Ricardo Valenzuela
Desde que tuve la fortuna de conocer la herencia filosófica de Henry David Thoreau y, sobre todo, al leer una de sus frases tan poderosas cuando afirmaba; “la mayoría de los seres humanos transitan por la vida sufriendo una silenciosa desesperación,” me impactaría de tal forma que me llevara a buscar otras referencias de lo que ahora considero una tragedia humana. Yo solía llegar a los aeropuertos muy temprano, y sentarme para ver esa gran multitud caminar como zombis expirando esa callada desesperación.
Y esa búsqueda me develaría una humanidad sometida por dos formas de negación de la vida, aparentemente opuestas, sin entender que son complementarias, pesimismo y optimismo. Así, entre esa mayoría de seres humanos, la primera surge como consecuencia lógica de la segunda que contiene en si misma el germen, pues el fundamento de sus valores normalmente es falso, constituye así el nihilismo inconsciente de Nietzsche que ignora su propia mentira como tal. Y cuando se devela la mentira, la gente sufre de esa clásica decepción.
Pero, después de haber llegado a esas conclusiones, decidía abandonar el tema por algo que me provocaba pánico, el sentimiento de que ese panorama no tuviera solución. Viviendo ya en EU, atestiguaba el proceso de la descomposición de una sociedad que ya no mostraba las herramientas de sus fundadores. Y aquella herida que atravesaba al mundo y EU había evitado, iniciaba su arribo. La gente veía todo desgarrado, incompleto, carente. El devenir era sinónimo de lo defectuoso e insatisfactorio. Era ya la presencia de ese nihilismo pesimista. Un proceso que cada día era mas agresivo y veloz. La política se había depreciado y, sobre todo, se había corrompido, los partidos eran refugio de ineptos y corruptos.
Aquel hombre belicoso listo para defender lo suyo, aquel ser humano impulsivo, apasionado, que abrazaba la vida con intensidad, que en medio del caos lo celebraba resolviéndolo, que expulsaba lo negativo, era aquel hombre que quería desarrollarse para ser moral, ese hombre ideal había muerto. Y en su lugar surgía el hombre resignado. El que no crea ni transforma, el que acepta el mundo debería seguir como tal, la creencia de los improductivos, su mundo ya existía y había que acomodarse. La clase de hombre perfecto para las tiranías.
En 1779 Samuel Adams, miembro de los padres fundadores, le dirigía una carta a James Warren, uno de los héroes de la guerra de independencia, y le afirmaba: “Una disolución general de principios morales, las reglas y costumbres sin duda derrocarán las libertades de America más rápido que la potente fuerza del enemigo común. Y aseguro, mientras que la gente mantenga sus virtudes nunca podrán ser subyugados; pero si llegan a perder esa moralidad fundamental, es cuando estarán listos para abandonar sus libertades ante el primer invasor interno o externo”.
La revolución de EU había sido la batalla más importante por la libertad que el mundo llegara a testificar, contra el despotismo y la opresión de los colonos. Pero esa Libertad no sería gratis, y el espíritu de los nuevos americanos no podría ejemplificarse mejor que a través de la perseverancia, oposición, rebeldía y finalmente la derrota de la fuerza militar mas poderosa del mundo en aquella era. Pero ese invasor ha regresado ante una sociedad que, producto de las armas invisibles con la que la han estado atacando durante tanto tiempo, la han debilitado y casi subyugando. Y en ese proceso han destruido su más grande fortaleza, su moralidad.
Un país que, habiendo evitado la programación católica de Nicea, emanada del emperador Constantino para controlar su gran imperio, cuyos juicios de valor cristianos aparecen en los sistemas socialistas y positivistas, es una clara muestra de un cristianismo herido dando cabida a las degeneraciones modernas. Por eso en estos momentos vemos el nuevo país de los EUA, con una constitución agredida y violada acomodada a los falsos valores de Obama. Un país en donde la ideología marxista ha invadido la sociedad, la cultura, escuelas, la media, el cine. Y lo mas grave, el partido demócrata donde manda Soros y, lo increíble, sus ataques contra Trump son con dinero de USAID.
Un país en el que cada día da un paso hacia la desaparición de los mercados libres, donde Wall Street y una serie de Bancos de Inversión, manejadores de Fondos, oficinas de abogados, coordinados con las emisiones del FED han estado creando ganancias artificiales durante mucho tiempo. Esa es la gran espada de Damocles pendiendo. Y esto es una fiesta similar al famoso juego de las sillas, donde participan grupos danzando alrededor de unas sillas donde no caben todos pues falta una. El detenerse la música todos corren para sentarse, pero uno se queda sin silla. Y esa silla faltante, es la de la gente de EU que deberá pagar.
Un país donde los últimos cinco años se permitió la invasión de 20 millones de ilegales premiados con celular, una tarjeta de consumo y hospedarlos en los mejores hoteles. Un país en donde la presidencia de Trump fue blanco de un descarado y cobarde intento de coup d’etat ejecutado por el FBI, CIA, NSA, y otras agencias militares y de inteligencia podridas, que mantienen sus alianzas con los globalistas del Nuevo Orden Mundial. Un país con un gobierno en la oscuridad operando en secreto con la ayuda de la poderosa media controlada por los mismos globalistas. Cómo los gobiernos de Obama y Biden con su burocracia, se han coordinado con las fuerzas del Estado Profundo para bloquear y debilitar a Trump. Y, la novedad, otro papa marxista que le reclama a Trump lo que en su casa surge en abundancia.
Y lo que está en juego en estos momentos esenciales de la historia universal, donde se debe de sumar los deseos de venganza de Hillay Clinton por su derrota y su conocida crueldad, no es solo la nueva presidencia de Trump que los ha tenido temblando con su arrojo y temeridad, sino la sobrevivencia de unos EU permitiendo la constitución y las libertades fundamentales continúen y los enemigos sean derrotados. Y para los ciudadanos de los EUA solo tengo un mensaje, este es el tren de la media noche, y ya no hay otro, si no lo toman, esta será su condena, no de cuatro años, esta será muy larga. Esta es una guerra sin reglas en donde habrá triunfadores y perdedores.
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