos talentos y virtudes que señalaba Bolívar, siguen siendo un sueño nunca logrado. Y las princesas feas, gordas siempre de malhumor, tienen esa insaciable hambre sin satisfacer y por eso mandan a sus hijos.
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