Ricardo Valenzuela

Al estar leyendo la obra de Goethe a quien no conocía más que superficialmente, la bajeza de su personaje, Fausto, al formar ese acuerdo con Mefistófeles para lograr lo que deseaba y no podía conseguir, es un campo tan amplio del que se pueden desprender infinidad de lecciones y ejemplos, para identificar y entender las conductas humanas. Esas conductas que, para conseguir lo que quieren, hacen a un lado todo lo que pueda ser ese impedimento y, si es necesario, modificar las barreras que han pretendido “limitar” sus campos de acción.
Así como el emperador Constantino cansado de las guerras, la violencia y, sobre todo, los costos para mantener su imperio unificado, fabricó, no solo su Dios personal, sino también su propio Mefistófeles para, de forma creativa, tener todas las cartas en ese juego de póker imperial y pasar a ordenar las reglas de esa nueva operación, no para construir un mundo mejor, sino uno de su propiedad. No para desarrollar el material humano que podría aportar tanta a la grandeza del Imperio, sino para frenar el potencial de la gente que consideraba peligroso. Y surgiría la pregunta ¿Cómo se construyó este teatro para ejecutar la obra en todos los escenarios del mundo conocido?
¿Cómo se podría construir una humanidad que nunca descubriera sus poderes interiores sin uso? Historia similar a la del indio que en el monte encontró un huevo de águila. Se lo llevo a su aldea y se lo instaló a una gallina. Así nacía entre los pollitos de esa gallina y crecía con ellos sin saber era aguilita. Un buen día, picoteando el suelo buscando alimento, en las alturas vio una majestuosa águila volando. Le dice al pollito a su lado; como me gustaría poder volar como esa águila. El pollito le responde, deja de pensar pendejadas, somos pollos y no podemos volar. Jamás hizo un intento para volar.
Fue el gran éxito de Constantino al haber eliminado la rama del cristianismo que nos decía éramos aguilitas y teníamos el poder de volar, pero, era nuestra responsabilidad encontrarlo y desarrollarlo no esperar alguien nos diera la solución. Constantino no solo eliminó esa rama, fundó la gran burocracia de la iglesia para proceder a desarmar a la gente instalando los valores y la moral de esclavos. Una humanidad de águilas creyendo eran indefensos pollitos y necesitaban ayuda para sobrevivir en ese nuevo falso escenario fabricado. Y quien cuestionara los nuevos mandatos, debía desaparecer como los znósdicos rebeldes.
Y esa receta sería la misma que se aplicara para construir los nuevos poderes gubernamentales en monarquías, imperios, califatos, sociedades programadas durante generaciones convencidas de su incapacidad, su debilidad, que requerían ayuda de los sabios y poderosos señores ya en sociedad con la iglesia, para entregarles sus vidas y sus destinos. Esos iluminados que tomarían sus vidas para hacerlas útiles, esos seres con el poder de perdonar nuestros pecados—bajo sus definiciones—y los llevarían hacia el paraíso. Esas fuerzas que lincharían a Giordano Bruno, que excomulgaran a Spinoza y otras mentes consideradas peligrosas.
Pero, habrían de enfrentar un reto más grande que el de Lutero, la pérdida de Jerusalem en manos de Saladino, las invasiones musulmanas de Europa y, con la emergencia de los seguidores de Spinoza como Leibnitz, John Locke, que se habían agrupado en la oscuridad, para detener esas fuerzas y otras que asomaban requerían algo más poderoso. Porque, el verdadero peligro fatal surgiría en aquellas 13 colonias británicas en America que se atrevían a retar al poder más grande del mundo, no solo con su independencia, sino con la clase de gobierno que instalaran en el cual los señores verían algo desconocido y amenazante.
En sus observaciones de inmediato surgia una figura, John Locke con su obra “Dos Tratados de Gobierno”. El justificaba la revolucion basada en la ley y sus derechos naturales. En el estado natural, esa condición en la que los hombres se encuentran naturalmente y aun así se les despoja de sus instituciones —Ellos tienen una libertad moral para ordenar sus acciones y disponer de sus posesiones y habilidades como les parezca, dentro los confines de la ley natural, sin tener que pedir permiso ni depender de la voluntad de ningún otro hombre. En ese estado de naturaleza, el hombre tiene el derecho natural a la vida, libertad, propiedad, para usar sus facultades y activos y lograr sus objetivos.
Si el estado natural del hombre es el ser libre ¿se desharía de este imperio y entregarse al control de otro poder? Entonces ¿Por qué el gobierno? La libertad del hombre bajo gobiernos debe tener una regla por la cual vivir, común para todos y establecida por el poder legislativo. “La libertad debe significar el seguir mi propia voluntad hacia todas aquellas cosas que dicha regla no prohíba, y nunca ser sujeto a ese incierto, desconocido, arbitrario deseo de otro hombre; pues libertad natural es nunca estar bajo ninguna otra restricción que no sea la ley de la naturaleza.
Así se iniciaba el debate para dar vida al nuevo pais con ramillete de opiniones para sentar sus bases: Locke afirmaba; “todos los hombres nacen libres; libertad es un regalo que ellos reciben de Dios, pero no pueden enajenar dicho consentimiento, aunque es posible que lo pierdan a causa de delitos cometidos”.
Thomas Gordon afirmaba. “Libertad es el poder que cada hombre tiene en sus acciones, y su derecho a disfrutar del fruto de su trabajo, industria, siempre y cuando con ello no agreda la sociedad, o a sus miembros, tomando algo de ellos o dificultando el disfrutar lo que él disfruta”. Sin Libertad de pensamiento no hay sabiduria, ni libertad publica sin libertad de expresión. Y sin seguridad de la propiedad no hay creación de riqueza. Sin esos elementos no hay gobiernos libres, justos, eficientes para cumplir su responsabilidad que ahora se les encomendaba.
Libertad era la madre de la virtud, abundancia, placer, seguridad, y era tan inocente como hermosa. En todos los enfrentamientos entre Libertad y Poder, el ultimo siempre ha sido el agresor y la Libertad, si llega a producir algo diabólico, siempre lo cura. Fue cuando decidieran desarrollar el concepto de autogobierno que provocaría la histeria y pavor en Europa. Rechazaban la monarquía, el mercantilismo, monopolio de religión, títulos nobleza, la democracia, el feudalismo. Todo vigilado por un gobierno con la única responsabilidad de proteger los derechos individuales. America nacia como enemigo del mundo.
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