LA M0RAL DE LOS BUENOS, DEL MALO Y DEL FEO

Ricardo Valenzuela

Prime Video: El bueno, el feo y el malo 

Los que presumimos conocer, somos ignorantes de nosotros mismos porque nunca nos ha interesado. Y cuando tratamos de explorar esos desconocidos aspectos de nuestras vidas, nunca damos en el blanco porque no lo consideramos necesario. Y, de repente, escuchamos las doce campanadas de medianoche y nos despertamos para preguntar ¿Por qué han sonado? Y después de unos segundos en medio del desconcierto preguntamos ¿Qué es lo que ha sucedido? Nunca nos damos cuenta son las campanadas de nuestra vida. Cambiamos la página para seguir siendo extraños de nosotros mismos. 

No tenemos derecho a estar “desconectados”; no debemos vivir en trozos ni alcanzar la verdad en “retazos.” Cuando yo corregí tal problema abandonando mis campos tradicionales para penetrar otro que era de mi interés, la filosofía, después de largos encuentros con esos pensadores en diferentes épocas, claramente me di cuenta de un gran vacío existente tan crítico para continuar mi nueva ruta, debía conocer el verdadero significado de la moral. Y entendería era la llamada de la vida y de nuevo preguntaría ¿Quién tiene un verdadero interés? Y cuando nos queremos ocupar de esos aspectos, nunca damos en el blanco para ver que nuestro corazon no estaba allí como tampoco nuestros oídos.

 Así nos parecemos a quien absorto en un ensimismamiento sumido en los abismos del alma, a lo que el reloj acaba de explotar las doce campanadas que nos penetran el oído, despertamos para preguntar ¿Realmente que es lo que ha sonado? Es cuando nos frotamos los oídos y nos preguntamos con asombro ¿Qué ha sucedido y por que hemos vivido esa realidad? ¿Quiénes somos en realidad? Y nos damos cuenta son los latidos de nuestra vida, de nuestro ser, y entendemos habernos equivocado. Pero seguimos siendo extraños de nosotros mismos y nos llega el lema; Cada uno está más lejos de sí mismo que de otros y nunca llegamos a conocernos, somos ignorantes de nuestro interior.

No tenemos derecho de vivir como zombis, no debemos una vez más errar a este punto de la historia tan amenazante, tampoco meter la cabeza en la tierra pensando al sacarla todo estará resuelto a nuestro favor. Así como el árbol da su fruto por necesidad, nuestros pensamientos, nuestros valores, nuestros sueños y nuestro acaso, crecen unidos y se entrelazan como testigos de una sola voluntad, un solo reino, un sol ¿Qué si esos frutos nuestros son o no de tu agrado? Pero ¿Qué le importa a ese árbol? ¿Qué nos importa a nosotros los filósofos? 

Por situaciones muy particulares, he debido confesar, medio nervioso, siempre me ha seducido el concepto de moralidad, algo que se presentara temprano en mi vida, con gran conciencia, persistencia y, sobre todo, en agresiva oposición al entorno de mi época, a los precedentes, a lo tradicional. Mi curiosidad y sospecha de inmediato se vieron obligadas a detenerse ante la interrogante que fuera, ¿cuál era en realidad el origen de nuestro bien y nuestro mal.? De hecho, a muy temprana edad esa interrogante me perseguiría siempre: en esa edad en la que los juegos y Dios dividían mi corazón. Y mi solución entonces fue conceder el honor a Dios como el padre cruel. 

Y con mi madre histérica, y, sobre todo, cuando a mi pregunta al padre Cornides ¿Si alguien no es católico, pero siempre fuera hombre bueno e intachable, al morir a dónde va? Me respondía; “el que inocentemente peca, inocentemente va al infierno.”  Ante mi confusión mi padre, educado en Europa, me abría una puerta con sus libros de Nietzsche. Así, pronto aprendí a separar los juicios teológicos de los morales y dejé de buscar un origen sobrenatural para el mal. Y mi abuelo materno, un hombre sabio natural, me señalaba lo que después entendería era discriminación psicológica inteligente, pero, ante mis amigos debía callar, pero mi cerebro nunca descansaría. 

Con los años, sobre todo ya en Monterrey, uno de mis amigos iba a los burdeles apurado para luego confesarse y comulgar todos los primeros viernes, transformaría mi duda con preguntas ¿en qué condiciones el hombre inventó para si mismo esos juicios de valor, Bien y Mal? ¿qué valor poseían en sí mismos? Y ya al final de mis estudios en la clase de ética profesional me preguntaba ¿Han favorecido o perjudicado el bienestar humano? ¿manifiestan la plenitud, la voluntad de vida, su porvenir? Y poco a poco me seducía esa moral tan comodina para hacer a un lado lo que yo identificaba como controles pretorianos, pero mantenía los valores inviolables de mi abuelo y los de mi padre, honor, palabra, honestidad en la avenida de la vida.    

Ya como exitoso profesionista esa lucha continuaba, pero, cada vez mas tenue. Pero Nitzsche me abría nuevos horizontes, sobre todo, cuando me dirigiera hacia su maestro, Schpenhauer. Ellos me mostraban los instintos “no egoístas” como compasión, abnegación, sacrificio, que Schopenhauer toleraba. Pero se alzaba Nietzsche con ese escepticismo para ver el gran peligro de la humanidad, su falsa oferta y seducción ¿seducción hacia qué? En esos mismos instintos vio el principio del fin, el agotamiento mirando hacia atrás, voluntad que surgía contra la vida, la amenazadora melancolía. Para él esa moralidad de la compasión sería lo que destruyera a Europa, el nihilismo. La sobrevaloración de la falsa compasión, negocio de los buenos. 

Y eso fue lo que le diera el título a esta nota con tres ejemplos y nombres. Esa moralidad falsa tan efectiva para los lobos disfrazados de empresarios y políticos. Y lo exigía con voz fuerte, urgía una profunda crítica honesta. Pedía, por primera vez, cuestionar el valor de esos valores y conocer cómo habían surgido deformando la moralidad para ser el síntoma, la máscara, la enfermedad, como causa, remedio, cadena, droga, porque no había existido hasta entonces. El valor de esos valores era un hecho sagrado e indiscutible. Así, el hombre bueno era mas valioso que el malo, pero ¿Quién los habia calificado? 

Y si fuera lo contrario, si en el bueno se ocultara la señal de control, regresión, un peligro, explotación, el narcótico con el cual el presente se está alimentando del futuro, qué tal si fuera peor que ese malo para el progreso, prosperidad, el porvenir, que fuera más ruin y mezquino ¿no recaería sobre la moralidad fabricada la culpa de no alcanzar la máxima potencia y esplendor de la humanidad? ¿no sería esa moralidad el peligro de los peligros? ¿No fueron esos buenos los creadores de su potente herramienta, el comunismo, las guerras, el dinero falso que fabrican, prisiones como la Union Europea? 

Lo veremos en la siguiente nota.  

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